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4.10.10

El barroco argentino

¿Qué puede haber de común entre Borges, Cortázar, Bioy Casares, Silvina Ocampo y Onetti? ¿Será el cuento fantástico, en el que incursionaron todos en algún momento?
foto.fuente:pagina12.com.ar

En Ficciones barrocas, Carlos Gamerro arriesga interpretaciones e intuiciones más allá de la cuestión de género. Un barroco de ideas y no sólo de palabras floridas, viene a ser el punto de reflexión en este ensayo que toma distancia de la crítica académica para permitir la pasión y la subjetividad, aunque sin abjurar de la teoría literaria.

Una sutil incomodidad, una experiencia como lector, apunta Carlos Gamerro, desató la génesis de aquello que con el tiempo habría de convertirse en Ficciones barrocas, su último libro de ensayos, donde hace una lectura de Borges, Bioy Casares, Silvina Ocampo, Cortázar, Onetti y Felisberto Hernández. "Sentía que Borges, Bioy, Silvina Ocampo y Cortázar efectivamente tenían algo en común, y Onetti con todos ellos, pero que el género fantástico, cifra bajo la que suele reunírselos y explicárselos en la historia de la literatura argentina, no alcanzaba a dar cuenta de eso. Si uno los lee con atención, detenidamente, no cabe ninguna duda: de Holmberg, Lugones y Juana Manuela Gorriti, de la precisión de Quiroga, que es mucho mejor incluso, no es posible llegar a un cuento de Borges o Bioy. Hay un salto, del que la mera evolución del género no alcanza a dar cuenta. Por otra parte, esa idea de una tradición fantástica deja afuera a Onetti, que sin embargo tiene muchos puntos de contacto con el grupo de escritores."

Ficciones barrocas Carlos Gamerro Eterna Cadencia 240 páginas

Así, a partir de una intuición que fue revelándose poco a poco, el autor de Las islas encontró la pista de una lectura que, de manera voluntaria o no, abre una discusión sobre la manera en que se lee (y enseña) no sólo la producción literaria del siglo XX, sino también su relación con la herencia española, tan fustigada por Borges. "Mi intención nunca fue revisar la manera en que se construye la historia de la literatura argentina –aclara–, pero me encontré con un escollo que no pude sortear. Tomando a modo de ejemplo la producción de Borges, la visión historicista nos obliga a distinguir entre los cuentos fantásticos como 'Tlön, Uqbar, Orbis Tertius' y por otro lado los criollistas o librescos, invenciones sobre la literatura y la tradición como 'Tema del traidor y del héroe'. Sin embargo, cualquier lector que no esté atravesado de antemano por la idea del género fantástico en la literatura nacional advierte que ambos tienen estructuras similares. Básicamente, están hablando de la misma manera, son el mismo tipo de cuento, con la salvedad de que el primero recurre a una causalidad o explicación sobrenatural o fantástica, mientras que el segundo no. Y esta similitud entre los cuentos fantásticos y no fantásticos de Borges –pude comprobar–, se repite en Bioy y Cortázar. Ese fue el punto de partida."

La respuesta, sin embargo, parecía elusiva, y para dar con ella fue necesario emprender otra estrategia de lectura, un trabajo de reconstrucción: "En vez de seguir un camino historicista, donde algo es resultado de lo anterior, se imponía una mirada genealógica, del objeto a su pasado, que se remontara en el tiempo –mirada que Gamerro, cabe señalar, ya había adoptado para su lectura de El matadero en El nacimiento de la lectura argentina–, y desde esa mirada definitivamente no advierto una continuidad con la producción anterior. Lo que sí advierto, tanto en Borges como en Bioy y Cortázar, es la reiteración de una serie de motivos, la confrontación entre los planos del original y la copia, el objeto y su reflejo, la imaginación y la percepción, el sueño y la vigilia, la locura y la cordura, el teatro y el mundo, la obra y el autor, el arte y la vida, el signo y el referente, todos ellos imbricados en la constitución compleja de eso que puede dar en llamarse realidad. Y este tipo de juegos no aparece en el fantástico universal del siglo XVIII, en el del XIX ni en el fantástico argentino, pero sí tiene en la literatura española un lugar concreto: lo que no pude encontrar en el fantástico, está en el Quijote y en Calderón de la Barca".

UNA LITERATURA DEL PLIEGUE

Gamerro despliega entonces su idea: aquello que caracteriza al grupo conformado por Borges, Bioy, Cortázar y Onetti es una manera específica y barroca de construir la trama con el objeto de provocar cierta vacilación o confusión en el lector respecto de la constitución de lo real, vacilación que no necesariamente requiere de la mediación de un suceso sobrenatural o fantástico, un sistema de oposiciones e inversiones que se lee de manera clara, por ejemplo, en el conocido análisis que hace Michel Foucault de Las meninas de Velázquez. De hecho, el propio Borges señala en "Magias parciales del Quijote": "Cervantes se complace en confundir lo objetivo y lo subjetivo, el mundo del lector y el mundo del libro... ¿Por qué nos inquieta que don Quijote sea lector del Quijote, y Hamlet, espectador de Hamlet? Creo haber dado con la causa: tales inversiones sugieren que si los caracteres de una ficción pueden ser lectores o espectadores, nosotros, sus lectores o espectadores, podemos ser ficticios".

