9.12.09

Qué hay que tener para ganar un Premio Nobel de Literatura

Apareció en España un libro de entrevistas a dieciseis galardonados. "Ninguno antepuso dinero o fama a su obra", dice Xavi Ayén, el cronista que escarbó en sus vidas.



El periodista literario Xavi Ayén y el fotógrafo Kim Manresa han viajado por todo el mundo para charlar reposadamente y convivir durante días con dieciséis premios Nobel de Literatura. Sus entrevistas y fotos aparecen ahora reunidas en el libro Rebeldía de Nobel, que acaba de aparecer en España.

Ayén cuenta su experiencia:

­ -¿Qué han aprendido junto a los grandes de la literatura?

­ -Hemos aprendido mucho sobre las cualidades humanas que llevan a la excelencia literaria.
Ninguno de los entrevistados antepuso dinero, fama, prestigio social o comodidades a su obra. Algunos conocieron la pobreza, la cárcel. Todos tuvieron una tenacidad rayana en la obsesión, sin aceptar límites.

­ -Sus entrevistas versan más sobre las condiciones vitales de los Nobel que sobre su obra.

­ -Cualquiera tiene hoy acceso al libro de un Nobel. Pero pocas pueden entrar en su vida.

­ -¿Qué une a estos Nobel? ¿La rebeldía del título de su libro?

­ -Todos son personalidades singulares. Comparten la fe absoluta en la literatura y la tenacidad. La mayoría están comprometidos en alguna causa, social, política o humanitaria. Pero, sobre todo, son rebeldes porque su obra dinamita los lugares comunes del lenguaje, las convenciones sociales y las visiones hegemónicas en nuestras sociedades. Su actitud va mucho más allá de sus convicciones políticas y tiene que ver con la función última del artista.

­ -A diferencia de las suyas, las entrevistas con escritores suelen ser hoy cortas y en serie.

­ -Existe el peligro de que acaben pareciéndose a las de los actores de Hollywood. La prensa seria debe combatir esa tendencia con entrevistas en profundidad. ­

-Los escritores, y más los Nobel, son celosos de su tiempo. ¿Cómo consiguieron embarcarles en entrevistas tan largas?

­ -Hemos recurrido a todo tipo de métodos: desde gestiones de embajadas hasta llamadas de amigos, pasando por sus agentes o familiares. Hemos perseguido a los Nobel con la misma obstinación con que ellos escriben su obra. Y un requisito indispensable: conocíamos bien toda su obra. No ha sido un trabajo rápido. Empezamos hace cuatro años y medio.

­ -¿Cuáles fueron los mejores momentos de su periplo?

­ -Fueron varios. Con Kenzaburo Oé en Tokio, por ejemplo: fue el primero y marcó el tono de los demás. Gabriel García Márquez en México: habló tras muchos años de silencio y anunció que había dejado de escribir. Wole Soyinka en Lagos y Abeokuta: fue el más hospitalario, nos invitó a su casa de la selva, nos paseó por Lagos y por su aldea natal. Orhan Pamuk en Estambul: cuando la prensa internacional decía que había huido a los Estados Unidos por las amenazas de los extremistas, lo entrevistamos en su casa. Naguib Mahfuz en El Cairo: fue su última entrevista.

­ -¿Qué sintieron cuando Gabo les dijo "he dejado de escribir"?

­ -Lo dijo con tanta naturalidad, y reservándose entonces ­coquetamente­ la posibilidad de que un día pudiera desdecirse, que no reparamos en la trascendencia de su anuncio hasta horas después, al editar el material. Centenares de periódicos en todo el mundo reprodujeron la noticia.



Certifica.com Certifica.com fuente: Revista Ñ

8.12.09

El último amor de Paul Valéry

150 poemas inéditos. Un anticipo de los más encendidos

Fotografía propiedad de Mireille Fellous-Loviton, hija adoptiva y heredera de Jeanne Loviton
Poeta de gélida perfección, Paul Valéry (1871-1945) cayó fulminado, al final de sus días, por una suerte de amor fou terrible y total. Su musa, 30 años menor, acabó abandonándole. Dos meses después, Valéry moría dejando un conjunto de 150 poemas inéditos, Corona & Coronilla, rescatados en Francia el año pasado y que lanza ahora Hiperión en versión del propio editor, Jesús Munárriz. El Cultural rescata su historia y anticipa los versos más encendidos.

Amor hasta la víspera de la muerte. El poeta Paul Valéry vivió los últimos siete años de su vida una intensa y secreta historia de amor, que le colmó de ternura, de poesía y desgarro, por este orden. Su amada, Jeanne Loviton, novelista, independiente, culta y de ajetreada vida sentimen tal, le hizo tensar al poeta su vena más lírica y escribir al final de su vida centenares de poemas de amor, desconocidos e inéditos desde entonces. Muchos de ellos, hasta 150, han sido recogidos en el libro Corona & Coronilla (en español en el original), que publicará Hiperión en edición bilingüe dentro de unos días.


Él tenía 67 años y ella 35. Fue en París y en 1938 cuando se conocieron. Paul Valéry era ya por supuesto el gran poeta y el influyente pensador que fue, y Jeanne Loviton (“Jean Voilier” firmaba sus novelas) era una abogada divorciada, dueña de editoriales jurídicas y de un largo y documentado recorrido amoroso entre conocidos escritores de la época. De repente, todo cambia. Un Valéry distinto, otro hombre, bien lejano del agudo poeta cerebral, amante de disquisiciones filosóficas y científicas, se nos revela en Corona & Coronilla. Aquí está el Valéry enamorado y sensual, hipersensible, el hombre inseguro y temeroso de perder lo alcanzado: “ oh triunfo de mi ocaso, que doras mi crepúsculo con mirada de amor”. Cuando Jeanne lo abandonó, siete años más tarde, para casarse con el editor Robert Denoël, acusado por cierto de colaboracionista y más tarde asesinado, el poeta sólo sobrevivió dos meses a su tristeza.

¿Por qué estos poemas de amor de Valéry han quedado hasta ahora descolgados de su bibliografía? Poco comprensible, porque los especialistas de Valéry conocían su existencia y, sobre todo, porque el poeta, con su lucidez intelectual intacta, los corrigió y dejó escrito que “hay buenas cosas en este montón, este pobre montón de horas devotas y cantarinas... Sí que valió la pena. Forma un conjunto como no hay otro, creo, en nuestra poesía”.

El editor y traductor de la obra, Jesús Munárriz, achaca el secretismo que rodeó la existencia de estos poemas a que “su musa fuera una persona conocida y muy controvertida, una mujer envuelta en escándalos -Celine incluso le acusó de ser cómplice del asesinato de su marido- y que además viviera mucho tiempo”. Lovitón murió en efecto en 1996, con 93 años.

Los originales de los poemas, muchos más de los que se publican ahora, (algunos han sido censurados por “excesivamente explícitos”, según el editor francés, que no tuvo fácil el permiso de su publicación) fueron subastados y vendidos a las universidades de Austin (Texas) y Keio ( Japón). Quedan, al parecer, miles de cartas que algún día verán la luz.

La publicación de Corona & Coronilla es pues un acontecimiento y dibuja de otro modo el retrato de un hombre siempre atento a su proceso mental y creador. Ni rastro de estos poemas en sus Cuadernos, ese gran diario intelectual -28.000 páginas- que el poeta fue escribiendo dia a dia, “entre la lámpara y el sol”, durante 51 años. Ahora sabemos que había más. Estaban ocultos sus poemas de amor, “tesoros ciertos que funden los cuerpos”.

[QUERIDO VENENO MíO]

¡Querido veneno mío,
todo, todo en ti, la carne,
la profunda cabellera,
la Venus de tu garbeo
y la Psique de tu espíritu,
y el corazón que me entiende,
que parece responderme,
todo en ti, todo me quema,
me enloquece por unirme
a ese caudal de emoción!


[LO SIENTO, AMOR, PERO NO...]

Lo siento, amor, pero no, no son flores,
rosas no son, ni crespos crisantemos,
son versos que imaginan que me amas,
versos sin más, tontos como las lágrimas.

