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8.12.09

El último amor de Paul Valéry

150 poemas inéditos. Un anticipo de los más encendidos

Fotografía propiedad de Mireille Fellous-Loviton, hija adoptiva y heredera de Jeanne Loviton
Poeta de gélida perfección, Paul Valéry (1871-1945) cayó fulminado, al final de sus días, por una suerte de amor fou terrible y total. Su musa, 30 años menor, acabó abandonándole. Dos meses después, Valéry moría dejando un conjunto de 150 poemas inéditos, Corona & Coronilla, rescatados en Francia el año pasado y que lanza ahora Hiperión en versión del propio editor, Jesús Munárriz. El Cultural rescata su historia y anticipa los versos más encendidos.

Amor hasta la víspera de la muerte. El poeta Paul Valéry vivió los últimos siete años de su vida una intensa y secreta historia de amor, que le colmó de ternura, de poesía y desgarro, por este orden. Su amada, Jeanne Loviton, novelista, independiente, culta y de ajetreada vida sentimen tal, le hizo tensar al poeta su vena más lírica y escribir al final de su vida centenares de poemas de amor, desconocidos e inéditos desde entonces. Muchos de ellos, hasta 150, han sido recogidos en el libro Corona & Coronilla (en español en el original), que publicará Hiperión en edición bilingüe dentro de unos días.


Él tenía 67 años y ella 35. Fue en París y en 1938 cuando se conocieron. Paul Valéry era ya por supuesto el gran poeta y el influyente pensador que fue, y Jeanne Loviton (“Jean Voilier” firmaba sus novelas) era una abogada divorciada, dueña de editoriales jurídicas y de un largo y documentado recorrido amoroso entre conocidos escritores de la época. De repente, todo cambia. Un Valéry distinto, otro hombre, bien lejano del agudo poeta cerebral, amante de disquisiciones filosóficas y científicas, se nos revela en Corona & Coronilla. Aquí está el Valéry enamorado y sensual, hipersensible, el hombre inseguro y temeroso de perder lo alcanzado: “ oh triunfo de mi ocaso, que doras mi crepúsculo con mirada de amor”. Cuando Jeanne lo abandonó, siete años más tarde, para casarse con el editor Robert Denoël, acusado por cierto de colaboracionista y más tarde asesinado, el poeta sólo sobrevivió dos meses a su tristeza.

¿Por qué estos poemas de amor de Valéry han quedado hasta ahora descolgados de su bibliografía? Poco comprensible, porque los especialistas de Valéry conocían su existencia y, sobre todo, porque el poeta, con su lucidez intelectual intacta, los corrigió y dejó escrito que “hay buenas cosas en este montón, este pobre montón de horas devotas y cantarinas... Sí que valió la pena. Forma un conjunto como no hay otro, creo, en nuestra poesía”.

El editor y traductor de la obra, Jesús Munárriz, achaca el secretismo que rodeó la existencia de estos poemas a que “su musa fuera una persona conocida y muy controvertida, una mujer envuelta en escándalos -Celine incluso le acusó de ser cómplice del asesinato de su marido- y que además viviera mucho tiempo”. Lovitón murió en efecto en 1996, con 93 años.

Los originales de los poemas, muchos más de los que se publican ahora, (algunos han sido censurados por “excesivamente explícitos”, según el editor francés, que no tuvo fácil el permiso de su publicación) fueron subastados y vendidos a las universidades de Austin (Texas) y Keio ( Japón). Quedan, al parecer, miles de cartas que algún día verán la luz.

La publicación de Corona & Coronilla es pues un acontecimiento y dibuja de otro modo el retrato de un hombre siempre atento a su proceso mental y creador. Ni rastro de estos poemas en sus Cuadernos, ese gran diario intelectual -28.000 páginas- que el poeta fue escribiendo dia a dia, “entre la lámpara y el sol”, durante 51 años. Ahora sabemos que había más. Estaban ocultos sus poemas de amor, “tesoros ciertos que funden los cuerpos”.

[QUERIDO VENENO MíO]

¡Querido veneno mío,
todo, todo en ti, la carne,
la profunda cabellera,
la Venus de tu garbeo
y la Psique de tu espíritu,
y el corazón que me entiende,
que parece responderme,
todo en ti, todo me quema,
me enloquece por unirme
a ese caudal de emoción!


[LO SIENTO, AMOR, PERO NO...]

Lo siento, amor, pero no, no son flores,
rosas no son, ni crespos crisantemos,
son versos que imaginan que me amas,
versos sin más, tontos como las lágrimas.

Lo siento, amor, no son flores, tampoco
claros diamantes ni piedras de color
para entibiarse con tu dulce calor;
son versos que a tu paso voy sembrando.