Sin embargo, esta idea de un barroco argentino para el grupo al que Gamerro, no sin ironía, bautiza "los cuatro fantásticos", encontraba un obstáculo considerable. En principio, los reiterados y feroces ataques del propio Borges contra el barroco, encarnado en particular en las figuras de Góngora y Quevedo, y por extensión contra el modernismo hispanófilo de Darío y Lugones, ataque estético y moral: "No he encontrado sonetos de Quevedo o de Lugones sin alguna fealdad, sin alguna línea en que el autor no incurra en un pecado de vanidad; porque el barroco es condenable por razones éticas, yo creo, lo barroco es condenable porque corresponde a la vanidad".

De hecho, para el propio Gamerro, la escritura del ascético Borges, que aprende y enseña a suprimir adjetivos, "puede verse como un gradual alejamiento de la escritura barroca hacia un estilo cada vez más medido, de mayor economía verbal, ajustadamente referencial; clásico en suma".

En este caso, sería un comentario de Néstor Perlongher al prólogo de Historia universal de la infamia el encargado de echar un poco de luz sobre la cuestión. Según el poeta: "En su expresión rioplatense, la poética neobarroca enfrenta una tradición literaria hostil, anclada en la pretensión de un realismo de profundidad". Es cierta la hostilidad, como hemos visto, ¿pero hasta qué punto puede achacarse a Borges un realismo de profundidad?

"En verdad –asiente Gamerro–, Borges habla mal del barroco, pero en eso encuentro una inconsistencia fundamental, que me llevó a plantear una distinción, que puede parecer ahora un poco mecánica y esquemática, entre escritura barroca y ficciones barrocas. En un punto, desde el Caribe hasta el Plata somos todos plenamente barrocos. Borges, a pesar de sus ataques contra Góngora y Quevedo, es tan barroco en sus hipótesis metafísicas y gnoseológicas como son barrocos, de otra manera, Lezama Lima y Carpentier".

EL BARROCO SON DOS

Hay, según Ficciones barrocas, un modo del barroco que se repliega sobre la palabra y complica a tal punto el plano de la expresión que se vuelve esquiva la relación entre significante y referente, entre las palabras y las cosas; a esta práctica, que efectivamente encuentra su cumbre en el culteranismo de Góngora y el conceptismo de Quevedo, la llama "escritura barroca". Pero hay también, de manera similar, un modo de ser barroco que no articula el pliegue en las palabras mismas sino en otro nivel, en el territorio de los personajes, las estructuras narrativas y la construcción del universo referencial; es, claramente, el barroco de Cervantes, al que llama "ficciones barrocas".

"Generalmente, escritura y ficción barroca no se dan juntas por un problema de inteligibilidad", dice Gamerro. Esto es palmario en las Soledades de Góngora: ante el grado de complejidad al que va a llevar el lenguaje, donde las palabras van a oscurecer todo vínculo con las cosas que nombra, necesita tomar un asunto de una sencillez tremenda. Por el contrario, cuando lo complejo es el grado de elaboración del asunto mismo, el lenguaje necesita allanarse y adquirir una mayor referencialidad, lo que no quiere decir que sea un lenguaje realista. Esto ocurre en la literatura de Borges, Bioy, Cortázar, Ocampo y Onetti, pero también, en un caso que incluyo en este libro a manera de apéndice, en la ciencia ficción de Philip K. Dick, donde se puede encontrar otra solución a este asunto de las ficciones barrocas. Cuando uno está hablando de realidades que no existen, necesariamente el lenguaje tiene que cargarse de referencialidad, para poder sostenerlas."

El único caso de síntesis entre escritura y ficción barroca lo encuentra en Calderón de la Barca, quizá por la recurrencia de fórmulas poéticas que constituía el oficio del autor dramático de la época, de igual modo que ocurre en Shakespeare.

La distinción entre escritura y ficción barroca le permite, además, analizar un proceso complejo de influencia mutua entre Borges y Bioy en el plano de la estilística. "La evolución propiamente estilística de Bioy invierte de alguna manera la de Borges: su primera obra importante, La invención de Morel, es la más barroca de sus ficciones, y la más ascética y llanamente referencial en lo que al lenguaje se refiere, y luego en el cuento 'El ídolo', según sus propias palabras, se suelta mi prosa. Y mientras se sueltan los pliegues de la prosa de Bioy, la de Borges se vuelve más ceñida, como si uno se vistiera con lo que al otro le sobra. De hecho, Bioy se arroga el mérito: 'Yo creo que quizá lo convencí de que se podía escribir de un modo más llano, más tranquilo, sin buscar tanto el efecto en una frase. A veces a Borges le gustaba lo sentencioso, le gustaban las frases muy trabajadas, le gustaba mucho lo barroco'."

Los reiterados ataques de Borges contra el barroco, no sólo en las figuras de Góngora y Quevedo sino también en los resabios presentes en Lugones y Darío, deben ser leídos –propone Gamerro– como ataques contra lo hispánico, siguiendo una tradición clara en el marco de la literatura nacional.

UN MODO DE ESCRIBIR, UN MODO DE PENSAR

Si algo deslumbra a lo largo del desarrollo de Ficciones barrocas, en un momento en que la crítica suele exigir una desmesurada dosis de paciencia por parte del lector, es el apasionamiento de su prosa. Ya en el prólogo a El nacimiento de la literatura argentina, Gamerro planteaba una distinción nítida entre una crítica académica y otra de autor, a la que asisten "el derecho a la primera persona y, por consiguiente, a hablar desde los sentimientos y las emociones; un relativo derecho a la ignorancia o por lo menos a la irresponsabilidad bibliográfica... y la decisión de escribir no en una jerga de especialistas o iniciados sino en un lenguaje accesible a los lectores cultos en general".