Lo siento, amor, no son flores, tampoco
claros diamantes ni piedras de color
para entibiarse con tu dulce calor;
son versos que a tu paso voy sembrando.

Los voy robando a esa punzante pena,
pena por ti que siempre hacia la noche,
no importa dónde esté, festivo el rostro,

se hinca en mi ser y lo hace estremecerse…
Ah si pudieran, tan pronto como se hacen,
huir de mi cabeza hacia tu corazón…


A LA PROFUNDA ROSA

Umbría y honda rosa, fragante gruta en sombra,
oh Rosa de placer, cuyo placer es llanto,
rosa húmeda a la espera de una caricia errante
por sus bordes de cáliz donde la carne es flor,

con tu agua deliciosa, oh blanda Rosa, embriaga,
hasta el divino exceso de la dicha animal,
a un corazón que huyendo de la horrible aventura
de vivir, el veneno de su extraño mal bebe…

Deja que en ti se fundan los labios favoritos
cuya labor tan tierna y sinuosa aviva
en ti cada vez más, siempre más dulcedumbre;

mientras que la belleza que te lleva palpita
y palpitante inspira una ternura hermana
que su suspiro llama y que se precipita…


[ERA HERMOSA, CON UN CORAZóN LLENO...]

Era hermosa, con un corazón lleno de contrastes:
le gustaban los patos, el amor, los pederastas
que llevan el correo en bandeja de plata.
Seguía los cursos de los Maestros, pero soñando
en una lección bien distinta, en claridades menos austeras,
en tales enseñanzas de otras complementarias,
en tal saber, seguido en la sombra, de un suspiro.
Era tierna. Era dulce acurrucarse
voluptuosamente, como una gata, en Ella.
Ver cómo iba muriendo el día en su pupila
muy cerca, y esperar en silencio el amor.


[DE TUS FRUTOS, OH JEANNE, FRESA...]

De tus frutos, oh Jeanne, fresa, durazno, almendra,
conocemos el tierno y potente sabor:
son frutos que han crecido gracias a tu fervor,
que se aprietan, se muerden, se chupan, beben, besan.

El jugo de Ternura más el zumo de Amor,
mientras va canturreando el alma con el alma,
al exprimir tus frutos, uno brota, otro cae,
y tanto uno como otro en tu sedosa estancia.


IL DISPERATO

Lo que será, pronto ya no será;
mañana está muriendo en este mismo día:
detrás de mí, que perderé lo que amo,
huye en verdad el flujo del tiempo por venir.

Días que llegaréis, estáis ya concluidos,
gentes que naceréis, hijos que el amor siembra
en el futuro con colores de poema,
muertos estáis, pues viviréis superfluos.

La vida es rica en falsa pedrería;
si acaece que la hora te sonríe
detén a la esperanza, una vieja fulana:

bajo su maquillaje mira la eterna mueca,
retén tu boca, o teme que al llegar la mañana
descubras que has besado a una inmunda babosa.

Blanca BERASATEGUI/EL Cultural.es

7.12.09

Desconocida en Francia hasta que Kundera la reivindicó en el 2007, la novela de W. F. Hermans

UN CLÁSICO DESAPERCIBIDO |UN DESCUBRIMIENTO HOLANDÉS

El cuarto oscuro de Damocles llega por primera vez a España

Hermans, fotografiado en 1995, el año de su muerte. Foto: archivo / klas koope
Hermans, fotografiado en 1995, el año de su muerte. Foto: archivo / klas koope

Primero fue en Gran Bretaña donde se sorprendieron, hace unos ocho años. ¿Cómo es que no hayamos podido leer esta obra mayúscula antes?, se preguntaban los críticos. El mismo año fue el turno de los alemanes, coprotagonistas de la novela: «¿Por qué todos los países se han olvidado durante décadas de una obra maestra de Holanda?», escribió Die Welt. En el 2007, le tocó a los franceses, despertados por el escritor Milan Kundera, que dedicó al libro media página de crítica sublime en Le Monde. Y ahora, 51 años después de publicarse en su idioma original, el holandés, y 14 después de la muerte de su autor, Willem Frederik Hermans, El cuarto oscuro de Damocles (Tusquets) acaba de salir en castellano.
«Me sumerjo en esta novela, intimidado al principio por su longitud, y pronto estupefacto por haberla leído de un tirón. Porque se trata de un thriller, de un largo encadenamiento de acciones en las que el suspense no afloja», escribió Kundera. A Hermans le ha pesado durante medio siglo el lastre de escribir en una lengua minoritaria. «No sé nada de él –añade Kundera– pero he acabado el libro de Hermans con un sentimiento de gratitud hacia mi ignorancia. Ella me ha regalado un silencio gracias al cual he escuchado la voz de esta novela en toda su pureza, en toda su belleza de lo inexplicado, de lo desconocido».
Autor de posguerra
Y eso que en Holanda, donde se le ha conocido siempre como WF Hermans –parecía un hombre demasiado serio y formal como para poder tutearlo–, es conocido como uno de «los tres grandes» de la posguerra. Junto a Gerard van't Reve y Harry Mulisch, Hermans ha marcado, con más de un centenar de obras, la literatura del último medio siglo en Holanda. En una reciente elección del mejor libro holandés del siglo XX, El cuarto oscuro de Damocles quedó en tercera posición.
La novela, que destila el carácter misántropo de su autor, cuenta la historia de Henri Osewoudt y su misterioso doble, Dorbeck, durante y después de la segunda guerra mundial. Osewoudt tiene un estanco en un pueblo tan insignificante como él mismo. Él no es nadie, se siente casi invisible para los demás, hasta que ese tal Dorbeck, que es igual que él, aunque a la vez justo lo contrario (rubio contra moreno, cobarde en lugar de valiente, todo como el negativo de una foto), aparece en plena guerra para encargarle trabajos para la resistencia holandesa contra los ocupantes alemanes.
Osewoudt ejerce de espía para los aliados ingleses e incluso acaba matando a holandeses que trabajan para los nazis, sin compasión alguna. Pero cuando la guerra termina, sus compatriotas le detienen a él como traidor. Todos sus compañeros de la resistencia han muerto, no hay ningún testigo que corrobore su valentía y patriotismo durante la guerra. Solo quedaría Dorbeck, pero este no aparece por ningún lado para salvar a su alter ego, con lo que surge la inquietante pregunta, la que deja toda la historia en la cuerda floja: ¿existió Dorbeck?

6.12.09

Los 'collages' de una premio Nobel

Collage de Wislawa Szymborska incluido en un volumen de divertimentos líricos (pareados, poemas absurdos, fragmentos humorísticos...) escritos e ilustrados por ella misma. Sólo se han publicado en polaco. Nunca ha permitido que se traduzcan, aunque en la primera edición de Poesía no completa (Fondo de Cultura Económica) se incluye uno que luego fue retirado por expreso deseo de la autora.


Wislawa Szymborska (Kórnik, Polonia, 1923) en el vestíbulo de su casa de la calle Piastowska, en Cracovia. En las manos tiene la edición española de Aquí (Editorial Bartleby), el tercer libro de poemas que publica desde que obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1996.- WITOLD KRASSOWSKI/Fotos

Torre de maletas
Menina en su paisaje

Leon encima del coche

Hombre tumbado con frase "demasiados pensamientos"

Hombre en bañera

Dedo y una mujer

Seducido por los hechos


LIBROS
Héctor Abad publica por estos días un nuevo libro, una compilación de tres ensayos bajo el título de Traiciones de la memoria. Nicolás Morales lo entrevista para SEMANA.
Héctor Abad Faciolince alcanzó fama mundial con su libro El olvido que seremos

SEMANA: A propósito del nuevo libro, lo siento muy cómodo escapando de la ficción y volviendo al ensayo autobiográfico…

HÉCTOR ABAD FACIOLINCE: Sí, es cierto. De hecho, la novela que estoy escribiendo en este momento también está llena de elementos de no ficción y está hecha a partir de los recuerdos de un personaje, de un cura que yo conocí hace unos 30 años y que fue muy amigo mío. Tal vez, he descubierto que me siento más cómodo en algo que es no ficción o que es ficción en el sentido de que es mala memoria.