Los voy robando a esa punzante pena,
pena por ti que siempre hacia la noche,
no importa dónde esté, festivo el rostro,

se hinca en mi ser y lo hace estremecerse…
Ah si pudieran, tan pronto como se hacen,
huir de mi cabeza hacia tu corazón…


A LA PROFUNDA ROSA

Umbría y honda rosa, fragante gruta en sombra,
oh Rosa de placer, cuyo placer es llanto,
rosa húmeda a la espera de una caricia errante
por sus bordes de cáliz donde la carne es flor,

con tu agua deliciosa, oh blanda Rosa, embriaga,
hasta el divino exceso de la dicha animal,
a un corazón que huyendo de la horrible aventura
de vivir, el veneno de su extraño mal bebe…

Deja que en ti se fundan los labios favoritos
cuya labor tan tierna y sinuosa aviva
en ti cada vez más, siempre más dulcedumbre;

mientras que la belleza que te lleva palpita
y palpitante inspira una ternura hermana
que su suspiro llama y que se precipita…


[ERA HERMOSA, CON UN CORAZóN LLENO...]

Era hermosa, con un corazón lleno de contrastes:
le gustaban los patos, el amor, los pederastas
que llevan el correo en bandeja de plata.
Seguía los cursos de los Maestros, pero soñando
en una lección bien distinta, en claridades menos austeras,
en tales enseñanzas de otras complementarias,
en tal saber, seguido en la sombra, de un suspiro.
Era tierna. Era dulce acurrucarse
voluptuosamente, como una gata, en Ella.
Ver cómo iba muriendo el día en su pupila
muy cerca, y esperar en silencio el amor.


[DE TUS FRUTOS, OH JEANNE, FRESA...]

De tus frutos, oh Jeanne, fresa, durazno, almendra,
conocemos el tierno y potente sabor:
son frutos que han crecido gracias a tu fervor,
que se aprietan, se muerden, se chupan, beben, besan.

El jugo de Ternura más el zumo de Amor,
mientras va canturreando el alma con el alma,
al exprimir tus frutos, uno brota, otro cae,
y tanto uno como otro en tu sedosa estancia.


IL DISPERATO

Lo que será, pronto ya no será;
mañana está muriendo en este mismo día:
detrás de mí, que perderé lo que amo,
huye en verdad el flujo del tiempo por venir.

Días que llegaréis, estáis ya concluidos,
gentes que naceréis, hijos que el amor siembra
en el futuro con colores de poema,
muertos estáis, pues viviréis superfluos.

La vida es rica en falsa pedrería;
si acaece que la hora te sonríe
detén a la esperanza, una vieja fulana:

bajo su maquillaje mira la eterna mueca,
retén tu boca, o teme que al llegar la mañana
descubras que has besado a una inmunda babosa.

Blanca BERASATEGUI/EL Cultural.es

5.12.09

Lorrie Moore: "El humor es un puente"

La escritora estadounidense vuelve a publicar después de once años de silencio. "Aunque el humor pueda provenir de la mayor desolación tiende una escalera momentánea hacia afuera de la soledad", afirma.

¿LAS IDEAS EVOLUCIONAN? "No estoy segura de eso"opina la autora de "Al pie de la escalera".
Muchas veces se habla de "la obra" de un autor como de un mapa evolucionista: cada nuevo libro no puede sino catapultarse hacia adelante como superación o fracaso en relación a los anteriores. En todo caso, es cierto sí que los textos van trazando figuras a partir de la intervención de la crítica, pero igualmente cierto es, también, que no todos los libros persiguen consagrarse como obras cumbre dentro de esas constelaciones. Lo que sucede, en el caso de Lorrie Moore, es que en Al pie de la escalera (Seix Barral, 2009) confluyen una serie de factores que hacen difícil no juzgarla en una coyuntura trascendental.

En primer lugar, la novela viene a quebrar un largo silencio: hacía once años, desde Pájaros de América (1998), que la autora no publicaba nada. Además, en relación a sus trabajos anteriores, tanto por la densidad de los temas que aborda como por su extensión, Al pie de la escalera es recibida como la pieza de largo aliento que vendría a consagrar la madurez literaria en la carrera de Lorrie Moore.

Es claro que la presión no es poca, e igualmente claro es que obras como ésta no pueden sino generar efectos polarizados: detracción absoluta o aceptación ciega, sin puntos intermedios. Sin embargo, y si fuera posible jugar con el título y aplicar la figura de la escalera a la obra de esta autora neoyorqina, la metáfora de una serie de peldaños que sirven para comunicar espacios situados a diferentes alturas sería muy útil. En el primero de los rellanos, por ejemplo, podríamos ubicar las instrucciones para convertirse en escritor que da en su primer libro (Autoayuda, 1985) y, entre las cuales, a modo de entrenamiento literario, Moore recomienda tomar todos los empleos como babysitter que sea posible:

"Toma todos los trabajos de cuidadora de nenes que puedas. Eres muy buena con los chicos. Te aman. Les cuentas historias sobre viejos que mueren idiotas. Les cantas canciones como Campanas azules de Escocia, que es la favorita de todos. Y cuando están en pijama y finalmente dejaron de pellizcarse, cuando están bien dormidos, lees todos los manuales de sexo que encuentres en la casa, y te preguntas cómo alguien de este planeta pudo haber hecho esas cosas con una persona que realmente amaba".

