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14.1.10

Invitados de peso al Hay Festival

Conozca quiénes asistirán al encuentro literario en Cartagena de Indias del 28 al 31 de enero.

El escritor peruano Mario Vargas Llosa será uno de los invitados especiales a la próxima edición del Hay Festival, en Cartagena. Foto: Efe. fUENTE VIVE.IN

"El escritor peruano Mario Vargas Llosa y el canadiense Michael Ondaatje (El paciente inglés) encabezan la lista de invitados internacionales que llegarán a Cartagena para participar en el Hay Festival, del 28 al 31 de enero.

Junto a ellos estarán, también, Raul Zelik, de Alemania; Zoé Valdés, de Cuba; Judith Thurman y Jon Lee Anderson, de Estados Unidos; Mathias Enard, Oliver Guez y Francis Pisani, de Francia; Paolo Giordano, de Italia; Joumana Haddad y Habib Selmi, del Líbano; Mario Bellatín, Michael Christopher Domínguez, Chloe Aridjis, Guillermo Fadanelli y Jordi Soler, de México; Ibrahim Nasrallah, de Palestina; Sergio Dahbar y Francisco Suniaga, de Venezuela, y el músico camerunés Manu Dibango.

Por su parte, la delegación colombiana supera los 30 participantes, entre periodistas, escritores, historiadores y promotores culturales (ver nota anexa).

A ella, se unen las otras dos representaciones de invitados más numerosas: la del Reino Unido y la de España.


Paolo Giordano (Italia)

El joven escritor Paolo Giordano (Turín, 1982) saltó a la fama en el 2008 con su novela La soledad de los números primos, con la que ganó los premios Campiello a la mejor Ópera Prima, Fiesole Narrativa Under 40 y el Strega. A sus 26 años, es el escritor más joven en ganar este último galardón. Según el suplemento del diario La Stampa, la novela de Giordano se convirtió en el libro más vendido en el 2008, al superar el millón de copias.

Ibrahim Nasrallah (Palestina)


El poeta Nasrallah (1954) se ha desempeñado también como periodista, pintor y fotógrafo. Estudió en las escuelas de la Agencia de Naciones Unidas para los refugiados de Palestina en Oriente próximo. Fue profesor dos años en Arabia Saudí y trabajó como periodista entre 1978 y 1996. A su regreso a Jordania, colaboró para varias publicaciones.

Mario Bellatín (México)

Mario Bellatín (1960) es considerado una de las voces literarias mexicanas más interesantes de los últimos años, según la crítica de varios medios internacionales. Estudió Teología y Ciencias de la Comunicación, en Lima (Perú). En Cuba realizó cursos de guión cinematográfico en el taller de García Márquez. Su primera novela fue Mujeres de sal (1986). En el 2008 ganó el Premio Mazatlán de Literatura por su novela El gran vidrio.

Zoé Valdés (Cuba)

Una novelista obsesionada con los secretos que esconden los cuadros del Museo de Louvre es la protagonista de la novela más reciente de la escritora cubana Zoé Valdés, otra de las invitadas este año al Hay.
Valdés (La Habana, 1959) ha hecho parte de la delegación cubana ante la Unesco en París y trabajó como subdirectora de la revista Cine Cubano de 1990 a 1995, cuando se exilió en la capital francesa, en donde vive en la actualidad.

En el 2004, ganó el premio Ciudad de Torrevieja con su novela La eternidad del instante.
Es autora, además, de La ficción Fidel (2008), La cazadora de astros (2007) y Bailar la vida (2006).

Joumana Haddad (Líbano)

La poeta Haddad (Beirut, 1970) es también periodista y traductora y coordina las páginas culturales del periódico An Nahar. Es además la administradora del premio Booker árabe y la redactora jefe de la revista Jasad. Entre sus libros, se encuentran Con ladrones del fuego, Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, Malas costumbres y Espejos de la pasante en el sueño.


Michael Ondaatje (Canadá)

El poeta y novelista canadiense Michael Ondaatje es considerado como uno de los renovadores de la lengua inglesa, junto a sus colegas británicos Martin Amis o Ian McEwan.
Nació en 1943, en Colombo (Sri Lanka), estudió en Inglaterra y a los 19 años se trasladó a Canadá, en donde ha vivido desde entonces.
Poseedor de una gran obra, es más conocido, quizás, por su novela El paciente inglés (1992), con la que ganó el premio Booker y que fue llevada al cine por el fallecido director Anthony Minghella.
Otras de sus novelas son En la piel de un león (1987) y El fantasma de Anil (2000), con la que ganó el premio Medici de novela.
En el campo poético es autor de Los monstruos cotidianos (1967) y El hombre con siete dedos en los pies (1969).
En la actualidad, Ondaatje ejerce la cátedra en la Universidad de York (Toronto).