SEMANA: Sospecho que es recíproco y que el público también se siente más cercano a sus relatos autobiográficos que a la ficción. Me parece que su último libro de cuentos no fue propiamente un suceso editorial.

H.A.F.: El amanecer es un libro de cuentos y estos son menos comerciales. Sin embargo, para un libro de este tipo ha sido bueno porque ha tenido seis ediciones. Claro que no es nada comparable con El olvido que seremos. Creo que tiene razón y que es recíproco. Soy muy malo para decir mentiras. Ni siquiera cuando la ficción es pura verdad, me creen. Es que con esta cara de pelota, siempre tengo que decir la verdad.

SEMANA: Anda diciendo que quiere pasar la página de 'El olvido que seremos' y, a renglón seguido, nos sorprende con un apéndice del mismo…

H.A.F.: Sí, hay una contradicción evidente. La página, realmente, intenté pasarla en el libro de cuentos. Aunque, en el primero hay una madre que se muere y muchas personas les dieron el pésame a mis hermanas porque creyeron que seguía contando la historia de mi familia. En este caso, me resultó ineludible de todas maneras contar esa cola que le salió a El olvido. Espero que ya no haya ningún cabo suelto. Que El olvido sea un libro de mi pasado y que a mí mismo se me olvide..

SEMANA: ¿Cuál fue el propósito de reunir estos ensayos?

H.A.F.: Más de la mitad del libro es para contar esa investigación que me obsesionó durante un año, que fue la búsqueda del poema de El olvido. Es la historia de esa pesquisa. Creo que tiene un valor tanto biográfico como filológico, en cierto sentido, porque muestra algo que es importante, en el sentido pequeño de la historia de la obra de un gran poeta. También, quería hacer las cuentas con el pasado de mi estada en Italia, sobre todo del primer momento, que fue tan difícil. Y, en el último relato, trato de enfrentarme con el futuro, ya no con el pasado, con esa incertidumbre de lo que podemos llegar a ser y de lo que no llegamos a pesar de que en algún momento de nuestras vidas pensamos que pudimos.

SEMANA: Superó muy rápidamente ese 'tour de force' con Harold Alvarado y se volvió una obsesión con usted mismo y con Borges…

H.A.F.: La pelea con Harold es una parte, un episodio que prácticamente se me olvidó y que no es lo más importante del libro. Lo que quería hacer es una especie de novela policíaca donde no se buscaba un asesino, sino que se buscaba el autor de un poema. Y es un poco también una parodia de las investigaciones filológicas de los profesores, que son interesantes pero muchas veces aburridas. También, quería imitar algunos libros que acompañan el texto con imágenes. En esta época en que se combina tanto la imagen, la multimedia y la pantalla me parecía bonito incluir los documentos y las imágenes que soportaban la investigación.

SEMANA: Con el segundo ensayo, sentí un ejercicio muy nostálgico donde, en el fondo, me da la impresión de que añora un poco a ese Héctor que deambuló por Italia, visiblemente sin conexiones y que pone los cuernos…

H.A.F.: Este relato tiene que ver con la experiencia de volver a Italia obligado, aunque nunca voy a calificarlo de exilio o refugio político. Tuve dificultades, aunque también mucha suerte. El elemento central ahí es el odio por ser compadecido. Y, por eso mismo, postergué tanto la escritura de El olvido que seremos. Porque era un libro que podía despertar compasión. Trato de mostrar por qué ni yo ni los colombianos debemos perseguir la compasión de nadie. Debemos enfrentar nuestra historia y nuestro destino. Puede que con alguna tristeza y rabia, pero sin autoconmiseración, en el fondo, fuera muy contraproducente.

SEMANA: Hay una cosa que me llama la atención y es que de nuevo intenta con este libro proponer una escritura exigente, pero destinada a públicos más amplios que los de pequeñas elites intelectuales.

H.A.F.: Sí, hay algo que a mí no me gusta de algunos de mis colegas y es la prosa demasiado limada, demasiado pulida, que se vuelve casi relamida y, marcada por una intención de complacer a lectores, supuestamente más cultos y más inteligentes que el corriente que se acerca a leer una historia y a pasar un rato agradable…

SEMANA: Pero, al mismo tiempo, la no ficción en Colombia vive un momento muy lúgubre con los narco-bestsellers, los libros de secuestrados y las tetas…

H.A.F.: Creo que este año se nos viene una avalancha nueva de libros de secuestrados. A esos libros les veo una dignidad y es ineludible que alguien, después de una experiencia tan dura, quiera escribir o apoyarse en un periodista o en un escritor para publicar su vivencia. La receta es repetitiva, pero aquí hay tantos secuestrados que… qué se va a hacer. Respeto esos libros y respeto menos los que tratan de chuparle rueda a las telenovelas de la mafia, aunque, en el fondo, no son otra cosa que guiones previos para futuros melodramas.

SEMANA: Ha pasado de autor marginal a 'best seller', de editor de revista académica a editor de prensa; de intelectual desconocido a portada de revistas. Michel Houellbecq decía que, para él, toda esa 'vedettización' fue el comienzo del fin de su escritura…

H.A.F.: Debe ser la cosa más desagradable del mundo. No sólo no la quiero, sino que me parece un anticipo del infierno. A lo mejor por eso los tres grandes escritores colombianos -García Márquez, Mutis, Vallejo- viven en México. Allá pueden ir tranquilos por la calle.

SEMANA: Pero la 'vedettización' puede tener dimensiones bien interesantes como, por ejemplo, en su caso, ganar influencia sobre la redacción de un periódico.

H.A.F.: Que le den a uno la oportunidad de opinar o de poner un titular más parecido a lo que piensa alguien que está a favor del aborto que alguien que lo persigue no me parece poca cosa. Ojalá eso no vaya de la mano con una vedettización. Aunque es un poco irremediable...

SEMANA: En su nuevo libro, juega con el Héctor que pudo ser y no fue. Le reboto un poco la pregunta con una sensación: en el fondo lo siento muy cómodo con su destino.

H.A.F.: Me encuentro en un momento muy bueno. Durante mucho tiempo, no sé por qué pensaba que era una persona amarga e infeliz. Y, últimamente, cada día me doy más cuenta de que la amargura y la infelicidad ya quedaron atrás y que no debo expiar ninguna culpa como para estar todo el tiempo declarándome desgraciado. No, estoy viviendo una conversión, no a ninguna religión. Estoy convertido a cierta serenidad y a un goce de la existencia. No soy un escritor desesperado y horrorizado con el mundo.

SEMANA: El olvido que seremos es una obra mayor de la no ficción en Colombia. Pero hay quienes pronostican una suerte de maldición el tener un libro de este calibre.

H.A.F.: Si eso significa que voy a dejar de escribir, no. Voy a seguir escribiendo. Tengo muchas historias que quiero contar. Si eso significa que no voy a escribir nunca un libro que va a llegar tan profundamente a los lectores, puede que pase. Pero qué importa llegar con un solo libro al corazón de los lectores. La mayoría de los escritores no llega con ninguno. Llegué con uno, no puedo sentirme desgraciado por eso. Esto va a ser siempre una fortuna.

fuente: semana.com

5.12.09

Lorrie Moore: "El humor es un puente"

La escritora estadounidense vuelve a publicar después de once años de silencio. "Aunque el humor pueda provenir de la mayor desolación tiende una escalera momentánea hacia afuera de la soledad", afirma.

¿LAS IDEAS EVOLUCIONAN? "No estoy segura de eso"opina la autora de "Al pie de la escalera".
Muchas veces se habla de "la obra" de un autor como de un mapa evolucionista: cada nuevo libro no puede sino catapultarse hacia adelante como superación o fracaso en relación a los anteriores. En todo caso, es cierto sí que los textos van trazando figuras a partir de la intervención de la crítica, pero igualmente cierto es, también, que no todos los libros persiguen consagrarse como obras cumbre dentro de esas constelaciones. Lo que sucede, en el caso de Lorrie Moore, es que en Al pie de la escalera (Seix Barral, 2009) confluyen una serie de factores que hacen difícil no juzgarla en una coyuntura trascendental.