Desde allí, se podría dar una zancada hasta el último descanso, donde Tassie Keltjin, una veinteañera fanatizada con Chaucer, Sylvia Plath y Simone de Beavoir, se convierte en la narradora de esta novela. Recién llegada a Troy para estudiar en la Universidad, Tassie se emplea como niñera en la casa de una pareja que se encuentra en pleno proceso para la adopción de una niña afroamericana. Corren los días del 11-S y la novela, en su totalidad, va a desarrollarse en el entreacto que va de los acontecimientos de septiembre a la guerra con Irak.

Política y sociedad

Sobre ese suelo de sentido, Moore construye una arquitectura compleja y excepcional de las relaciones humanas, atreviéndose a involucrarse con cuestiones como la discriminación, el terrorismo, las políticas de Estado, la justicia y la educación universitaria. Situado en esa edificación, el pie de la escalera vuelve el espacio liminar desde el cual la narradora –a quien algunos le han atribuido un parentesco con Holden Caulfield de El cazador oculto– puede, aun cuando lo que sucede forma parte de su experiencia vital, ejercitar la distancia necesaria para construir el relato de su propio micromundo como reflejo de la sociedad norteamericana.

Al hacerlo, Moore demuestra seguir siendo dueña de su agudeza y humor característicos, pero combinados con preocupaciones filosóficas y políticas más fundamentales. Es como si, finalmente, fuera ella misma quien, habiendo tomado todos los babysittings necesarios para el oficio, hubiera completado su propio aprendizaje literario.

Al hablar de proceso, Moore le cuenta a Ñ sus primeras incursiones en el mundo de las letras. Dice que si bien en su casa familiar había muchos libros, no fueron sus padres, sino sus maestras del colegio las que la estimularon a escribir: –Hice muchas cosas artísticas durante la infancia– cuenta.

Influencias

E inmediatamente, como burlándose de una especie de paradoja sutil, agrega: "pero mis padres se mantenían en una posición neutral respecto de todas ellas. Ellos también eran literarios y musicales en varios aspectos, pero no apostaban a eso como a una posible carrera profesional. Es llamativo porque la bisabuela de mi padre había sido cantante en la Opera Real Danesa y mi padre no dejaba de contar eso, siempre con muchísimo orgullo."

Al avanzar en la conversación, hablando ya de sus decisiones adultas como lectora y escritora de ficción, Moore reconoce que se le vuelve difícil hablar de aquellos que han influenciado su obra: "Uno espera que todo se convierta en influencias –se ríe–, que la gran literatura sea como la comida y entre y nutra la propia mente y la escritura. A veces, el escritor es el último en darse cuenta y en ser capaz de ver todo lo que lo traspasa".

Al mismo tiempo, muy a tono con el sarcasmo que practican la mayoría de sus personajes, dice que siempre existe esa pizca de vanidad que llevaría a pensar que, de algún modo u otro, uno siempre está escribiendo algo completamente original. Pero Moore escapa rápidamente de las declaraciones absolutas: hay casos en los que es esa vanidad la que la impulsa, pero hay otros en los que la energía creativa viene de lugares más simples: una taza de café, la observación entusiasta, una buena memoria.

Sarcástica

-¿Cómo piensa el mapa de la literatura norteamericana contemporánea?

-Es una pregunta muy vasta. No creo que haya una sola respuesta posible y me genera duda tener que hacer generalizaciones porque sé que siempre estaría dejando algo afuera. Me parece que la literatura norteamericana que se está escribiendo es vital y es diversa.

-El humor y el sarcasmo aparecen de varias formas a lo largo de su obra y eso no es distinto en esta última novela. ¿Qué rol consciente tienen en su escritura?

-Creo que el humor es parte de la textura de la vida humana y la conversación. Algo gracioso siempre emerge, se me ocurre. Y aunque el humor puede provenir de la mayor desolación de una persona es algo que se tiende como una escalera momentánea hacia afuera de la soledad, como un puente entre las personas.

-"Al pie de la escalera" es su primera novela después de un hiato de once años ¿Cómo fue el trabajo en ella?

-El trabajo en la novela fue, sobre todo, intermitente. Eso se debe a que soy madre y también profesora y a que, durante ese período, también escribí otras cosas: cuentos, ensayos y reseñas.

Pérdidas y dolor

-¿Cómo surge la decisión de crear un personaje principal que sea una chica joven?

-Primero porque el personaje principal es una niñera, y entonces, ella tiene la edad perfecta de la institutriz, como en Jane Eyre. Además, está suspendida, a punto de saltar hacia dentro de la adultez americana oficial. Se dijo que Tassie, la narradora de Al pie..., alcanza el balance perfecto entre la tendencia de sus personajes a jugar "trucos de lenguaje y hacer pequeños chistes tontos" y "una capacidad emocional más profunda para abrirse a experiencias emocionales más intensas".