Tradición dominante, no sólo Borges y Martínez Estrada frecuentaron esta crítica de autor, también lo hizo, con inconfundible felicidad, Pezzoni. A pesar de ello, durante los últimos años –junto con el repliegue "esotérico" que atraviesa la producción cultural en su conjunto en los años '90–, esta crítica parece haber perdido terreno ante la académica, al mismo tiempo que el discurso antes adusto de la institución se contamina –vía Barthes– de algunas de las características de su hermana díscola, en particular el uso de la primera persona y la reivindicación del gusto (como se advierte, por caso, en la producción de Daniel Link o en el último libro de Josefina Ludmer), sin por ello borrarse el hiato decisivo que las separa: su relación (estructurada en un caso, libre en otro) con la biblioteca y la lengua en que se escribe.

En tal sentido, Ficciones barrocas despliega un juego sorprendente entre la complejidad de lo que expone y el tono en que lo hace, convirtiéndose en un libro que puede leerse no sólo por interés, sino también por placer, porque ha sido escrito como una invitación al juego.

"Cuando uno lee las instrucciones para escribir una tesis o un paper académico –señala Gamerro–, todas concuerdan en la necesidad de comenzar por un párrafo donde uno declare aquello que se propone demostrar. Este modelo me produce rechazo en principio como narrador. Imaginemos si El asesinato de Roger Ackroyd, de Agatha Christie, comenzara por 'ésta es una novela donde yo, el narrador, soy el asesino'. Sería aburridísimo, carece de cualquier gracia. A mí, personalmente, me gusta aplicar a la construcción de los ensayos el mismo mecanismo que a la ficción, me interesa que el lector no sepa, tomarlo por sorpresa, desconcertarlo, llevarlo a un lugar que no sea el que espera."

Pero no es sólo el tedio lo que lleva a Gamerro a cuestionar los protocolos de la crítica académica. Como señala en el capítulo dedicado a Silvina Ocampo, "el problema de mucha crítica feminista, como su madre la crítica marxista y su hermana la crítica poscolonial, es que parte de las conclusiones para llegar, al cabo de un largo pero predecible camino, hasta las premisas". Más allá de la falta de suspenso, más allá del aburrimiento, cree que "este modo de producir papers y crítica excede el problema de la exposición. Lo malo de esta forma de producir crítica es que genera una manera de pensar extraordinariamente anodina sobre la literatura. Cuando yo escribo un ensayo, justamente me gusta no saber a dónde voy, comenzar a partir de una molestia o una incomodidad y encontrar en la escritura la respuesta que busco. Para eso puedo, desde ya, recurrir a la teoría, no se trata de proponer una crítica sin teoría o un nuevo impresionismo, yo recurro a Foucault, a Deleuze y a los estructuralistas para encontrar respuestas, pero uso esas teorías para entender la literatura y no al revés".

Por otra parte, esta crítica basada en la intuición, en la antigua tradición del ensayo, permite hallazgos improbables de otra manera. "El caso de Silvina Ocampo, por ejemplo, me planteaba varios problemas a la hora de pensarla en relación con las ficciones barrocas. Si estuviese haciendo crítica académica, me hubiese visto obligado a dejarla de lado, porque no cerraba, pero como puedo tomarme la libertad del escritor, me regalé el tiempo para darle todas las vueltas necesarias hasta encontrar de qué manera podía leerla a partir de esta idea." Otro caso, más apasionante quizás, es el capítulo dedicado a Cortázar, donde con singular ingenio (y acierto) se permite invertir la idea de que "Casa tomada" ha sido escrito pensando en el peronismo.

De hecho, más allá de sus distintos aciertos particulares, el libro constituye un momento fundamental en la producción de Gamerro como crítico-escritor, y por ende en su literatura. A diferencia de El nacimiento de la literatura argentina, que compilaba en su mayor parte artículos periodísticos y conferencias, y de Ulises. Claves de lectura, emprendimiento didáctico y de difusión que reproduce un tipo casi inexistente en el mercado editorial hispánico pero muy común en el anglosajón, Ficciones barrocas es su primer trabajo concebido y escrito enteramente, de principio a fin, como un ensayo autónomo, lo que le permite una construcción más orgánica y templada, a la par que insufla vida en un género casi extinto en el mundo editorial contemporáneo.

12.1.10

Lojo: "Sobre héroes y tumbas narra una experiencia única de Buenos Aires"

La ensayista, narradora e investigadora, presenta una nueva edición crítica del libro de Ernesto Sábato. Allí analiza también el contexto del escritor y dice que la obra narra una experiencia única de la ciudad.

EN SANTOS LUGARES. "Las novelas de Sábato exhiben la ambigüedad de una realidad que no se puede reducir a fórmulas simplificadas", dice Lojo. fUENTE Revista Ñ

"Sobre héroes y tumbas, gótico surrealista y argentino, galería de fantasmas familiares, geología fantástica, perverso libro de viajes fabulosos en el corazón de lo cotidiano, nos ofrece la ilusión de recobrar un tesoro siniestro", escribe la investigadora María Rosa Lojo en la nota liminar a la reciente edición crítica de la gran novela de Sabato, que acaba de editar la Colección Archivos de la UNESCO junto a la Dirección General de Asuntos Culturales de Ministerio de Relaciones Exteriores de la Nación.