En primer lugar, la novela viene a quebrar un largo silencio: hacía once años, desde Pájaros de América (1998), que la autora no publicaba nada. Además, en relación a sus trabajos anteriores, tanto por la densidad de los temas que aborda como por su extensión, Al pie de la escalera es recibida como la pieza de largo aliento que vendría a consagrar la madurez literaria en la carrera de Lorrie Moore.

Es claro que la presión no es poca, e igualmente claro es que obras como ésta no pueden sino generar efectos polarizados: detracción absoluta o aceptación ciega, sin puntos intermedios. Sin embargo, y si fuera posible jugar con el título y aplicar la figura de la escalera a la obra de esta autora neoyorqina, la metáfora de una serie de peldaños que sirven para comunicar espacios situados a diferentes alturas sería muy útil. En el primero de los rellanos, por ejemplo, podríamos ubicar las instrucciones para convertirse en escritor que da en su primer libro (Autoayuda, 1985) y, entre las cuales, a modo de entrenamiento literario, Moore recomienda tomar todos los empleos como babysitter que sea posible:

"Toma todos los trabajos de cuidadora de nenes que puedas. Eres muy buena con los chicos. Te aman. Les cuentas historias sobre viejos que mueren idiotas. Les cantas canciones como Campanas azules de Escocia, que es la favorita de todos. Y cuando están en pijama y finalmente dejaron de pellizcarse, cuando están bien dormidos, lees todos los manuales de sexo que encuentres en la casa, y te preguntas cómo alguien de este planeta pudo haber hecho esas cosas con una persona que realmente amaba".

Desde allí, se podría dar una zancada hasta el último descanso, donde Tassie Keltjin, una veinteañera fanatizada con Chaucer, Sylvia Plath y Simone de Beavoir, se convierte en la narradora de esta novela. Recién llegada a Troy para estudiar en la Universidad, Tassie se emplea como niñera en la casa de una pareja que se encuentra en pleno proceso para la adopción de una niña afroamericana. Corren los días del 11-S y la novela, en su totalidad, va a desarrollarse en el entreacto que va de los acontecimientos de septiembre a la guerra con Irak.

Política y sociedad

Sobre ese suelo de sentido, Moore construye una arquitectura compleja y excepcional de las relaciones humanas, atreviéndose a involucrarse con cuestiones como la discriminación, el terrorismo, las políticas de Estado, la justicia y la educación universitaria. Situado en esa edificación, el pie de la escalera vuelve el espacio liminar desde el cual la narradora –a quien algunos le han atribuido un parentesco con Holden Caulfield de El cazador oculto– puede, aun cuando lo que sucede forma parte de su experiencia vital, ejercitar la distancia necesaria para construir el relato de su propio micromundo como reflejo de la sociedad norteamericana.

Al hacerlo, Moore demuestra seguir siendo dueña de su agudeza y humor característicos, pero combinados con preocupaciones filosóficas y políticas más fundamentales. Es como si, finalmente, fuera ella misma quien, habiendo tomado todos los babysittings necesarios para el oficio, hubiera completado su propio aprendizaje literario.

Al hablar de proceso, Moore le cuenta a Ñ sus primeras incursiones en el mundo de las letras. Dice que si bien en su casa familiar había muchos libros, no fueron sus padres, sino sus maestras del colegio las que la estimularon a escribir: –Hice muchas cosas artísticas durante la infancia– cuenta.

Influencias

E inmediatamente, como burlándose de una especie de paradoja sutil, agrega: "pero mis padres se mantenían en una posición neutral respecto de todas ellas. Ellos también eran literarios y musicales en varios aspectos, pero no apostaban a eso como a una posible carrera profesional. Es llamativo porque la bisabuela de mi padre había sido cantante en la Opera Real Danesa y mi padre no dejaba de contar eso, siempre con muchísimo orgullo."

Al avanzar en la conversación, hablando ya de sus decisiones adultas como lectora y escritora de ficción, Moore reconoce que se le vuelve difícil hablar de aquellos que han influenciado su obra: "Uno espera que todo se convierta en influencias –se ríe–, que la gran literatura sea como la comida y entre y nutra la propia mente y la escritura. A veces, el escritor es el último en darse cuenta y en ser capaz de ver todo lo que lo traspasa".

Al mismo tiempo, muy a tono con el sarcasmo que practican la mayoría de sus personajes, dice que siempre existe esa pizca de vanidad que llevaría a pensar que, de algún modo u otro, uno siempre está escribiendo algo completamente original. Pero Moore escapa rápidamente de las declaraciones absolutas: hay casos en los que es esa vanidad la que la impulsa, pero hay otros en los que la energía creativa viene de lugares más simples: una taza de café, la observación entusiasta, una buena memoria.

Sarcástica

-¿Cómo piensa el mapa de la literatura norteamericana contemporánea?

-Es una pregunta muy vasta. No creo que haya una sola respuesta posible y me genera duda tener que hacer generalizaciones porque sé que siempre estaría dejando algo afuera. Me parece que la literatura norteamericana que se está escribiendo es vital y es diversa.

-El humor y el sarcasmo aparecen de varias formas a lo largo de su obra y eso no es distinto en esta última novela. ¿Qué rol consciente tienen en su escritura?

-Creo que el humor es parte de la textura de la vida humana y la conversación. Algo gracioso siempre emerge, se me ocurre. Y aunque el humor puede provenir de la mayor desolación de una persona es algo que se tiende como una escalera momentánea hacia afuera de la soledad, como un puente entre las personas.

-"Al pie de la escalera" es su primera novela después de un hiato de once años ¿Cómo fue el trabajo en ella?

-El trabajo en la novela fue, sobre todo, intermitente. Eso se debe a que soy madre y también profesora y a que, durante ese período, también escribí otras cosas: cuentos, ensayos y reseñas.

Pérdidas y dolor

-¿Cómo surge la decisión de crear un personaje principal que sea una chica joven?

-Primero porque el personaje principal es una niñera, y entonces, ella tiene la edad perfecta de la institutriz, como en Jane Eyre. Además, está suspendida, a punto de saltar hacia dentro de la adultez americana oficial. Se dijo que Tassie, la narradora de Al pie..., alcanza el balance perfecto entre la tendencia de sus personajes a jugar "trucos de lenguaje y hacer pequeños chistes tontos" y "una capacidad emocional más profunda para abrirse a experiencias emocionales más intensas".

-¿Cuál es tu opinión al respecto?

-Yo la veo como una verdadera persona de su edad, en el filo de su propia inteligencia, y con su pequeña alienación personal en el mundo.

-La novela se desarrolla en el año después del 9/11 ¿Por qué eligió ese momento? ¿Cuál es su opinión sobre el trabajo del gobierno en ese asunto internacional?

-La novela se desarrolla en el período que va de diciembre del 2001 a diciembre del 2002, que fue un tiempo de mucha convulsión nacional y al mismo tiempo de mucha pasividad. Es interesante recordar cuál era la aquiescencia del país en ese momento, mientras Bush se preparaba para construir la guerra con Irak. La pasividad como la forma que toman las malas decisiones es un tema en el libro. Por otra parte, también es cierto que termina con una protesta pública de estudiantes norteamericanos que repudian las políticas internacionales de Bush.

-"Al pie de la escalera" es una novela acerca de crecer en un mundo de pérdidas y dolor, que son, ambos, temas que aparecen en su obra desde su primer libro de cuentos, "Autoayuda" ¿De qué manera evolucionaron sus ideas al respecto de esos mismos temas desde entonces?

-¿Las ideas evolucionan? No estoy segura de eso. Al menos no la mayoría de ellas.

Aprendizaje

-En una entrevista en The Believer usted dijo que publicar en vida era permitir que el lector asistiera al "proceso de cómo aprender a escribir" ¿Cuán lejos la lleva esta novela en el camino de ese proceso?

-Cuando dije eso, en su momento, lo hice pensando en que publicar es ir creando un archivo o muestrario de "ir aprendiendo a escribir". Es eso: las obras más tempranas nunca parecen tan buenas como las últimas, esa es la manera en que el proceso de aprendizaje se pone de manifiesto para el autor.

-Ya que muchos de sus libros han sido traducidos al español, es pregunta de rigor saber cuál es su acercamiento con la literatura en esa lengua.