Jon Lee Anderson (E.U.)

El periodista estadounidense Jon Lee Anderson (California, 1957) es un profundo analista de América Latina. De hecho, su biografía sobre el mítico Che Guevara es uno de los libros más estudiados en las cátedras de perfil periodístico, en diferentes universidades. Junto a los temas regionales, Anderson es un curtido reportero de guerra. En los últimos años se ha dedicado a investigar los conflictos bélicos posteriores a los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Numerosa delegación colombiana

Con periodistas, escritores e historiadores, entre otros, la representación colombiana será una de las más numerosas en el Hay.

Entre los participantes se encuentran los periodistas Roberto Pombo, director de El Tiempo; Daniel Samper Pizano; Alejandro Santos Rubino, director de la revista Semana; Jaime Abello Banfi, de la Fudación Nuevo Periodismo; además de Juan David Correa, Juan Gossaín, Mario Jursich, Marianne Ponsford, Catalina Gómez y Marcos Schechtman.

Los acompañarán los escritores William Ospina, Enrique Serrano, Darío Jaramillo Agudelo, Juan Gabriel Vásquez,Óscar Collazos, David Sánchez Juliao, Héctor Abad Faciolince, Ramón Cote, Yolanda Reyes, Celso Román, Hugo Chaparro, Carolina Andújar, Susana Castellanos y los wayuu Vicenta Siosi y José Ángel Fernández.

La presencia colombiana la cierran los historiadores Carlos José Reyes y Eduardo Posada Carbó, el genetista Jaime Bernal Villegas, el antropólogo Weidler Guerra Curvelo, las investigadoras Esthercita Simancas y Margarita Valencia, los promotores culturales Guido Tamayo y Tatiana Jaramillo, el cineasta Sergio Cabrera y el libretista Juan Carlos Pérez Flórez."

6.12.09

Seducido por los hechos


LIBROS
Héctor Abad publica por estos días un nuevo libro, una compilación de tres ensayos bajo el título de Traiciones de la memoria. Nicolás Morales lo entrevista para SEMANA.
Héctor Abad Faciolince alcanzó fama mundial con su libro El olvido que seremos

SEMANA: A propósito del nuevo libro, lo siento muy cómodo escapando de la ficción y volviendo al ensayo autobiográfico…

HÉCTOR ABAD FACIOLINCE: Sí, es cierto. De hecho, la novela que estoy escribiendo en este momento también está llena de elementos de no ficción y está hecha a partir de los recuerdos de un personaje, de un cura que yo conocí hace unos 30 años y que fue muy amigo mío. Tal vez, he descubierto que me siento más cómodo en algo que es no ficción o que es ficción en el sentido de que es mala memoria.

SEMANA: Sospecho que es recíproco y que el público también se siente más cercano a sus relatos autobiográficos que a la ficción. Me parece que su último libro de cuentos no fue propiamente un suceso editorial.

H.A.F.: El amanecer es un libro de cuentos y estos son menos comerciales. Sin embargo, para un libro de este tipo ha sido bueno porque ha tenido seis ediciones. Claro que no es nada comparable con El olvido que seremos. Creo que tiene razón y que es recíproco. Soy muy malo para decir mentiras. Ni siquiera cuando la ficción es pura verdad, me creen. Es que con esta cara de pelota, siempre tengo que decir la verdad.

SEMANA: Anda diciendo que quiere pasar la página de 'El olvido que seremos' y, a renglón seguido, nos sorprende con un apéndice del mismo…

H.A.F.: Sí, hay una contradicción evidente. La página, realmente, intenté pasarla en el libro de cuentos. Aunque, en el primero hay una madre que se muere y muchas personas les dieron el pésame a mis hermanas porque creyeron que seguía contando la historia de mi familia. En este caso, me resultó ineludible de todas maneras contar esa cola que le salió a El olvido. Espero que ya no haya ningún cabo suelto. Que El olvido sea un libro de mi pasado y que a mí mismo se me olvide..