La flamante edición de Sobre héroes y tumbas (Alcion) de más de mil páginas, coordinada por Lojo, incluye estudios cronológicos, análisis de la historia del texto, su recepción y el posicionamiento de su autor, además de diversas lecturas que permiten, según dice en esta entrevista su coordinadora, un reposicionamiento del texto en el ámbito académico nacional e internacional. Justo cuando el nombre de Ernesto Sabato vuelve a sonar para el Premio Nobel de Literatura 2010, tras la reciente propuesta de candidatura del autor -la cuarta consecutiva-, enviada a la Academia Sueca por la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) de España.

¿Por qué una edición crítica de "Sobre héroes y tumbas" en en este momento?

Bueno, digamos que no se trata precisamente de una idea surgida "en este momento". El trabajo de la edición crítica me fue encomendado por Amos Segala, fundador y entonces director de la Colección Archivos de la UNESCO, hace ya más de diez años. Uno de los objetivos de esta colección era (y es) presentar ediciones de excelencia de clásicos hispanoamericanos. Aunque los autores considerados como "clásicos" suelen estar muertos, primero, atento a la ya avanzada edad de Sabato (que había cumplido los 87) y a los reconocimientos internacionales recibidos por su obra (entre ellos, el Premio Cervantes), Amos Segala decidió que era oportuno emprender la edición crítica de esta novela, que yo comencé entonces, convocando a un equipo integrado por otros diecisiete especialistas de universidades argentinas y extranjeras. Nuestro trabajo se prolongó durante siete años. A ellos hay que agregarle tres más de espera, ya que el sistema de financiamiento de la colección fue interrumpido por diversas crisis, entre ellas, claro, la crisis argentina de 2001. En suma: que no se trata de algo súbito ni repentista ni oportunista, sino de un proyecto de muy largo aliento, iniciado hace más de una década.

¿Cree que esta edición puede favorecer una relectura del texto en el ámbito académico? ¿Y entre los lectores en general?

Sin duda que favorecerá la relectura de Sabato en el ámbito académico; ése constituye su principal objetivo y sus "lectores modelo" serán los estudiantes y estudiosos especializados. El público en general no está excluido, pero tiene a mano la obra en ediciones normales en todas las librerías, ya que Sabato es un autor que no ha dejado de publicarse.

¿Se podría considerar que "Sobre héroes y tumbas", publicado en 1961, es un libro de su tiempo?

Por supuesto, como todos los libros, en tanto reverberan en ellos, de manera inevitable, las obsesiones, preocupaciones y deseos que cruzan la época en la que fueron gestados.

¿Podría pensarse que se trata una obra que ha envejecido?

¿En qué sentido? En todos los libros hay aspectos que "envejecen" y que tienen que ver con su momento histórico. Hoy sería difícil imaginar a una mujer occidental que se suicidase por los mismos motivos que Anna Karenina. Pero la culpa y la situación de condena social son sentimientos y circunstancias que siguen existiendo. Lo que cuenta es la potencia con la que una obra expresa y resignifica la condición humana.

En pocos años, como consta en varios de los estudios presentes en la edición, esta obra de Sabato alcanzó cifras de ventas récord. ¿En qué medida considera que eso estuvo relacionado con el "boom" editorial de la década del 60 en la Argentina y cuánto con la obra en sí?

Seguramente el boom editorial creó las condiciones para que la obra fuera bien difundida y publicada. El resto lo hizo el interés despertado por esa novela en particular. No todas las ficciones impresas en los mismos años alcanzaron la misma repercusión, ni por los mismos motivos.

Respecto de la recepción de "Sobre héroes y tumbas" en la Academia, ¿cree que con el tiempo el libro y el autor cayeron en desgracia en los claustros?

Puede que esto haya ocurrido en algunos claustros dentro de la Argentina. En el exterior, en cambio, esta novela nunca dejó de ser considerada como una obra fundamental de la literatura hispanoamericana contemporánea. Y me consta que en la actualidad profesores universitarios de diversos países están escribiendo libros sobre Sabato.

Tal como se cita en uno de los estudios de la edición, en 1962 la revista "El escarabajo de oro" se refiere a Sabato como "uno de los intelectuales, más valiosos que tiene nuestro país". ¿Podría, hoy, decirse lo mismo del autor?

Creo que la cuestión está fuera de lugar, ya que, como sabemos, hace tiempo que Sabato, casi centenario y de salud frágil, está fuera de la vida pública activa y tampoco escribe ficción. No por eso el aporte que realizó en su momento es menos importante y significativo.

En el artículo de Karl Kohut se cita a Bernardo Canal-Feijoo cuando afirma que "Sobre héroes y tumbas quiere ser la novela de Buenos Aires". ¿Lo ha logrado?

Creo que sí, y que junto con otras obras, como Adán Buenosayres o Los siete locos, Sobre héroes y tumbas narra una inolvidable experiencia de la ciudad, única, personalísima, y a la vez compartible.

En varios de los análisis, se afirma que "Sobre héroes y tumbas" refleja las antinomias de la identidad cultural argentina. ¿Le ha tocado al libro caer en esas mismas antinomias de las que da cuenta?

Justamente mi tesis de doctorado estuvo dedicada a demostrar de qué manera, a través de una compleja construcción simbólica basada en los ejes luz/oscuridad, visión/ceguera, la novelística sabatiana exhibe la impureza y turbiedad de todas las antinomias, la ambigüedad y la ambivalencia de una realidad que no se puede reducir a fórmulas simplificadas, a pesar de lo que parecen creer, con obstinación maniática, algunos de sus personajes como Fernando Vidal Olmos."