-Mi hijo está aprendiendo español en el colegio y yo trato de que me enseñe lo que va aprendiendo, lamentablemente nunca estudié el idioma. He leído los escritores de culto, como Borges por ejemplo, siempre en traducciones, pero me gustaría poder hacerlo en versión "original". Lamentablemente, mi español es muy pobre, se reduce, en su mayoría, a gritos deportivos como "¡Acá! ¡Acá!" y eso, claro, porque mi hijo juega mucho al fútbol.
Moore Básico

Glens Falls (Nueva York), 1957
Escritora

Reconocida como cuentista –Autoayuda, Como la vida y Pájaros de América son sus tres libros de relatos publicados– es también autora de las novelas "Anagramas" y "Hospital de ranas". Ha recibido numerosos premios, como el Irish Times International Prize for Literature, el O. Henry Award, el PEN/Malamud Award y el Rea Award for Short Story. Es miembro de la Academia Americana de las Artes y las Letras. Enseña escritura en la Universidad de Wisconsin.

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fuente: Revista Ñ

3.12.09

Rentabilidad, subvención y cultura

Gestores y creadores afrontan sin complejos la reducción de presupuestos




Ahora que la Canción de Navidad de Dickens vuelve a estar de moda, el mundo de la cultura regresa al pasado: en 2010 la Biblioteca Nacional tendrá el mismo presupuesto que en 2005, mientras el Ministerio de Cultura intenta justificar el recorte de 11 por ciento de sus presupuestos. Museos, teatros y bibliotecas tensan la imaginación para lograr el dinero que les permita seguir subsistiendo. Pero ¿por qué parece vergonzante invertir en cultura?¿Debe estar subvencionada? ¿Por quién y hasta qué límite? ¿Qué frontera están dispuestos a cruzar los gestores de centros como el Reina Sofía o La Casa de América para ser rentables? Directores de museos y compañías, intelectuales y creadores, toman la palabra en El Cultural...


Inversión, no subvención

En períodos de crisis económica como el que vivimos, los presupuestos públicos de la cultura tienen también que apretarse el cinturón. A nadie le gusta ver sus recursos disminuidos (el presupuesto de la BNE se verá recortado en un 10% el próximo año y nos retrocederá a 2005) pero soy de los que creen que las crisis deben ser abordadas como una oportunidad de gestionar mejor poniendo a prueba la creatividad, que tiende a aletargarse en tiempos de bonanza, y, de asegurar que nada fundamental se quede en la cuneta de la crisis. En mi opinión, la rentabilidad de la cultura no se puede medir sólo en términos de PIB estrictamente económico. ¿Cuál es el ingrediente fundamental del tan famoso I+D+i sino la creatividad, ese recurso natural tan bien repartido que es además renovable y no contamina? Soy una convencida de que el nuevo modelo de desarrollo en el siglo XXI será fruto de la creatividad, o no será.

En la era de la globalización todos los países compiten en todos los terrenos. También en el de las industrias culturales. La dificultad estriba en que no todos salen a la palestra compitiendo con las mismas armas. Es, pues, no sólo lógico sino deseable que los Estados apoyen a sus industrias culturales, con el fin de crear las condiciones que permitan a sus protagonistas desarrollar su musculatura creativa e intelectual, asegurando una vibrante diversidad cultural a nivel global. La pinza “globalización + tecnologías” debe encontrar respuesta en las políticas públicas de cultura. Hay una voluntad unánime de los Estados a favor de sus industrias culturales, que quedó expresada en la Convención sobre la Diversidad de los Contenidos Culturales (UNESCO, 2005). Tras 16 años de trabajar por esta causa desde la UNESCO, no ha dejado de sorprenderme que el público español no parezca ser consciente de esta necesidad y, en vez de apostar por nuestra literatura, nuestro cine, etc., es decir, por nuestro propio universo imaginario, parezca preferir los cantos de sirenas y hasta se escandalice de las ayudas públicas a la cultura. Claro está, es de vital importancia que la acción de apoyo estatal a las industrias culturales responda a una clara estrategia de inversión en las mismas y se desarrolle en un marco de total transparencia, ajeno a toda tentación de clientelismos. El apoyo de los Estados a la cultura debe tener la consideración de inversión y no de subvención. La inversión estimula porque incita al sector a asumir riesgos. Por el contrario, la subvención adormece y, a la larga, crea adicción. MILAGROS DEL CORRAL (Directora de la Biblioteca Nacional)


La cultura solapada con el cine

En los enfoques más dinámicos la cultura es el mejor embajador de un país, de una nación, de una lengua. Eso es lo que hace que Francia se halle tan presente en todas partes aunque no se halle en el mejor momento. El problema es que en nuestro país nunca se ha acabado de entender este carácter que toda cultura dinámica tiene. Se inició un proceso distinto con el anterior Ministerio, pero fue truncado por razones que no acaban de explicarse. Hoy podemos asegurar que la cultura se solapa con el cine, lo cual es una perspectiva pobre, limitada. Recortar la cultura significa amputar posibilidades de proyección de España en el extranjero. La idea de que la cultura tiene que ser rentable nos lleva inevitablemente a tratarla con el mismo baremo que otros productos comerciales. Pero la cultura es sui generis. No puede ser que sólo estén vigentes criterios de rentabilidad, con total indiferencia respecto a la calidad. Además, la cultura posee instituciones que requieren ayudas privadas y públicas, como la ópera o la música clásica, especialmente la música contemporánea. EUGENIO TRIAS (Filósofo)


Cambiar la ley de mecenazgo

Como artista y director de una compañía de ballet clásico, y como español, pienso que si el país está en crisis y es necesario hacer recortes, éstos deberían ser más equilibrados: si se hacen recortes se hacen a todos. La mayoría de las veces los proyectos se ven apoyados única y exclusivamente por las Comunidades Autónomas, que con gran esfuerzo quieren que estas iniciativas sigan en pie, sin llegar a entender por qué desde el Gobierno Central no se les da la importancia que, no sólo a nivel regional, sino también nacional e internacional, están generando. Creo que los responsables de la política cultural deberían tener suficiente conocimiento de cada proyecto y valorar su apoyo dependiendo de su calidad y de su repercusión cultural, social y educativa. Desde luego cambiaría la ley de mecenazgo; a muchas personas físicas y entidades les gustaría colaborar en proyectos culturales, pero en la situación actual, si lo apoyan es de forma altruista, sin ningún tipo de compensación a cambio. Y también creo que los medios de comunicación tienen en sus manos buena parte de la solución, si difundieran más el arte habría más demanda, por lo que sería más rentable. ÁNGEL CORELLA (Bailarín y director del Corella Ballet)


¿Juntos la excelencia y lo popular?

¿Tiene que ser la cultura rentable? No obligatoriamente. Para muchos, es una forma de seguir educándonos. ¿Se pueden dar juntos la excelencia y lo popular? A veces. Lo que está claro es que tiene que estar al alcance de todos. Desde lo público hay que defender la democracia cultural. Y ahí es donde entran los poderes públicos. Son éstos los que tienen que dar un abanico más amplio de posibilidades a sus ciudadanos. ¿Tiene riesgos la cultura pública/protegida? Por supuesto, porque está siempre en movimiento, y lo que hoy tiene necesidad de ser acogido/ayudado puede ser que mañana sea una manifestación, una lengua o una costumbre que en un futuro no necesite ayuda. La defensa de la cultura pública tiene que ser siempre maleable y estar siempre vigilante. Porque al acompañarla estás accionando sobre ella de una forma subjetiva. Por eso las personas responsables de su protección tienen que ir cambiando con periodicidad.