SEMANA: ¿Cuál fue el propósito de reunir estos ensayos?

H.A.F.: Más de la mitad del libro es para contar esa investigación que me obsesionó durante un año, que fue la búsqueda del poema de El olvido. Es la historia de esa pesquisa. Creo que tiene un valor tanto biográfico como filológico, en cierto sentido, porque muestra algo que es importante, en el sentido pequeño de la historia de la obra de un gran poeta. También, quería hacer las cuentas con el pasado de mi estada en Italia, sobre todo del primer momento, que fue tan difícil. Y, en el último relato, trato de enfrentarme con el futuro, ya no con el pasado, con esa incertidumbre de lo que podemos llegar a ser y de lo que no llegamos a pesar de que en algún momento de nuestras vidas pensamos que pudimos.

SEMANA: Superó muy rápidamente ese 'tour de force' con Harold Alvarado y se volvió una obsesión con usted mismo y con Borges…

H.A.F.: La pelea con Harold es una parte, un episodio que prácticamente se me olvidó y que no es lo más importante del libro. Lo que quería hacer es una especie de novela policíaca donde no se buscaba un asesino, sino que se buscaba el autor de un poema. Y es un poco también una parodia de las investigaciones filológicas de los profesores, que son interesantes pero muchas veces aburridas. También, quería imitar algunos libros que acompañan el texto con imágenes. En esta época en que se combina tanto la imagen, la multimedia y la pantalla me parecía bonito incluir los documentos y las imágenes que soportaban la investigación.

SEMANA: Con el segundo ensayo, sentí un ejercicio muy nostálgico donde, en el fondo, me da la impresión de que añora un poco a ese Héctor que deambuló por Italia, visiblemente sin conexiones y que pone los cuernos…

H.A.F.: Este relato tiene que ver con la experiencia de volver a Italia obligado, aunque nunca voy a calificarlo de exilio o refugio político. Tuve dificultades, aunque también mucha suerte. El elemento central ahí es el odio por ser compadecido. Y, por eso mismo, postergué tanto la escritura de El olvido que seremos. Porque era un libro que podía despertar compasión. Trato de mostrar por qué ni yo ni los colombianos debemos perseguir la compasión de nadie. Debemos enfrentar nuestra historia y nuestro destino. Puede que con alguna tristeza y rabia, pero sin autoconmiseración, en el fondo, fuera muy contraproducente.

SEMANA: Hay una cosa que me llama la atención y es que de nuevo intenta con este libro proponer una escritura exigente, pero destinada a públicos más amplios que los de pequeñas elites intelectuales.

H.A.F.: Sí, hay algo que a mí no me gusta de algunos de mis colegas y es la prosa demasiado limada, demasiado pulida, que se vuelve casi relamida y, marcada por una intención de complacer a lectores, supuestamente más cultos y más inteligentes que el corriente que se acerca a leer una historia y a pasar un rato agradable…

SEMANA: Pero, al mismo tiempo, la no ficción en Colombia vive un momento muy lúgubre con los narco-bestsellers, los libros de secuestrados y las tetas…

H.A.F.: Creo que este año se nos viene una avalancha nueva de libros de secuestrados. A esos libros les veo una dignidad y es ineludible que alguien, después de una experiencia tan dura, quiera escribir o apoyarse en un periodista o en un escritor para publicar su vivencia. La receta es repetitiva, pero aquí hay tantos secuestrados que… qué se va a hacer. Respeto esos libros y respeto menos los que tratan de chuparle rueda a las telenovelas de la mafia, aunque, en el fondo, no son otra cosa que guiones previos para futuros melodramas.

SEMANA: Ha pasado de autor marginal a 'best seller', de editor de revista académica a editor de prensa; de intelectual desconocido a portada de revistas. Michel Houellbecq decía que, para él, toda esa 'vedettización' fue el comienzo del fin de su escritura…

H.A.F.: Debe ser la cosa más desagradable del mundo. No sólo no la quiero, sino que me parece un anticipo del infierno. A lo mejor por eso los tres grandes escritores colombianos -García Márquez, Mutis, Vallejo- viven en México. Allá pueden ir tranquilos por la calle.

SEMANA: Pero la 'vedettización' puede tener dimensiones bien interesantes como, por ejemplo, en su caso, ganar influencia sobre la redacción de un periódico.