10.12.09

Rafael Rojas defiende la literatura como fuente de la historia

Frente a la idea romántica y positivista de que la historia comienza donde termina la memoria, Rafael Rojas se inscribe dentro de la corriente que cree en la experiencia y en la literatura
María Cifuentes, editora de Taurus, José Álvarez Junco y Rafael Rojas, ayer en Madrid.- CLAUDIO ÁLVAREZ
También como vehículos historiográficos. Por ello su libro Las repúblicas de aire. Utopía y desencanto en la revolución de Hispanoamérica (Taurus), primer Premio de Ensayo Isabel Polanco, habla de historias pero también de cómo estudiar la historia.

Rafael Rojas (Santa Clara, Cuba, 1965) presentó ayer el libro en la sede del Instituto Cervantes de Madrid junto al historiador José Álvarez Junco, la editora María Cifuentes y la subdirectora de Taurus, Inés Vergara. Para Junco, el libro de Rojas (una aproximación a la fundación de las repúblicas de Hispanoamérica a través de ocho de sus protagonistas) se adentra en un episodio "complejísimo" sin eludir complejidades. "Es un libro sutil, brillantemente expuesto, cuidadosamente investigado y bonito". "Una época que además conocemos muy mal porque no es una etapa histórica sino un mito fundacional y hablar de los padres de la patria, de sus debilidades, siempre es peligroso"

Rojas recordaba ayer que fue la lectura de la correspondencia final de Simón Bolívar lo que le impulsó hace ahora más de tres años a empezar a su libro. "En aquella correspondencia encontré muchas frases de desencanto y de desaliento. Frases terribles, como que lo único bueno que se podía hacer en América Latina era emigrar. Ese desánimo no era exclusivo suyo, se repetía en otros próceres de la época, un desaliento ligado en muchos casos al exilio. Un lenguaje de frustración estaba sin embargo ausente en los padres fundacionales de Estados Unidos". Para Rojas, ese desánimo no amordazó el pensamiento: "El subtítulo del libro, Utopía y desencanto, proviene de los textos de algunos protagonistas de mi libro, como Bolívar, Andrés Bello, Servando Teresa de Mier, Vicente Rocafuerte o José María Heredia, quienes siempre oscilaron entre la esperanza y la desilusión ante la empresa de construcción de los nuevos Estados nacionales en América Latina. Pero también viene de una reflexión de Claudio Magris en la que niega que sea un sentimiento acrítico o paralizante. Magris decía, con razón, que el desencanto es una forma irónica de la esperanza, que permite reaccionar críticamente contra las visiones fatídicas del presente y contra las fáciles idealizaciones del futuro".

Rojas pertenece a una corriente de historiadores que parten del archivo documental pero que no se pueden conformar con él. "Lo que es nuevo en este trabajo es mezclar las fuentes primarias con otras como la literatura, porque la literatura debe ser una gran fuente para la historia, como las traducciones", explicó el historiador sobre cómo investigó las fuentes de los ocho personajes que traza su libro en México, Nueva York, Filadelfia y Austin. "No se puede colocar la historia fuera de nuestra experiencia, y en definitiva un historiador está también marcado por las lecturas de sus personajes".

fuente: elpais.com

6.12.09

Seducido por los hechos


LIBROS
Héctor Abad publica por estos días un nuevo libro, una compilación de tres ensayos bajo el título de Traiciones de la memoria. Nicolás Morales lo entrevista para SEMANA.
Héctor Abad Faciolince alcanzó fama mundial con su libro El olvido que seremos

SEMANA: A propósito del nuevo libro, lo siento muy cómodo escapando de la ficción y volviendo al ensayo autobiográfico…

HÉCTOR ABAD FACIOLINCE: Sí, es cierto. De hecho, la novela que estoy escribiendo en este momento también está llena de elementos de no ficción y está hecha a partir de los recuerdos de un personaje, de un cura que yo conocí hace unos 30 años y que fue muy amigo mío. Tal vez, he descubierto que me siento más cómodo en algo que es no ficción o que es ficción en el sentido de que es mala memoria.

SEMANA: Sospecho que es recíproco y que el público también se siente más cercano a sus relatos autobiográficos que a la ficción. Me parece que su último libro de cuentos no fue propiamente un suceso editorial.

H.A.F.: El amanecer es un libro de cuentos y estos son menos comerciales. Sin embargo, para un libro de este tipo ha sido bueno porque ha tenido seis ediciones. Claro que no es nada comparable con El olvido que seremos. Creo que tiene razón y que es recíproco. Soy muy malo para decir mentiras. Ni siquiera cuando la ficción es pura verdad, me creen. Es que con esta cara de pelota, siempre tengo que decir la verdad.

SEMANA: Anda diciendo que quiere pasar la página de 'El olvido que seremos' y, a renglón seguido, nos sorprende con un apéndice del mismo…

H.A.F.: Sí, hay una contradicción evidente. La página, realmente, intenté pasarla en el libro de cuentos. Aunque, en el primero hay una madre que se muere y muchas personas les dieron el pésame a mis hermanas porque creyeron que seguía contando la historia de mi familia. En este caso, me resultó ineludible de todas maneras contar esa cola que le salió a El olvido. Espero que ya no haya ningún cabo suelto. Que El olvido sea un libro de mi pasado y que a mí mismo se me olvide..

SEMANA: ¿Cuál fue el propósito de reunir estos ensayos?