-¿Cuál es tu opinión al respecto?

-Yo la veo como una verdadera persona de su edad, en el filo de su propia inteligencia, y con su pequeña alienación personal en el mundo.

-La novela se desarrolla en el año después del 9/11 ¿Por qué eligió ese momento? ¿Cuál es su opinión sobre el trabajo del gobierno en ese asunto internacional?

-La novela se desarrolla en el período que va de diciembre del 2001 a diciembre del 2002, que fue un tiempo de mucha convulsión nacional y al mismo tiempo de mucha pasividad. Es interesante recordar cuál era la aquiescencia del país en ese momento, mientras Bush se preparaba para construir la guerra con Irak. La pasividad como la forma que toman las malas decisiones es un tema en el libro. Por otra parte, también es cierto que termina con una protesta pública de estudiantes norteamericanos que repudian las políticas internacionales de Bush.

-"Al pie de la escalera" es una novela acerca de crecer en un mundo de pérdidas y dolor, que son, ambos, temas que aparecen en su obra desde su primer libro de cuentos, "Autoayuda" ¿De qué manera evolucionaron sus ideas al respecto de esos mismos temas desde entonces?

-¿Las ideas evolucionan? No estoy segura de eso. Al menos no la mayoría de ellas.

Aprendizaje

-En una entrevista en The Believer usted dijo que publicar en vida era permitir que el lector asistiera al "proceso de cómo aprender a escribir" ¿Cuán lejos la lleva esta novela en el camino de ese proceso?

-Cuando dije eso, en su momento, lo hice pensando en que publicar es ir creando un archivo o muestrario de "ir aprendiendo a escribir". Es eso: las obras más tempranas nunca parecen tan buenas como las últimas, esa es la manera en que el proceso de aprendizaje se pone de manifiesto para el autor.

-Ya que muchos de sus libros han sido traducidos al español, es pregunta de rigor saber cuál es su acercamiento con la literatura en esa lengua.

-Mi hijo está aprendiendo español en el colegio y yo trato de que me enseñe lo que va aprendiendo, lamentablemente nunca estudié el idioma. He leído los escritores de culto, como Borges por ejemplo, siempre en traducciones, pero me gustaría poder hacerlo en versión "original". Lamentablemente, mi español es muy pobre, se reduce, en su mayoría, a gritos deportivos como "¡Acá! ¡Acá!" y eso, claro, porque mi hijo juega mucho al fútbol.
Moore Básico

Glens Falls (Nueva York), 1957
Escritora

Reconocida como cuentista –Autoayuda, Como la vida y Pájaros de América son sus tres libros de relatos publicados– es también autora de las novelas "Anagramas" y "Hospital de ranas". Ha recibido numerosos premios, como el Irish Times International Prize for Literature, el O. Henry Award, el PEN/Malamud Award y el Rea Award for Short Story. Es miembro de la Academia Americana de las Artes y las Letras. Enseña escritura en la Universidad de Wisconsin.

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fuente: Revista Ñ

25.9.09

Bolaño: un mito en construcción.

Los críticos de Estados Unidos lo transformaron en la gran marca de la literatura latinoamericana. Su novela Los detectives salvajes destronó a Cien años de soledad . Gael García Bernal lo interpretará en el cine. Quién era y qué peligros enfrenta su obra en la era del marketing .