H.A.F.: Que le den a uno la oportunidad de opinar o de poner un titular más parecido a lo que piensa alguien que está a favor del aborto que alguien que lo persigue no me parece poca cosa. Ojalá eso no vaya de la mano con una vedettización. Aunque es un poco irremediable...

SEMANA: En su nuevo libro, juega con el Héctor que pudo ser y no fue. Le reboto un poco la pregunta con una sensación: en el fondo lo siento muy cómodo con su destino.

H.A.F.: Me encuentro en un momento muy bueno. Durante mucho tiempo, no sé por qué pensaba que era una persona amarga e infeliz. Y, últimamente, cada día me doy más cuenta de que la amargura y la infelicidad ya quedaron atrás y que no debo expiar ninguna culpa como para estar todo el tiempo declarándome desgraciado. No, estoy viviendo una conversión, no a ninguna religión. Estoy convertido a cierta serenidad y a un goce de la existencia. No soy un escritor desesperado y horrorizado con el mundo.

SEMANA: El olvido que seremos es una obra mayor de la no ficción en Colombia. Pero hay quienes pronostican una suerte de maldición el tener un libro de este calibre.

H.A.F.: Si eso significa que voy a dejar de escribir, no. Voy a seguir escribiendo. Tengo muchas historias que quiero contar. Si eso significa que no voy a escribir nunca un libro que va a llegar tan profundamente a los lectores, puede que pase. Pero qué importa llegar con un solo libro al corazón de los lectores. La mayoría de los escritores no llega con ninguno. Llegué con uno, no puedo sentirme desgraciado por eso. Esto va a ser siempre una fortuna.

fuente: semana.com

3.12.09

Rentabilidad, subvención y cultura

Gestores y creadores afrontan sin complejos la reducción de presupuestos




Ahora que la Canción de Navidad de Dickens vuelve a estar de moda, el mundo de la cultura regresa al pasado: en 2010 la Biblioteca Nacional tendrá el mismo presupuesto que en 2005, mientras el Ministerio de Cultura intenta justificar el recorte de 11 por ciento de sus presupuestos. Museos, teatros y bibliotecas tensan la imaginación para lograr el dinero que les permita seguir subsistiendo. Pero ¿por qué parece vergonzante invertir en cultura?¿Debe estar subvencionada? ¿Por quién y hasta qué límite? ¿Qué frontera están dispuestos a cruzar los gestores de centros como el Reina Sofía o La Casa de América para ser rentables? Directores de museos y compañías, intelectuales y creadores, toman la palabra en El Cultural...


Inversión, no subvención

En períodos de crisis económica como el que vivimos, los presupuestos públicos de la cultura tienen también que apretarse el cinturón. A nadie le gusta ver sus recursos disminuidos (el presupuesto de la BNE se verá recortado en un 10% el próximo año y nos retrocederá a 2005) pero soy de los que creen que las crisis deben ser abordadas como una oportunidad de gestionar mejor poniendo a prueba la creatividad, que tiende a aletargarse en tiempos de bonanza, y, de asegurar que nada fundamental se quede en la cuneta de la crisis. En mi opinión, la rentabilidad de la cultura no se puede medir sólo en términos de PIB estrictamente económico. ¿Cuál es el ingrediente fundamental del tan famoso I+D+i sino la creatividad, ese recurso natural tan bien repartido que es además renovable y no contamina? Soy una convencida de que el nuevo modelo de desarrollo en el siglo XXI será fruto de la creatividad, o no será.

En la era de la globalización todos los países compiten en todos los terrenos. También en el de las industrias culturales. La dificultad estriba en que no todos salen a la palestra compitiendo con las mismas armas. Es, pues, no sólo lógico sino deseable que los Estados apoyen a sus industrias culturales, con el fin de crear las condiciones que permitan a sus protagonistas desarrollar su musculatura creativa e intelectual, asegurando una vibrante diversidad cultural a nivel global. La pinza “globalización + tecnologías” debe encontrar respuesta en las políticas públicas de cultura. Hay una voluntad unánime de los Estados a favor de sus industrias culturales, que quedó expresada en la Convención sobre la Diversidad de los Contenidos Culturales (UNESCO, 2005). Tras 16 años de trabajar por esta causa desde la UNESCO, no ha dejado de sorprenderme que el público español no parezca ser consciente de esta necesidad y, en vez de apostar por nuestra literatura, nuestro cine, etc., es decir, por nuestro propio universo imaginario, parezca preferir los cantos de sirenas y hasta se escandalice de las ayudas públicas a la cultura. Claro está, es de vital importancia que la acción de apoyo estatal a las industrias culturales responda a una clara estrategia de inversión en las mismas y se desarrolle en un marco de total transparencia, ajeno a toda tentación de clientelismos. El apoyo de los Estados a la cultura debe tener la consideración de inversión y no de subvención. La inversión estimula porque incita al sector a asumir riesgos. Por el contrario, la subvención adormece y, a la larga, crea adicción. MILAGROS DEL CORRAL (Directora de la Biblioteca Nacional)