H.A.F.: Más de la mitad del libro es para contar esa investigación que me obsesionó durante un año, que fue la búsqueda del poema de El olvido. Es la historia de esa pesquisa. Creo que tiene un valor tanto biográfico como filológico, en cierto sentido, porque muestra algo que es importante, en el sentido pequeño de la historia de la obra de un gran poeta. También, quería hacer las cuentas con el pasado de mi estada en Italia, sobre todo del primer momento, que fue tan difícil. Y, en el último relato, trato de enfrentarme con el futuro, ya no con el pasado, con esa incertidumbre de lo que podemos llegar a ser y de lo que no llegamos a pesar de que en algún momento de nuestras vidas pensamos que pudimos.

SEMANA: Superó muy rápidamente ese 'tour de force' con Harold Alvarado y se volvió una obsesión con usted mismo y con Borges…

H.A.F.: La pelea con Harold es una parte, un episodio que prácticamente se me olvidó y que no es lo más importante del libro. Lo que quería hacer es una especie de novela policíaca donde no se buscaba un asesino, sino que se buscaba el autor de un poema. Y es un poco también una parodia de las investigaciones filológicas de los profesores, que son interesantes pero muchas veces aburridas. También, quería imitar algunos libros que acompañan el texto con imágenes. En esta época en que se combina tanto la imagen, la multimedia y la pantalla me parecía bonito incluir los documentos y las imágenes que soportaban la investigación.

SEMANA: Con el segundo ensayo, sentí un ejercicio muy nostálgico donde, en el fondo, me da la impresión de que añora un poco a ese Héctor que deambuló por Italia, visiblemente sin conexiones y que pone los cuernos…

H.A.F.: Este relato tiene que ver con la experiencia de volver a Italia obligado, aunque nunca voy a calificarlo de exilio o refugio político. Tuve dificultades, aunque también mucha suerte. El elemento central ahí es el odio por ser compadecido. Y, por eso mismo, postergué tanto la escritura de El olvido que seremos. Porque era un libro que podía despertar compasión. Trato de mostrar por qué ni yo ni los colombianos debemos perseguir la compasión de nadie. Debemos enfrentar nuestra historia y nuestro destino. Puede que con alguna tristeza y rabia, pero sin autoconmiseración, en el fondo, fuera muy contraproducente.

SEMANA: Hay una cosa que me llama la atención y es que de nuevo intenta con este libro proponer una escritura exigente, pero destinada a públicos más amplios que los de pequeñas elites intelectuales.

H.A.F.: Sí, hay algo que a mí no me gusta de algunos de mis colegas y es la prosa demasiado limada, demasiado pulida, que se vuelve casi relamida y, marcada por una intención de complacer a lectores, supuestamente más cultos y más inteligentes que el corriente que se acerca a leer una historia y a pasar un rato agradable…

SEMANA: Pero, al mismo tiempo, la no ficción en Colombia vive un momento muy lúgubre con los narco-bestsellers, los libros de secuestrados y las tetas…

H.A.F.: Creo que este año se nos viene una avalancha nueva de libros de secuestrados. A esos libros les veo una dignidad y es ineludible que alguien, después de una experiencia tan dura, quiera escribir o apoyarse en un periodista o en un escritor para publicar su vivencia. La receta es repetitiva, pero aquí hay tantos secuestrados que… qué se va a hacer. Respeto esos libros y respeto menos los que tratan de chuparle rueda a las telenovelas de la mafia, aunque, en el fondo, no son otra cosa que guiones previos para futuros melodramas.

SEMANA: Ha pasado de autor marginal a 'best seller', de editor de revista académica a editor de prensa; de intelectual desconocido a portada de revistas. Michel Houellbecq decía que, para él, toda esa 'vedettización' fue el comienzo del fin de su escritura…

H.A.F.: Debe ser la cosa más desagradable del mundo. No sólo no la quiero, sino que me parece un anticipo del infierno. A lo mejor por eso los tres grandes escritores colombianos -García Márquez, Mutis, Vallejo- viven en México. Allá pueden ir tranquilos por la calle.

SEMANA: Pero la 'vedettización' puede tener dimensiones bien interesantes como, por ejemplo, en su caso, ganar influencia sobre la redacción de un periódico.

H.A.F.: Que le den a uno la oportunidad de opinar o de poner un titular más parecido a lo que piensa alguien que está a favor del aborto que alguien que lo persigue no me parece poca cosa. Ojalá eso no vaya de la mano con una vedettización. Aunque es un poco irremediable...

SEMANA: En su nuevo libro, juega con el Héctor que pudo ser y no fue. Le reboto un poco la pregunta con una sensación: en el fondo lo siento muy cómodo con su destino.

H.A.F.: Me encuentro en un momento muy bueno. Durante mucho tiempo, no sé por qué pensaba que era una persona amarga e infeliz. Y, últimamente, cada día me doy más cuenta de que la amargura y la infelicidad ya quedaron atrás y que no debo expiar ninguna culpa como para estar todo el tiempo declarándome desgraciado. No, estoy viviendo una conversión, no a ninguna religión. Estoy convertido a cierta serenidad y a un goce de la existencia. No soy un escritor desesperado y horrorizado con el mundo.

SEMANA: El olvido que seremos es una obra mayor de la no ficción en Colombia. Pero hay quienes pronostican una suerte de maldición el tener un libro de este calibre.

H.A.F.: Si eso significa que voy a dejar de escribir, no. Voy a seguir escribiendo. Tengo muchas historias que quiero contar. Si eso significa que no voy a escribir nunca un libro que va a llegar tan profundamente a los lectores, puede que pase. Pero qué importa llegar con un solo libro al corazón de los lectores. La mayoría de los escritores no llega con ninguno. Llegué con uno, no puedo sentirme desgraciado por eso. Esto va a ser siempre una fortuna.

fuente: semana.com

27.9.09

Jaime Mejía Duque. In Memoriam

Jaime (a la derecha) junto al escritor cubano Edel Morales.