Si en estos momentos dependiéramos sólo de lo que es rentable, la mayor parte de la educación que recibiríamos nos haría personas más simples y, por tanto, más vulnerables a los poderes económicos. Cuanta menos riqueza cultural, menos posibilidad de razonamiento diferente, menos pensamiento y, finalmente, menos rechistar. ÁLEX RIGOLA (Director teatral)


Dirigir es elegir

Amparados por la crisis, los recortes presupuestarios en materia cultural están siendo brutales para todos, particularmente, en nuestro caso, los de la Comunidad de Madrid. Pero no nos engañemos, no se trata de una cuestión ideológica sino de una situación económica general, dramática, en la que nos encontramos, desde Parla o Bombay a Nueva York, y que parece justificarlo todo. Aún así, nuestro enfoque, el del Círculo de Bellas Artes, es por entero distinto al de otras instituciones culturales grandes o pequeñas, ya sean el Prado o la Casa de América, el Reina, la Residencia o el Teatro Real, porque nosotros somos una institución privada que recibe tan sólo un 22 por ciento de su presupuesto en ayuda pública y que tiene claro qué fronteras no ha de traspasar. Aquí no montaríamos jamás, como propuesta del Círculo, una exposición descaradamente comercial y sin el menor interés intelectual o estético como la del MoMA sobre Tim Burton: antes cerraríamos las exposiciones, porque eso responde a un distinto modelo cultural, el que confunde, intencionadamente, lo que es la cultura con la industria. Y en España se empiezan a dar casos…

En el caso de Europa, y de uno u otro modo, la cultura siempre ha estado “subvencionada”, aunque ése no fuera el término a emplear, y por ello somos herederos de Atenas y la polis, de la Sixtina, los principados alemanes y las grandes colecciones y tesoros reales hoy reconvertidos en museos, como también de quienes hace ya dos mil quinientos años, sin apenas estudios, incluso sin saber leer, elegían una vez al año entre Esquilo, Sófocles y Eurípides, gracias a los cuales hoy disfrutamos de las tragedias griegas sufragadas por la ciudad-estado.

Por eso hay que decir: no todo vale. Porque dirigir es elegir. Si nos rindiésemos a lo comercial daríamos paso a una sociedad más pobre, más simple y más violenta. Además, no es razonable pensar que las estadísticas siempre tienen razón: no es cierto que la cultura aporte tan sólo un 5 por ciento al PIB de un país; aporta algo infinitamente superior, ya que de ella depende nuestro sistema de vida, nuestras creencias y valores, las bases de la civilización y del progreso, que como se ve en la historia de Occidente es producto de ella. ¿Cómo se puede poner precio a eso?

La partida que nos dedicaba el Ministerio de Cultura disminuyó en el pasado ejercicio, antes de los recortes y la crisis, en un 8 por ciento, siendo ministro César Antonio Molina, ex director del Círculo, que sólo nos dedicaba una centésima parte de la del Reina, un dato similar respecto al Real, o una cuarta parte de la del MACBA. Pero aún más grave nos resulta la disminución de las subvenciones de la Comunidad de Madrid, que en poco más de un año han descendido un 35 por ciento. Pero resistiremos, como lo están haciendo, y en algún caso de manera ejemplar, otros grandes centros de cultura. JUAN BARJA (Director del Círculo de Bellas Artes)


El público como razón de ser

Los museos de arte no son rentables. Si pretendieran serlo, su misión fundamental, que es la conservación, estudio y difusión de sus colecciones, podría verse comprometida. No obstante, los museos que en mayor o menor medida dependen de las subvenciones estatales deben procurar reducir su déficit al mínimo. Una fórmula que en el Thyssen ha funcionado con éxito es la colaboración con la Fundación Caja Madrid. Es preciso persuadir a las empresas de la rentabilidad simbólica que puede reportar la asociación con las actividades museísticas.

Ah! El público... El público es nuestra razón de ser; sin él, el museo sería sólo una cámara del tesoro. En nuestra programación siempre cuenta como condición fundamental el interés que un proyecto pueda provocar en el público. El problema de “hasta dónde llegar por el público” no se me ha planteado nunca; nuestro público no espera de nosotros espectáculos deportivos o circenses. Espera brillantes exposiciones monográficas, fascinantes exposiciones temáticas y exquisitas exposiciones de contexto en torno a nuestra colección. Y eso es exactamente lo que vamos a ofrecerle. GUILLERMO SOLANA (Director del Museo Thyssen)


La excesiva subvención castra

Vaya por delante que la cultura bien hecha y que llega a la mayoría de la sociedad siempre es rentable; una sociedad sin cultura es una sociedad muerta a todos los niveles, incluido el económico. Desarrollo cultural y económico rara vez no han ido ligados. Ahora bien, sí es necesario que el mundo de la cultura haga un esfuerzo mayor por ser independiente económicamente. La excesiva política de subvenciones está castrando a la mal llamada industria cultural, porque en la mayoría de los casos no es industria. Lo que no se puede consentir es que el dinero del erario público siga pagando cientos de miles de euros a artistas que en ningún caso obtendrían esas cantidades en taquilla. Hay quien se aprovecha de su condición de artista para abusar de las arcas públicas. Parte de la solución es no reducir las subvenciones públicas a la cultura pero sí evitar que éstas paguen sueldos millonarios a unos pocos. Conclusión: mantener unas subvenciones mejor repartidas y forzar la autofinanciación. PATRICK ALFAYA (Director de la Quincena Musical)


Ni mercantilismo ni privilegios

El problema no reside tanto en que la cultura tenga o no que ser rentable sino en cómo medimos dicha rentabilidad. Si lo hacemos de acuerdo a parámetros meramente económicos, estamos abocados a una cultura al servicio del turismo y la gentrificación urbana. En estos términos la cultura tiene poco que ver con la creación de nuevas formas de conocimiento y se asocia, en cambio, con el consumo. Así vista, la cultura es un mero órgano de propaganda. ésta, a diferencia de la que dominó las dictaduras de los años treinta, ya no intenta convencernos sobre las bondades o no de un determinado régimen, sino que constituye un fin en sí misma: ahora se venden y compran marcas.

La cultura, al igual que la educación y la sanidad, es un derecho inalienable. Todo ciudadano ha de tener acceso a la misma. Ahora bien, una política indiscriminada de ayudas puede ser muy problemática, especialmente cuando confundimos cultura con industrias culturales.

Vivimos en una época de crisis sistémica. Si el paradigma económico centrado en el dinero fácil y la especulación no se sustenta, es también evidente que la cultura basada en el predominio del espectáculo sobre el programa ha dejado de tener sentido y que la necesidad de inventar otros modelos es imperiosa. Y estos deben generarse a través de la reconsideración de la esfera de lo Común, esto es, un espacio que va más allá de lo institucional, y que no es público ni privado, aunque mantiene dimensiones de ambos. MANUEL BORJA-VILLEL (Director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía)


La subvención como herramienta de trabajo

Como responsable de una unidad de producción del Ministerio de Cultura, no tengo aún confirmación del presupuesto del año próximo, aunque trabajamos con una estimación de que los recortes, si los hay, se parecerán a lo que se ha anunciado en diversos medios. En cualquier caso no me parece grave, una buena “cultura” del ahorro puede absorber esa cifra sin especial quebranto. Las cuestiones que aquí se plantean parecen incidir en una suerte de dilema respecto al modo de financiación de la cultura, y con este debate se están colando no pocos sinsentidos, cuando no disparates. Estoy convencido de que la cultura de un país debe ser de la máxima calidad posible, si además es total o parcialmente rentable, mejor. Si no lo es, la necesitamos por igual si no queremos empobrecernos como colectividad. Si en algunos casos se necesitan subvenciones, no veo por qué hay que demonizar ese concepto. ¿Por qué la cultura debe ser más puritana que otros sectores? La subvención es una herramienta de trabajo, y hay que aprender a usarla. El resto son tonterías, demagogia o miedos que, curiosamente, en España son siempre graves cuando se trata de dinero. Hasta que no aprendamos a usar el dinero como un medio, en lugar de entenderlo como una sustancia maléfica o contaminante, no miraremos los problemas de financiación con sensatez. JORGE FERNÁNDEZ GUERRA (Compositor y director del CDMC)