La cultura solapada con el cine

En los enfoques más dinámicos la cultura es el mejor embajador de un país, de una nación, de una lengua. Eso es lo que hace que Francia se halle tan presente en todas partes aunque no se halle en el mejor momento. El problema es que en nuestro país nunca se ha acabado de entender este carácter que toda cultura dinámica tiene. Se inició un proceso distinto con el anterior Ministerio, pero fue truncado por razones que no acaban de explicarse. Hoy podemos asegurar que la cultura se solapa con el cine, lo cual es una perspectiva pobre, limitada. Recortar la cultura significa amputar posibilidades de proyección de España en el extranjero. La idea de que la cultura tiene que ser rentable nos lleva inevitablemente a tratarla con el mismo baremo que otros productos comerciales. Pero la cultura es sui generis. No puede ser que sólo estén vigentes criterios de rentabilidad, con total indiferencia respecto a la calidad. Además, la cultura posee instituciones que requieren ayudas privadas y públicas, como la ópera o la música clásica, especialmente la música contemporánea. EUGENIO TRIAS (Filósofo)


Cambiar la ley de mecenazgo

Como artista y director de una compañía de ballet clásico, y como español, pienso que si el país está en crisis y es necesario hacer recortes, éstos deberían ser más equilibrados: si se hacen recortes se hacen a todos. La mayoría de las veces los proyectos se ven apoyados única y exclusivamente por las Comunidades Autónomas, que con gran esfuerzo quieren que estas iniciativas sigan en pie, sin llegar a entender por qué desde el Gobierno Central no se les da la importancia que, no sólo a nivel regional, sino también nacional e internacional, están generando. Creo que los responsables de la política cultural deberían tener suficiente conocimiento de cada proyecto y valorar su apoyo dependiendo de su calidad y de su repercusión cultural, social y educativa. Desde luego cambiaría la ley de mecenazgo; a muchas personas físicas y entidades les gustaría colaborar en proyectos culturales, pero en la situación actual, si lo apoyan es de forma altruista, sin ningún tipo de compensación a cambio. Y también creo que los medios de comunicación tienen en sus manos buena parte de la solución, si difundieran más el arte habría más demanda, por lo que sería más rentable. ÁNGEL CORELLA (Bailarín y director del Corella Ballet)


¿Juntos la excelencia y lo popular?

¿Tiene que ser la cultura rentable? No obligatoriamente. Para muchos, es una forma de seguir educándonos. ¿Se pueden dar juntos la excelencia y lo popular? A veces. Lo que está claro es que tiene que estar al alcance de todos. Desde lo público hay que defender la democracia cultural. Y ahí es donde entran los poderes públicos. Son éstos los que tienen que dar un abanico más amplio de posibilidades a sus ciudadanos. ¿Tiene riesgos la cultura pública/protegida? Por supuesto, porque está siempre en movimiento, y lo que hoy tiene necesidad de ser acogido/ayudado puede ser que mañana sea una manifestación, una lengua o una costumbre que en un futuro no necesite ayuda. La defensa de la cultura pública tiene que ser siempre maleable y estar siempre vigilante. Porque al acompañarla estás accionando sobre ella de una forma subjetiva. Por eso las personas responsables de su protección tienen que ir cambiando con periodicidad.