Por: Germán Uribe
En los años sesenta, cuando mi generación vivió la más espectacular y alucinante experiencia cultural registrada en Colombia y el mundo durante los últimos tiempos, Jaime Mejía Duque (Aguadas, Caldas, 5 de agosto de 1932) comenzó a ocupar en medio de aquella febril fiesta su tarea de crítico literario haciéndose rápidamente con el papel protagónico en dicho campo.
Manco y casi ciego, lector voraz, hombre de izquierda pero independiente y siempre reacio a las famosas 'roscas' que han inducido a tanta banalización en la cultura y especialmente en la narrativa y la poesía colombianas, de hablar tan alto y recio con la voz como con la pluma (se enfrentó a García Márquez denunciando la "desmesura" del 'Otoño del Patriarca', por ejemplo), este abogado, crítico, narrador, poeta, catedrático y ensayista, denso y provocador, murió víctima de un paro respiratorio a la edad de 76 años el pasado 24 de julio en Santa Marta a donde se había trasladado por recomendaciones médicas y en donde su familia esparció sus cenizas en el eterno mar de su bahía.
Jaime Mejía Duque, quien influyera de manera definitiva a las letras colombianas durante varias décadas, publicó durante su intelectualizada existencia centenares de artículos, reseñas y críticas en periódicos y revistas nacionales y extranjeras y, quizás con excesiva generosidad, aceptó ser jurado de un sinnúmero de concursos literarios, incluido el prestigioso Premio Casa de las Américas de Cuba en diversas ocasiones. Escribió, igualmente, una buena cantidad de libros y folletos a través de los cuales sentaba con precisión y sin concesiones de ningún tipo su opinión de crítico implacable, curtido como lo sabemos en la aplicación de métodos marxistas para los análisis que abordaba. Algunas de estas publicaciones fueron 'Literatura y realidad' (1969); 'Vanguardismos en América Latina' (1970); 'Mito y realidad en Gabriel García Márquez' (1970); 'El otoño del patriarca o la crisis de la desmesura' (1975); 'Narrativa y neocoloniaje' (1977); 'Textos censurados' (1978); 'Ensayos, Casa de las Américas' (1979); 'Momentos y opciones de la poesía en Colombia' (1979); 'Literatura y realidad' (1979); 'Isaac y María: el hombre y su novela' (1979); 'Tomás Carrasquilla, imagen de un mundo' (1983), y 'Bernardo Arias Trujillo: el drama del talento cautivo' (1990).
De él dijo recientemente Benhur Sánchez que, como don Quijote perdió la razón por la lectura de tantos libros, Jaime Mejía Duque había perdido en 1985 el ojo izquierdo y casi la totalidad de su vista porque el derecho apenas le servía, empeñado como vivía en leer sin descanso ni sosiego en buses, taxis, trenes, aviones y cuanto medio de trasporte utilizara.
Y ahora se me ocurre pensar que, también como Cervantes, manco y todo, no paraba de practicar con su brazo útil el ejercicio noble pero arriesgado de la escritura.
Cuando averiguamos por su inexplicable silencio de los últimos años supimos por su esposa Cecilia Villazón Zubiría que desde los años 90 su producción pública se fue apagando en virtud a las ya conocidas espaldas que algunos periódicos y no pocas editoriales suelen mostrarles a aquellos a quienes esgrimen algún tipo de independencia política "peligrosa", o a quienes ya creen haber exprimido por tantos años lo suficiente.
"Nunca arrodilló su pluma -concluyó Cecilia Villazón, la viuda de Jaime en declaraciones a un medio- dijo lo que tenía que decir y eso lo marcó porque era un hombre de pensamiento moderno... a Jaime no le perdonaron lo cáustico; sus ensayos críticos en los que decía de manera vertical su pensamiento. Pero nunca lo doblegaron. Por eso prefirió un bajo perfil".
Se ha ido, pues, uno de los más importantes críticos literarios que ha dado Colombia y para él, el intelectual intachable y el magnífico amigo, va nuestro conmovido homenaje.
guribe@cable.net.co


Mejía Duque Básico

Abogado, narrador, es uno de los críticos literarios más importantes que tiene Colombia. Sus obras han sido publicadas en el país y en el extranjero y es ampliamente conocido en América Latina. Autor de los libros: Literatura y realidad, Bogotá, 1969; Medellín, 1976; Mito y realidad en Gabriel García Márquez, folleto, Oveja Negra, 1970; Narrativa y neocoloniaje en América Latina, Medellín, 1972, Bogotá, 1977, Buenos Aires, 1978; El otoño del patriarca o la crisis desmesura, folleto, Bogotá, Oveja Negra, 1975, París, Cial, 1978; Contraseña, Textos censurados, Medellín, 1978. Ensayos, Casa de las Américas, 1979; Momentos y opciones de la poesía en Colombia, 1979; Isaac y "María", el hombre y su novela, Medellín, 1979, La Habana, 1980; Tomás Carrasquilla, imagen de un mundo, 1983; Ensayos, Manizales, 1980; Nueve ensayos literarios, 1986; Tomás Carrasquilla. Procultura 1990; Bernardo Arias Trujillo: el drama del talento cautivo, Manizales, 1990.