Ayudas e independencia

La cultura es un sector en el que ayudas públicas y privadas y rentabilidad no son incompatibles. Hay proyectos que por su naturaleza van a ser deficitarios desde el punto de vista económico y otros que pueden ser rentables sin atentar ni contra su calidad ni contra su independencia creativa. En el caso de los primeros, los que nunca serán rentables, hay que buscar fórmulas para que lo sean desde el punto de vista social, pedagógico, educativo, patrimonial, etc. ¿Por qué la ópera o ciertas producciones teatrales o musicales que son propias de centros públicos se mantienen en cartel tan poco tiempo, sin que puedan disfrutarlas más espectadores?, ¿por qué en el caso del cine español si hay apoyo a la producción no se contemplan más ayudas a su difusión para que todo lo que recibe ayuda pueda verse? Si hasta la industria del automóvil que ha sido tradicionalmente la INDUSTRIA con mayúsculas, necesita ayudas públicas para subsistir ¿por qué ahora está de moda el discurso de que toda la industria cultural tiene que ser rentable y autosuficiente? ¿Es que los trabajadores de la cultura merecen menos apoyo que los de otros sectores? JOSÉ GUIRAO (Director de La Casa Encendida)


Ni descuentos ni mercadillos

Creo que la cultura siempre es rentable pues proporciona a la sociedad conocimiento y comprensión de la realidad e influye en la calidad de vida. Si de lo que hablamos es de la industria y del comercio cultural, nos encontramos en un momento crítico de cambio que nos obliga a revisar nuestras posiciones y estrategias. Esto es tan interesante como angustioso y requiere dosis de energía y atención difíciles de encontrar en una sociedad tan adormecida como la nuestra. La crisis económica y la modificación de las formas de consumo que produce la sociedad tecnológica están teniendo un efecto devastador sobre los medios habituales de producción cultural. Ello nos obliga a adoptar la vieja fórmula vanguardista de poner en cuestión lo que tenemos para buscar lo que imaginamos, pues detrás de lo que acaba aparecen las señales de lo que viene. Ni descuentos, ni mercadillos de feria pueden dar solución a algo que no tenga valor ni suscite un interés. Promover que esos intereses se encuentren con las propuestas artísticas de una manera crítica puede ser un objetivo de la acción pública. La subvención cultural debería evitar la subsistencia de formas obsoletas de producción. LOLA MORIARTY (Galerista)


Responsabilidad del Estado

Creo que los países se hacen grandes gracias a su dimensión cultural. Es fundamental saber que la cultura no se puede considerar rentable en parámetros solamente económicos. La cultura es la savia de los pueblos y hace falta invertir mucho dinero para hacerla lo más fuerte posible. Sólo así el país podrá desarrollarse en plenitud. Otra cosa es que se consiga que la sociedad civil participe de la manera más intensa posible en todo el desarrollo cultural. Pero, al final, es responsabilidad directa del estado potenciar al máximo sus distintos proyectos culturales.En último término eso es lo que diferencia a un país grande de otro que no lo es. En época de crisis económica, como la actual, los estados tienen que hacer un esfuerzo por apoyar la cultura de forma irrenunciable.Valoro positivamente el esfuerzo habitual del gobierno Zapatero, pero el objetivo sería tender a igualarnos a los presupuestos culturales de países sólidos como Francia y Alemania. XAVIER GÜELL (Director artístico de Musicadhoy y Operadhoy)


Las pequeñas redes, en peligro

La cultura nunca fue rentable y no tiene por qué serlo. Es un bien social del que los gobiernos no pueden desentenderse. Lo que hay que intentar es mantener un equilibrio presupuestario, en el que las instituciones aporten dinero, otra parte salga de la taquilla y conseguir que las empresas privadas se involucren y se conviertan en patrocinadores. Para facilitarlo, las empresas deberían poder beneficiarse de deducciones y desgravaciones fiscales. Si un teatro tiene que vivir exclusivamente de la taquilla, es imposible que se mantenga, y tendría que hacer siempre cosas de bajo nivel y de alta acogida. O disparar el precio de las entradas a favor de un público exquisito, renunciando a una programación equilibrada. El problema de la reducción presupuestaria para la Cultura afecta, sobre todo, a las pequeñas redes culturales. Los teatros con un presupuesto grande tendrán que apretarse el cinturón, pero sobrevivirán. En cambio, ponen en peligro redes e iniciativas culturales que han costado muchísimo trabajo y la energía de muchas personas. Por tener subvenciones públicas no se debería pagar ningún precio. Sería maquiavelismo político que un gobierno se metiese a decidir la programación o fijase que se contrate a determinados profesionales o se programasen determinadas obras. La cultura es libre. Las instituciones deben subvencionar la cultura y los directores de los centros culturales programarla. Así deben funcionar también los patrocinadores. Lo contrario sería una inmoralidad. EMILIO SAGI (Director artístico del Teatro Arriaga de Bilbao)


Descalabro sin precedentes

Es difícil que la mayor parte de las manifestaciones culturales sean económicamente rentables. En materia de espectáculos y exposiciones, el precio de venta de las entradas debería elevarse tanto para cubrir los gastos que su disfrute pasaría a ser un privilegio social. Hay que concebir la rentabilidad en otros términos: educativos, formativos, ciudadanos. Incluso políticos, de prestigio. Las cuestiones de fondo son: ¿qué importancia otorgamos a las artes en esta sociedad? y ¿se puede cuestionar que el acceso a la cultura es un derecho de los ciudadanos y es responsabilidad de las administraciones públicas? Claro que éstas deben financiar las actividades culturales. Y deben hacerlo no persiguiendo el menor gasto sino la mayor calidad. Para que haya un gran nivel cultural en un país debe existir un tejido de base fuerte. Eso significa que hay que ayudar a los creadores, a las escuelas, a los centros de producción, a las pequeñas y medianas empresas culturales... Estaremos subvencionando producciones que no siempre son excelentes pero estaremos asegurando el futuro. Los recortes actuales van a significar, para las artes plásticas, un descalabro sin precedentes. En los países anglosajones existen desde hace años grupos o asociaciones que desarrollan campañas de lo que se conoce como “Arts Advocacy”. Es triste que haya que abogar por las artes, pero ha llegado el momento en que los amantes de unas y otras manifestaciones culturales, y somos muchísimos, vamos a tener que hacernos oír. ELENA VOZMEDIANO (Presidenta del Instituto de Arte Contemporáneo y crítica de arte)


Estricto control del erario público

El auténtico debate sería a la inversa, esto es: ¿es rentable invertir en cultura? Y a esa pregunta respondo de forma absolutamente afirmativa, sería lo mismo que poner en duda si es rentable invertir en educación o en sanidad. La cultura necesita inversiones públicas para que pueda existir. Sin estas aportaciones que han de cubrir aquellas necesidades que la actividad privada no puede asumir el panorama cultural de un país se empobrecería enormemente de forma general y en muchas de sus facetas desaparecería por completo. Por ello mi apuesta es por un fuerte apoyo institucional hacia las diferentes manifestaciones culturales pero, eso sí, con un estricto control sobre las aportaciones económicas que proceden del erario público, esto es, de todos los ciudadanos. ENRIQUE GONZÁLEZ MACHO (Distribuidor, productor y exhibidor)


Siempre hay un precio que pagar

Si simplificamos mucho, veremos que hay un modelo de financiación anglosajón, donde son las empresas y donaciones de particulares más los ingresos por venta de entradas los que sostienen el grueso de la actividad cultural de instituciones públicas y privadas, y un modelo de financiación europeo o latino en el que es el Estado quien se encarga de financiar casi el 100% de las instituciones públicas y un gran número de iniciativas privadas. Lo ideal es un sistema a medio camino, pero es muy complejo implantarlo porque hay que establecer criterios no sólo cuantitativos sino cualitativos, de rentabilidad y pertinencia.