Si en estos momentos dependiéramos sólo de lo que es rentable, la mayor parte de la educación que recibiríamos nos haría personas más simples y, por tanto, más vulnerables a los poderes económicos. Cuanta menos riqueza cultural, menos posibilidad de razonamiento diferente, menos pensamiento y, finalmente, menos rechistar. ÁLEX RIGOLA (Director teatral)


Dirigir es elegir

Amparados por la crisis, los recortes presupuestarios en materia cultural están siendo brutales para todos, particularmente, en nuestro caso, los de la Comunidad de Madrid. Pero no nos engañemos, no se trata de una cuestión ideológica sino de una situación económica general, dramática, en la que nos encontramos, desde Parla o Bombay a Nueva York, y que parece justificarlo todo. Aún así, nuestro enfoque, el del Círculo de Bellas Artes, es por entero distinto al de otras instituciones culturales grandes o pequeñas, ya sean el Prado o la Casa de América, el Reina, la Residencia o el Teatro Real, porque nosotros somos una institución privada que recibe tan sólo un 22 por ciento de su presupuesto en ayuda pública y que tiene claro qué fronteras no ha de traspasar. Aquí no montaríamos jamás, como propuesta del Círculo, una exposición descaradamente comercial y sin el menor interés intelectual o estético como la del MoMA sobre Tim Burton: antes cerraríamos las exposiciones, porque eso responde a un distinto modelo cultural, el que confunde, intencionadamente, lo que es la cultura con la industria. Y en España se empiezan a dar casos…

En el caso de Europa, y de uno u otro modo, la cultura siempre ha estado “subvencionada”, aunque ése no fuera el término a emplear, y por ello somos herederos de Atenas y la polis, de la Sixtina, los principados alemanes y las grandes colecciones y tesoros reales hoy reconvertidos en museos, como también de quienes hace ya dos mil quinientos años, sin apenas estudios, incluso sin saber leer, elegían una vez al año entre Esquilo, Sófocles y Eurípides, gracias a los cuales hoy disfrutamos de las tragedias griegas sufragadas por la ciudad-estado.

Por eso hay que decir: no todo vale. Porque dirigir es elegir. Si nos rindiésemos a lo comercial daríamos paso a una sociedad más pobre, más simple y más violenta. Además, no es razonable pensar que las estadísticas siempre tienen razón: no es cierto que la cultura aporte tan sólo un 5 por ciento al PIB de un país; aporta algo infinitamente superior, ya que de ella depende nuestro sistema de vida, nuestras creencias y valores, las bases de la civilización y del progreso, que como se ve en la historia de Occidente es producto de ella. ¿Cómo se puede poner precio a eso?

La partida que nos dedicaba el Ministerio de Cultura disminuyó en el pasado ejercicio, antes de los recortes y la crisis, en un 8 por ciento, siendo ministro César Antonio Molina, ex director del Círculo, que sólo nos dedicaba una centésima parte de la del Reina, un dato similar respecto al Real, o una cuarta parte de la del MACBA. Pero aún más grave nos resulta la disminución de las subvenciones de la Comunidad de Madrid, que en poco más de un año han descendido un 35 por ciento. Pero resistiremos, como lo están haciendo, y en algún caso de manera ejemplar, otros grandes centros de cultura. JUAN BARJA (Director del Círculo de Bellas Artes)


El público como razón de ser

Los museos de arte no son rentables. Si pretendieran serlo, su misión fundamental, que es la conservación, estudio y difusión de sus colecciones, podría verse comprometida. No obstante, los museos que en mayor o menor medida dependen de las subvenciones estatales deben procurar reducir su déficit al mínimo. Una fórmula que en el Thyssen ha funcionado con éxito es la colaboración con la Fundación Caja Madrid. Es preciso persuadir a las empresas de la rentabilidad simbólica que puede reportar la asociación con las actividades museísticas.

Ah! El público... El público es nuestra razón de ser; sin él, el museo sería sólo una cámara del tesoro. En nuestra programación siempre cuenta como condición fundamental el interés que un proyecto pueda provocar en el público. El problema de “hasta dónde llegar por el público” no se me ha planteado nunca; nuestro público no espera de nosotros espectáculos deportivos o circenses. Espera brillantes exposiciones monográficas, fascinantes exposiciones temáticas y exquisitas exposiciones de contexto en torno a nuestra colección. Y eso es exactamente lo que vamos a ofrecerle. GUILLERMO SOLANA (Director del Museo Thyssen)