23.8.09

"En el futuro se hablará de Borges como de Shakespeare o Dante"

El próximo 24 de agosto se cumplirán 110 años del nacimiento de Borges. El especialista, biógrafo y coleccionista Alejandro Vaccaro recuerda al escritor argentino de mayor proyección universal.



EL PRIMER LECTOR. "Borges es el lector más importante de la historia de la humanidad. Él como escritor sin duda está entre los grandes, pero como lector no había con qué darle, era un lector extraordinario", rememora Vaccaro.
Jorge Luis Borges "jamás se promocionó, jamás promocionó su obra, y sin embargo sus libros se siguen vendiendo y se van a vender", señala Vaccaro, autor entre otros de Georgie 1899-1930, El señor Borges, Borges, una biografía en imágenes y Borges Vida y Literatura. El especialista considera que el autor de El Aleph y Ficciones, de cuyo nacimiento se cumplen 110 años el 24 de agosto, "se apropió de una cantidad de temas, de una cantidad de palabras. Acuñó una identidad, que es lo más difícil de hacer literariamente".
"Él comenzó a jugar en esa línea delgada que trazaba entre ficción y realidad, entre sueño y vigilia, citas reales y citas falsas. Caminó por una suerte de cornisa donde el lector tenía que estar muy atento para saber de qué estaba hablando. Y hoy todavía pasa. Hoy se lo estudia desde la matemática, desde la física, desde la teología", explica en entrevista con dpa. Vaccaro, actual presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), cargo que Borges también ocupó, relata: "Siempre sentí admiración por su obra. Y después también por él, me pareció un hombre ético, generoso, bondadoso, que vivió los últimos 40, 45 años de su vida en un departamentito de 70 metros".
"Era un hombre austero, jamás tuvo automóvil, caminaba, no tomaba alcohol. Durante 17 años fue director de la Biblioteca Nacional, pasó por distintos gobiernos que lo respetaron por su gestión", indica Vaccaro, nacido en Buenos Aires en 1951. Interrogado acerca de si comparte que fueron las ideas políticas de Borges las que lo privaron del Premio Nobel, responde que durante 25 años, "desde 1961 cuando ganó el premio Formentor hasta que murió, todos los años fue candidato. Puede ser una de las razones.
En última instancia, si esa es la razón, me parece un error grave de la Academia (Sueca) haber denegado un premio a alguien que tiene una obra muy trascendente por una cuestión extraliteraria".Vaccaro no duda en manifestar su admiración: "Yo lo respeto muchísimo como escritor, como persona y como lector. Me parece sí que Borges es el lector más importante de la historia de la humanidad. Él como escritor sin duda está entre los grandes, pero como lector no había con qué darle, era un lector extraordinario".
"Una vez dijo: 'que otros se jacten de los libros que han escrito, yo me enorgullezco de los que he leído. Uno es por lo que lee, no por lo que escribe'. Yo creo que ese es casi su legado: para ser un buen escritor hay que ser un buen lector", apunta el biógrafo y presidente de la Asociación Borgesiana de Buenos Aires.Y recuerda que a fines de los años 30 Borges escribía una página en la revista "El Hogar", y "en aproximadamente cuatro años que trabajó ahí, reseñó 200 libros". Además "manejaba cuatro idiomas (español, inglés, francés y alemán), era un buen latinista, leía en italiano". "Cuando él empezó a quedarse ciego ya había leído lo esencial", indica. Asimismo, opina que la ausencia de un museo dedicado al escritor en la Buenos Aires que lo vio nacer en 1899 es "una gran deuda que tiene esta ciudad con Borges".
"Estamos preparando para hacer un museo en la , que es una de la sedes de la Sociedad Argentina de Escritores", anticipa.Coleccionando a Borges"Estamos trabajando, hay una museóloga que está haciendo los estudios para adaptar parte de la colección a las comodidades que tenemos. No queremos apurarnos, esto lo vamos a ir llevando tranquilamente y probablemente el año que viene lo inauguremos", cuenta. Vaccaro inició su colección hace unas tres décadas, al enterarse de que había tres libros de su juventud que Borges -fallecido en Ginebra en junio de 1986- no había querido reeditar: "El tamaño de mi esperanza", "El idioma de los argentinos" e "Inquisiciones".
"Me pareció que podía haber en esos libros alguna clave que definiera algún aspecto de su obra literaria. Ahí entré en un mundo que me fue llevando. Empecé a buscar esos libros en librerías anticuarias, en librerías de viejo. Empecé a transitar un camino involuntariamente, sin proponérmelo"."Entonces me empezaron a visualizar como un comprador de libros de Borges. Cada vez que tenían algo, me llamaban. Y empecé a comprar muchas cosas. Hoy tengo una colección que tiene 20.000 piezas, con libros, documentos, manuscritos, objetos, recortes, revistas", relata Vaccaro."
A mi casa vienen profesores de universidades de todo el mundo y se sientan en un escritorio y tienen toda la obra de Borges al alcance de la mano, de su primer libro al último, todo en primeras ediciones", se enorgullece.Sin embargo, aclara: "Jamás me propuse ser coleccionista ni tener esta colección. Un día me di cuenta de que la tenía y que había que cuidarla y empecé a tomar recaudos. Tengo todo forrado con papel especial con PH neutro, está todo digitalizado". Vaccaro, quien nunca habló con Borges aunque asistió a sus conferencias, trazó una síntesis de su biografiado en apenas tres palabras: "un ser literario".
fuentes. Revista Ñ y El Mundo.es http://jmarconsusescribanias.blogspot.com