Por Leonardo Tarifeño
La tarde del 7 de febrero del 2003 hablé con Roberto Bolaño por última vez. Yo vivía en México DF y era coeditor de El Ángel , la revista cultural del diario Reforma , para la que él colaboraba con cierta regularidad. Esa tarde había muerto Augusto Monterroso, y mi jefe me ordenó reunir testimonios de distintos escritores sobre el gran cuentista guatemalteco, exiliado en México desde 1944. Bolaño era amigo de la casa, admiraba cierta literatura exquisita emparentada con la de Monterroso, conocía de primera mano la cultura mexicana y también sabía, como el autor de "El dinosaurio", lo que significaba vivir y escribir muy lejos del país natal. Para mí, llamarlo era una buena idea; para él, no tanto. Me atendió con afecto y franqueza, como siempre, y muy amablemente declinó la invitación. "Además, la próxima necrológica que te toque escribir va a ser la mía", me dijo, con un tono que entonces no supe si era de tristeza o ironía. No lo tomé en serio y le pedí que, si estaba tan seguro, la escribiera él y me ahorrara el trabajo (y el disgusto, debí agregar). Él insistió, entre risas, y ambos prometimos pensar en el artículo de su muerte. Menos de seis meses después, el 14 de julio de ese mismo año, Bolaño moría en España, víctima de una larga enfermedad hepática.
No sé por qué, esa tarde de julio, mi jefe no volvió a pedirme que reuniera opiniones de escritores, en ese caso acerca del creador de Los detectives salvajes . Yo no cumplí mi palabra, no escribí su necrológica (me gusta y me da miedo pensar que lo estoy haciendo ahora). Bolaño sí cumplió la suya, y de sobra, con 2666 , su monumental novela inconclusa, toda una necrológica enloquecida y brutal cuya última palabra es "México". En otra de las conversaciones que sostuvimos, siempre por vía telefónica, le reclamé que nunca apareciera por su teóricamente queridísimo Distrito Federal. Hasta donde yo sabía, lo más cerca que había estado de volver al país al que le debía, según sus palabras, su "formación intelectual" había sido en 1999, cuando Chile fue el invitado de honor de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL). Bolaño ya tenía su pasaje y había comprometido su participación en varias mesas literarias, pero a último momento prefirió quedarse en casa y pidió que en su lugar se invitara a Pedro Lemebel. "¿Por qué no vienes, si aquí se te admira, tienes amigos y la ciudad te encanta?", llegué a preguntarle alguna tarde. "Porque no se regresa al lugar del crimen", me respondió, otra vez, con un tono entre irónico y triste. Y otra vez, como si fuera un destino o simple irresponsabilidad, en aquella ocasión yo tampoco lo tomé en serio. Hasta ahora, cuando pienso que "México" fue la última palabra que escribió e intento ver allí una pista que delate al prófugo imposible de atrapar.
Pero, ¿cuál es el "crimen" cometido por Roberto Bolaño? ¿A quién o a quiénes afecta su "delito"? ¿Y qué huellas conviene seguir para absolverlo o condenarlo? En las calles de Barcelona, el esténcil con su retrato compite con los grafitis hiphoperos o las pintadas en favor del nacionalismo catalán. El pasado jueves 10 se presentó en Pekín la traducción al chino mandarín de Los detectives salvajes . En Estados Unidos, 2666 recibió el National Book Critics Award, y Time la eligió como la novela del 2008. Por esos días, la dirección de la cárcel de Huntville, en Texas, le negó el pedido de Los detectives salvajes al preso número 1.385.412, ya que el libro "transgrede el manual de orientación para reos". Un año antes, The New York Times y The Washington Post destacaron a Los detectives salvajes entre las diez mejores novelas de 2007. En octubre pasado, el temido agente literario Andrew Wylie, actual encargado de los derechos de la obra del escritor chileno, dio a conocer la aparición de El Tercer Reich , novela oculta e inédita de Bolaño, de quien su editor español, Jorge Herralde, nunca había tenido noticias. Y hace apenas tres meses se anunció que Gael García Bernal podría interpretar a Arturo Belano (álter ego de Bolaño) en la versión cinematográfica de Los detectives salvajes , dirigida por el mexicano Carlos Sama. El extraño y heterogéneo caudal de noticias a su alrededor y la creciente mitificación de su figura confirman que Bolaño se ha convertido en un fenómeno global de la literatura latinoamericana, un impacto que en términos de aceptación crítica en otras lenguas sólo parece comparable al que en su día conquistó Gabriel García Márquez con Cien años de soledad (1967). Si lo de Bolaño fue un crimen, hay motivos para pensarlo como un crimen perfecto.
¿Y sus huellas? Para aquella FIL de 1999, Bolaño rechazó el viaje a Guadalajara pero no la invitación a escribir un artículo en una edición especial del suplemento cultural Hoja por Hoja , en ese momento la principal publicación de la feria, de distribución gratuita. El motivo de su artículo era José Donoso, por cierto uno de los escritores ampliamente homenajeados en aquel encuentro. El texto de Bolaño, "El misterio transparente de José Donoso" (compilado en Entre paréntesis ), empieza de la siguiente manera:
Me cuesta escribir sobre Donoso. En casi todo estoy en desacuerdo con él. Cuando agonizaba, leí que pidió que le recitaran "Altazor", de Huidobro, y la imagen de Donoso en una cama de la que ya no iba a salir, escuchando los versos de "Altazor", me pone enfermo. No tengo nada contra Huidobro, me gusta Huidobro, pero ¿cómo alguien que se está muriendo puede querer que le lean ese poema?
Sigue así:
La herencia de Donoso es un cuarto oscuro. En el interior de ese cuarto oscuro pelean las bestias. Decir que él es el mejor novelista chileno del siglo es insultarlo. No creo que Donoso pretendiera tan poca cosa. Decir que está entre los mejores novelistas de lengua española de este siglo es una exageración, se lo mire como se lo mire.
Y concluye:
Sus seguidores, los que hoy portan la antorcha de Donoso, los donositos, pretenden escribir como Graham Greene, como Hemingway, como Conrad, como Vonnegut, como Douglas Coupland, con mayor o menor fortuna, con mayor o menor grado de abyección, y desde esas malas traducciones llevan a cabo la lectura de su maestro, la lectura pública del mayor novelista chileno.
Tal vez valga la pena aclarar que los "donositos" a los que se refería en ese párrafo eran muchos de sus colegas presentes en la FIL. Con semejante artículo-bomba, el autor no necesitó ir a la feria para estar allí y en boca de todos. El tono, el gesto y el sentido de la oportunidad visibles en "El misterio transparente de José Donoso" manifiestan los intereses de un escritor para el que la intervención y la ética literaria eran tan importantes como la obra (y de alguna manera la complementaban). Si Donoso encarnaba el rol del padre de la narrativa chilena, ahí aparecía Bolaño para dar, con tantos argumentos como recelos, la nota discordante. En sus años de joven promesa había hecho lo mismo en México, por entonces contra Octavio Paz, de quien saboteaba sus lecturas públicas junto a su amigo Mario Santiago (Ulises Lima en Los detectives salvajes ). "Bolaño tuvo una clara estrategia de solitario que impone su ley, repudia la convención, descree de la gloria y sus poderes. La condición única era su signo", escribió Juan Villoro en el prólogo a Bolaño por sí mismo . En una ya célebre entrevista para la edición mexicana de Playboy , la periodista argentina Mónica Maristain le preguntó por qué le gustaba llevar siempre la contraria, a lo que él respondió, magistral: "Yo nunca llevo la contraria". Y a Eliseo Álvarez le confesó que se hizo trotskista porque no le gustaba "la unanimidad sacerdotal, clerical, de los comunistas. Siempre he sido de izquierda y no me iba a hacer de derechas porque no me gustaban los clérigos comunistas, entonces me hice trotskista. Lo que pasa que luego, cuando estuve entre los trotskistas, tampoco me gustaba la unanimidad clerical de los trotskistas, y terminé siendo anarquista [...]. Ya en España encontré muchos anarquistas y empecé a dejar de ser anarquista. La unanimidad me jode muchísimo".
Sus ídolos eran los "pistoleros, exploradores, gambusinos, gauchos, hombres apartados de la ley común pero que se asignan a sí mismos una moralidad severa, determinada por las arduas condiciones de su oficio", recuerda Villoro. En una entrevista donde se le preguntó de qué forma regresaría a la Tierra después de muerto, Bolaño contestó que lo haría convertido en "colibrí, que es el más pequeño de los pájaros y cuyo peso, en ocasiones, no llega a los dos gramos. La mesa de un escritor suizo. Un reptil del desierto de Sonora". Como los francotiradores, el detective salvaje en persona sólo era tal si actuaba en soledad (a lo mejor por eso disfrutaba tanto la presencia de los amigos, como han asegurado Rodrigo Fresán, Antoni García Porta y Villoro, entre otros compañeros de ruta). Hijo de un boxeador, parecía creer que sus palabras sólo tenían sentido si las pronunciaba desde el ring. Lo curioso es que sus provocaciones y desmesuras, hoy transformadas en la marca registrada de una rebeldía neobeatnik, tienen más de guanteo con un sparring que de pelea por el título mundial. Años después de atacar a Octavio Paz en su propio territorio, comentó en más de una oportunidad que admiraba algunos de sus ensayos y al menos "cuatro poemas" suyos. La crítica a Donoso termina por orientarse a sus probables discípulos. Y de Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez, prohombres del boom a los que alguna vez miró con desconfianza, en 1999 afirmó que "son superiores, y no creo que el tiempo vaya a perjudicar sus obras". En cada escaramuza del hombre que trabajó como descargador de barcos (en Francia) y sereno de un camping (en España) no late el dogma concluyente del gurú, sino la búsqueda permanente de quien no ignora que "la literatura no se hace sólo de palabras". La misma búsqueda que realizan Ulises Lima y Arturo Belano en pos de Cesárea Tinajero en Los detectives salvajes , la aventura que recorre la esquiva identidad de Benno von Archimboldi en 2666 .