Si te pagan, siempre hay un precio a pagar…. ¿o no? ¿Alguien puede demostrar que es más independiente una producción pagada con dinero público que con dinero privado ? Se pueden mirar iniciativas como el UBS Long Weekend de la Tate (la Tate es privada, y UBS un banco…), con programaciones impecables que cualquier centro cultural público del mundo quisiera reclamar para sí…? En un mundo ideal los patrocinadores públicos y privados estarían dispuestos a pagar por asociar su marca a una programación tan interesante. Otro concepto que se ha perdido en nuestro ámbito es el de pagar por la cultura. La culpa es NUESTRA, de la gente de la cultura. O ponemos en valor lo que hacemos, o empezamos a hablar del dinero y el empleo que esto genera, o va a dejar de generarlo. Hay una cultura muy extendida de “Tú me pagas y yo te pongo el logo”. Hay que acabar con eso. La escuela que más admiro es la del Arts and Business británico. No digo que haya que hacer lo mismo, pero tenemos un futuro brillante en patrocinio cultural y marketing, si nos ponemos. IMMA TURBAU (Directora de Casa de América


La sobriedad es buena amiga

Las reducciones de presupuesto, las vacas flacas, los tiempos de inflexión hacen temblar a quienes carecen de talento. Sin embargo, las épocas de escasez nunca han sido las peores para desarrollar la imaginación entre artistas verdaderos. El problema surge normalmente en épocas de vacas gordas: ahí es dónde se enmascaran las deficiencias a golpe de talón, son momentos de grandes despliegues de inanidades que apabullan a los públicos menos exigentes. De esto hemos aprendido mucho estos últimos años. En cultura la sobriedad es buena amiga. No es asunto de desproteger o de mirar a otro lado, sino de medir y aprender a elegir proyectos, a comprar calidad y, sobre todo, a aprender a gastarse el dinero. Propongo que ese 11 % menos a Cultura sea aprovechado para aumentar el presupuesto de Educación, concretamente para que el Ministerio lo dedique a la formación de espectadores. Ahí está la piedra de toque, y no en el lamento continuo de que falta presupuesto para cultura. FERNANDO PALACIOS (Director de Radio Clásica)


Buenas cosas para cuantos más, mejor

La crisis es una pesadez. Se ha convertido en un argumento, una coartada... sirve para todo. En La Fábrica llevamos 15 años poniendo en marcha proyectos culturales. Y desde el principio lo hemos hecho defendiendo que, además de dinero público hay que movilizar dinero privado para la cultura. Creemos en la colaboración entre lo público y lo privado y llevamos ya bastante tiempo comprobando que no sólo es posible, sino que es necesario y funciona.

La cultura no se puede medir por su rentabilidad económica; es mucho más. Forma parte de nuestro proyecto y de nuestra realidad de país. Nos une, nos hace mejores. Es un bien social. Por eso tiene sentido que el Estado, las comunidades, los ayuntamientos, pero también las fundaciones , las empresas, los mecenas... se impliquen en la cultura.

Los gestores tienen la obligación de hacer llegar la cultura al ciudadano ; de despertar su interés. Pero también, de tener una filosofía, un proyecto, creer en determinadas cosas y luchar por ellas. El éxito de la cultura no se puede medir con los mismos ratios que los programas de televisión: el prime time, la sal gorda, el escándalo... Nada de eso. Estamos en contra de las tonterías.

En La Fábrica trabajamos con la obsesión de que los proyectos de calidad -los festivales, las exposiciones, los libros...- lleguen al público. ésa es nuestra obligación. Pero no creemos que para conseguirlo haya que hacer proyectos de mala calidad o hacerlos mal. Al contrario: la fórmula es hacer muy buenas cosas para cuantos más, mejor. Eso es lo que nos anima a trabajar.

El presupuesto de La Fábrica en 2009 es de 8.5 millones de euros. Este año, las 60 personas de nuestro equipo han trabajado mucho para seguir haciendo cosas. El resultado es que en un año muy difícil, vamos a bajar la facturación únicamente un 7.2 por ciento de nuestro presupuesto. Naturalmente, la sangría ha sido enorme para la cuenta de resultados. Pero nuestro principal objetivo era mantener bien las actividades. 2010 parece el fin del mundo, pero creo que tenemos que intentar que no lo sea, y nuestro presupuesto (que todavía no tenemos cerrado) intentará acercarse al de este año. En cuanto al porcentaje de inversión pública que tenemos en nuestro presupuesto, no llega al 20 por ciento. ALBERTO ANAUT (Director de LA FÁBRICA)


Un proceso de prueba y error

Buscarle una rentabilidad determinada a la cultura no es muy cultural. Esto es un proceso de prueba y error, y, a veces, sencillamente los resultados no valen para nada, son un fracaso. Ni tan poco vale el éxito. Pero Creonte tiene que gobernar, y tomar decisiones y hacer rentable la inversión. (Cada vez que gobierna un filósofo la cosa termina en desastre) Así que bajamos en picado y, muy a ras de suelo, contestamos que no se trata tanto de cuánto baja o sube un presupuesto anual (hay inversiones, como los espacios públicos, que son a largo plazo) sino cómo se aplica la asignación de recursos. Por ejemplo, el presupuesto anual del Fondo de Cinematografía equivale al presupuesto anual del Museo Reina Sofía. Lo primero suele ser muy criticado, lo segundo ni siquiera se debate en los medios. Se acepta mejor el gasto si se aplica al patrimonio, si se emplea en crearlo, se acepta menos. Picasso y Buñuel tuvieron que hacer sus obras fuera de España. Hoy ya son patrimonio y se celebran sus centenarios con gran pompa y regocijo de sus herederos. MANUEL GUTIÉRREZ ARAGÓN (Director de cine y escritor)


Ayudas que frenan el desarrollo

Desde un punto de vista económico, no cabe duda de que el sector cultural debería estar en constante renovación aunando esfuerzos para mejorar la oferta y atraer al público gracias a la calidad. Es indispensable para mantener su independencia y para garantizar la calidad por encima de cualquier otro criterio. Respecto a las industrias culturales no creo acertada la dinámica de subvenciones que se ha desarrollado en nuestro país; ayudas que en campos como el arte o la moda han frenado su correcto desarrollo y su competencia en la escena internacional. En el caso de las ferias de Arte Contemporáneo como el caso de ARCOmadrid, rentabilizar este evento cultural propiciando una plataforma de mercado que genere negocio e intercambios, así como apoyar el papel difusor que ejercen las galerías es nuestro principal objetivo. En cuanto a la labor del gobierno y las instituciones, son imprescindibles para el desarrollo competitivo de un país y, muy especialmente, para la democratización de las artes. Su papel de apoyo y promoción debería servir para velar por un patrimonio que nos resume a todos y además para fomentar la iniciativa privada. LOURDES FERNÁNDEZ (Directora de ARCOmadrid)


El público lo crea la propia obra

Tengo la impresión de que la cultura sí es rentable. Aunque probablemente pedirle una rentabilidad inmediata es como pedírselo a la ciencia, a la investigación o a la educación. Tengo la impresión de que el público, en cierta medida, lo crea la propia obra. Hay ciertas posibilidades de que un espectador que escucha a Shakespeare, engulla una buena porción de necedades unas horas más tarde. Hay determinadas obras que tienden a eclipsar todo atisbo de inteligencia y otras que nos desafían. El límite -la responsabilidad- lo pone cada contador de historias. La cultura tiene que ser protegida, mimada, porque el riesgo de convertirnos en un ejército de zombies no es pequeño, y la aventura de un individuo -un artista- explorando la realidad nos preserva en cierta medida de ello. Los riesgos son obvios. A veces, sin duda, podríamos emplear los recursos disponibles con mayor eficacia. ANTONIO ÁLAMO (Escritor y director del teatro Lope de Vega de Sevilla)


¿Por qué ser rentables?

Hay sectores culturales que son muy rentables, por ejemplo, los ingleses han hecho de determinado género teatral un gran éxito, pero no toda la cultura es rentable y, además, por qué tiene que serlo. Yo no creo que esa deba ser la filosofía. Lo que ha ocurrido en estos años atrás es que las instituciones dependientes del Estado no se han preocupado de buscar fondos distintos a los percibidos vía Adminsitraciones, ni siquiera de plantearse una autonomía de gestión. Hoy, se habla de crisis, de reducción bestial de los presupuestos culturales pero yo me pregunto por qué nadie cuestiona las subvenciones que se dan a los clubs de fútbol en crisis, o los miles y miles de millones que se han destinado al Plan E. Esto ¿cómo se come? Para nosotros, los del teatro, la crisis nos afecta directamente, por la dependencia que tenemos de los ayuntamientos. Qué van a hacer los municipios con las miles y miles de instalaciones que tienen a su cargo, pero sin dinero para mantenerlas. Pienso que deberían plantearse un contrataque, porque los artistas somos demasiado ácratas para hacerlo. ANDREA D'ODORICO (Escenógrafo y productor de teatro)
fuente:elcultural.es