Tal vez el crimen no tan perfecto de Bolaño haya sido sostener que el oficio literario exige algo más que destreza lingüística, sin ser nunca lo suficientemente explícito con lo que trataba de decir. Es posible que no haya manera de ser explícito en esas cuestiones; quizás en la literatura y el arte hay ciertos asuntos importantes que no se pueden explicar. No parece exagerado afirmar que el escritor chileno murió en el intento por ser lo más claro posible en este asunto, y que de veras lo fue gracias a la insólita potencia que vibra en 2666 . "Muchas pueden ser las patrias de un escritor, se me ocurre ahora, pero uno solo el pasaporte, y ese pasaporte evidentemente es el de la calidad de la escritura -dijo, en voz alta, en su discurso de agradecimiento por el premio Rómulo Gallegos a Los detectives salvajes -. Que no significa escribir bien, porque eso lo puede hacer cualquiera, sino escribir maravillosamente bien, y ni siquiera eso, pues escribir maravillosamente bien también lo puede hacer cualquiera. ¿Entonces qué es una escritura de calidad? Pues lo que siempre ha sido: saber meter la cabeza en lo oscuro, saber saltar al vacío, saber que la literatura básicamente es un oficio peligroso." En sus libros, en especial Estrella distante y La literatura nazi en América , da la impresión de que el mayor peligro de la literatura consiste en la formación de eruditos inmorales, torturadores ilustrados, "dandys del horror", en palabras de Villoro. En Bolaño, la cultura no salva, y por el contrario, muchas veces es garantía de exquisita sordidez. Como en los cuentos de Llamadas telefónicas , el narrador -de fuerte impronta autobiográfica- advierte que el mundillo de escritores y críticos es de lo más turbio y dudoso que se pueda imaginar, y allí sospecha que la presunta nobleza del arte debe de estar en otro lado. Ante ese panorama, el detective salvaje busca, y en su investigación descubre que tal vez aprenda a saltar al vacío si es fiel a una fuerte ética literaria y personal. El escritor sube al ring, y ahí descubre que enfrente lo esperan los enigmas de su oficio. La ética y la estética son lo mismo. Por eso es que salir a dar batalla es tan importante como escribir un gran libro.
Con razón, el crítico español Ignacio Echevarría ha señalado que la figura dominante en la obra de Bolaño es el poeta. El prosista consagrado se veía a sí mismo como poeta, y los poemarios Tres , Los perros románticos y La universidad desconocida son algo más que la bitácora del narrador clandestino. En su mirada, el poeta es aquel donde ética y estética consuman su particular matrimonio, lo más parecido a un superhéroe de la literatura. En alguna entrevista, el autor dijo que si tuviera que asaltar el banco más seguro del mundo lo haría en compañía de poetas, y el relato "Enrique Martín" comienza con un enunciado que también es una declaración de principios: "Un poeta lo puede soportar todo. Lo que equivale a decir que un hombre lo puede soportar todo. Pero no es verdad: son pocas las cosas que un hombre puede soportar. Un poeta, en cambio, lo puede soportar todo". Durante una cena, a Villoro le dijo: "Soy un marine; donde me pongas, resisto". Y en el formulario con el que pidió la beca Guggenheim, a la hora de rellenar el apartado de "trabajos realizados", Bolaño anotó: "Todos los oficios". La extraordinaria candidez que recorre a los jovencísimos Ulises Lima y Arturo Belano en la búsqueda de los secretos de la poesía (y de la vida) parece asomar en ese formulario indiscreto. Con la candidez no se va muy lejos, pero el mundo no se cambia si no se es un poco cándido. ¿Qué seriedad hay en el escritor que pide una beca y se define como trabajador de "todos los oficios"? La insobornable seriedad del cándido. En esa línea, quienes lo conocieron recuerdan que le gustaba considerarse "cazador de cabelleras". La frase aparece en el relato "Sensini" y apunta a los escritores que, como el propio Bolaño, vivían de alzarse con los jugosos e ignotos premios literarios de provincias. Pero el premio máximo del "cazador de cabelleras" es conquistar la del rival más poderoso (Paz, Donoso) y cuidar la propia, tarea para la cual quizá no haya nada mejor que haberse ejercitado en "todos los oficios". Aunque el mundo lo entienda y lo valore por eso, o no lo entienda y lo desprecie por la misma razón.
Hoy resulta difícil saber si el éxito de Bolaño es una huella que lo condena o lo absuelve en su peculiar aventura literaria y vital. Es el escritor en lengua española más reconocido de su generación, y la unanimidad que tanto despreciaba comienza a amenazarlo. A mí me gusta creer que la clave de su presente y futuro está escondida en una escena de La pista de hielo (1993), novelita muy menor si se la compara con Los detectives salvajes o 2666 . El fragmento en el que pienso es cuando Nuria, campeona de natación, entra en el mar, y uno de los personajes masculinos, enamoradísimo de ella, la sigue. Nuria avanza y se mete cada vez más adentro entre las olas; el hombre da su mejor esfuerzo para alcanzarla y cuando llega advierte que no tendrá energías para volver. Para él, cada brazada es algo que lo conduce a la felicidad o al abismo, y lo único seguro es que el momento es un mal momento; sin embargo, y aun en contra de las evidencias, las da igual, simplemente porque es algo que no puede dejar de hacer. A lo lejos, desde el mar, la playa es un horizonte alucinado e imposible, pero la mujer se acerca y lo ayuda para que pueda regresar. Del mismo modo, Bolaño y su literatura fueron más llá de donde creían poder ir, y serán algunos de sus nuevos lectores -no el marketing ni el cine- los que ubiquen sus libros, ilusiones y salidas de tono en su justa dimensión. De eso se trata el verdadero crimen perfecto.

24.9.09

La monstruosa vida de sir Vidia Naipaul

UN MATRIMONIO POCO FELIZ. "Puede decirse que yo la maté. Yo me siento algo responsable de lo sucedido", confiesa Naipul en la biografía sobre la enfermedad que terminó con la vida de su ex su mujer.

Tras recibir el Nobel, Naipaul pensó que necesitaba una biografía "como Dios manda", y se la pidió a Patrick French, que presenta la cara más cruel del escritor indio.

"Mi misión no ha sido sacar conclusiones, sino exponer el sujeto a los ojos tranquilos del lector", afirma flemáticamente Patrick French, el inglés de 43 años que ha culminado El mundo es así (Duomo), la biografía autorizada de V. S. Naipaul, premio Nobel de Literatura 2001, presentada el jueves en Madrid.

Al repasar la infancia y juventud del escritor en Trinidad, en una familia de emigrantes indios, French describe un entorno que hoy definiríamos, al menos, como disfuncional. Naipaul era un joven genial, depresivo y arrogante, y con serios problemas para desenvolverse en un entorno social y para relacionarse con las chicas. Consiguió una beca en Oxford e intentó suicidarse una vez. Su noviazgo con otra estudiante, Pat, le ayudó a salir del pozo.

Tras recibir el Nobel, Naipaul pensó que necesitaba una biografía como Dios manda, y se lo pidió a French, a quien conocía por haber leído su libro sobre el explorador Younghusband. "Dudé", confiesa French, quien ha pasado cinco años en archivos, entrevistando a gente y escribiendo.

La paradoja es que el hombre que ha retratado magistralmente la vida cotidiana en Trinidad abjura de sus orígenes. Le dice a su madre: "Trinidad es un sitio demasiado pequeño, sus valores están todos equivocados y su gente es mezquina". Sobre las revelaciones del libro, Naipaul piensa: "No me afecta en lo más mínimo lo que la gente piense de mí". De hecho, confiesa French, "de toda la gente con la que he hablado para este libro - unas 80 entrevistas-él ha sido el más sincero".

Aunque la obra es un estudio minucioso, lo que ha hecho las delicias de la prensa británica son sus correrías sexuales, con todos los ingredientes necesarios. "Para él fue una catarsis - revela French-,porque no había hablado antes de estos temas". La cosa empieza ya con el abuso sufrido por parte de un primo cuando era niño y prosigue con alguna que otra vaga experiencia homosexual entre brumas de alcohol. Asu esposa, Pat, no sólo le fue infiel, sino que le minó su autoestima, le hizo abandonar su incipiente carrera en el teatro - "ese capricho"-y la sometió a enormes frustraciones. La fue alternando con su gran amante, la argentina Margaret, incluso en sus viajes. "Tenía lo que quería, una madre en casa y una puta en Sudamérica".

La atracción por Margaret fue intensamente sexual, con un perfil sadomasoquista. "Su relación duró 25 años. Margaret se sentía esclavizada por un hombre al que se había hecho adicta sexual y emocionalmente.

"Aunque Vidia parecía tener el control, también estaba atrapado". Una vez, la reacción celosa del escritor fue monstruosa: "La traté con extrema violencia durante un par de días, se me fue la mano; me empezó a doler la mano, pero a ella le daba lo mismo. Tenía la cara en mal estado. La verdad es que no podía dejarse ver en público. Yo tenía la mano hinchada".

En 1989 a Pat se le declaró un cáncer. Tras diversos tratamientos, parecía que la enfermedad ya no se iba a reproducir más. Hasta que, un día de 1994, en una entrevista, Naipaul declaró que durante su matrimonio se había convertido "en un gran putero". Su esposa se enteró de semejante anécdota leyendo la revista y, al poco, como relata el propio Naipaul, "enfermó de nuevo, la gente dice que eso del cáncer puede volver a la carga con el dolor y las desdichas". Pat murió y Vidia carga con la culpabilidad desde entonces: "Puede decirse que yo la maté. Yo me siento algo responsable de lo sucedido". También dejó a Margaret porque "alcanzó la mediana edad, era casi una vieja". En un viaje a Pakistán conoce a Nadira, una periodista 24 años menor. Se acuesta con ella, le cuenta su vida y en 1995, tras morir Pat, se casan.

French también se detiene en su relación con otro escritor, Paul Theroux, autor del furibundo retrato La sombra de Naipaul. Theroux aparece como un servil adulador, fascinado por un Naipaul que cada vez le hace menos caso. "No se dio cuenta de que le veía como una mezcla de ayudante de campo y bufón, con lo que su rechazo final era inevitable".

El mundo es así supone, hasta ahora, la mayor aportación realizada sobre la vida de Naipaul. Para French, "se aplica el mismo rigor que él aplica a los demás. Si en algo cree es en decir la verdad aunque duela".

Naipaul Básico
1933-Trinidad. Escritor.Cuando en 2001 recibió el Nobel de Literatura, la Academia justificó la elección por "la simplicidad, belleza y poderío de la elegante prosa con que habla de la esclavitud, el victimismo, la revolución, la guerrilla, la opresión, la pobreza y el fundamentalismo religioso, en un difícil equilibrio tragicómico".

© La Vanguardia y Clarín

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