La excesiva subvención castra

Vaya por delante que la cultura bien hecha y que llega a la mayoría de la sociedad siempre es rentable; una sociedad sin cultura es una sociedad muerta a todos los niveles, incluido el económico. Desarrollo cultural y económico rara vez no han ido ligados. Ahora bien, sí es necesario que el mundo de la cultura haga un esfuerzo mayor por ser independiente económicamente. La excesiva política de subvenciones está castrando a la mal llamada industria cultural, porque en la mayoría de los casos no es industria. Lo que no se puede consentir es que el dinero del erario público siga pagando cientos de miles de euros a artistas que en ningún caso obtendrían esas cantidades en taquilla. Hay quien se aprovecha de su condición de artista para abusar de las arcas públicas. Parte de la solución es no reducir las subvenciones públicas a la cultura pero sí evitar que éstas paguen sueldos millonarios a unos pocos. Conclusión: mantener unas subvenciones mejor repartidas y forzar la autofinanciación. PATRICK ALFAYA (Director de la Quincena Musical)


Ni mercantilismo ni privilegios

El problema no reside tanto en que la cultura tenga o no que ser rentable sino en cómo medimos dicha rentabilidad. Si lo hacemos de acuerdo a parámetros meramente económicos, estamos abocados a una cultura al servicio del turismo y la gentrificación urbana. En estos términos la cultura tiene poco que ver con la creación de nuevas formas de conocimiento y se asocia, en cambio, con el consumo. Así vista, la cultura es un mero órgano de propaganda. ésta, a diferencia de la que dominó las dictaduras de los años treinta, ya no intenta convencernos sobre las bondades o no de un determinado régimen, sino que constituye un fin en sí misma: ahora se venden y compran marcas.

La cultura, al igual que la educación y la sanidad, es un derecho inalienable. Todo ciudadano ha de tener acceso a la misma. Ahora bien, una política indiscriminada de ayudas puede ser muy problemática, especialmente cuando confundimos cultura con industrias culturales.

Vivimos en una época de crisis sistémica. Si el paradigma económico centrado en el dinero fácil y la especulación no se sustenta, es también evidente que la cultura basada en el predominio del espectáculo sobre el programa ha dejado de tener sentido y que la necesidad de inventar otros modelos es imperiosa. Y estos deben generarse a través de la reconsideración de la esfera de lo Común, esto es, un espacio que va más allá de lo institucional, y que no es público ni privado, aunque mantiene dimensiones de ambos. MANUEL BORJA-VILLEL (Director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía)


La subvención como herramienta de trabajo

Como responsable de una unidad de producción del Ministerio de Cultura, no tengo aún confirmación del presupuesto del año próximo, aunque trabajamos con una estimación de que los recortes, si los hay, se parecerán a lo que se ha anunciado en diversos medios. En cualquier caso no me parece grave, una buena “cultura” del ahorro puede absorber esa cifra sin especial quebranto. Las cuestiones que aquí se plantean parecen incidir en una suerte de dilema respecto al modo de financiación de la cultura, y con este debate se están colando no pocos sinsentidos, cuando no disparates. Estoy convencido de que la cultura de un país debe ser de la máxima calidad posible, si además es total o parcialmente rentable, mejor. Si no lo es, la necesitamos por igual si no queremos empobrecernos como colectividad. Si en algunos casos se necesitan subvenciones, no veo por qué hay que demonizar ese concepto. ¿Por qué la cultura debe ser más puritana que otros sectores? La subvención es una herramienta de trabajo, y hay que aprender a usarla. El resto son tonterías, demagogia o miedos que, curiosamente, en España son siempre graves cuando se trata de dinero. Hasta que no aprendamos a usar el dinero como un medio, en lugar de entenderlo como una sustancia maléfica o contaminante, no miraremos los problemas de financiación con sensatez. JORGE FERNÁNDEZ GUERRA (Compositor y director del CDMC)


Ayudas e independencia

La cultura es un sector en el que ayudas públicas y privadas y rentabilidad no son incompatibles. Hay proyectos que por su naturaleza van a ser deficitarios desde el punto de vista económico y otros que pueden ser rentables sin atentar ni contra su calidad ni contra su independencia creativa. En el caso de los primeros, los que nunca serán rentables, hay que buscar fórmulas para que lo sean desde el punto de vista social, pedagógico, educativo, patrimonial, etc. ¿Por qué la ópera o ciertas producciones teatrales o musicales que son propias de centros públicos se mantienen en cartel tan poco tiempo, sin que puedan disfrutarlas más espectadores?, ¿por qué en el caso del cine español si hay apoyo a la producción no se contemplan más ayudas a su difusión para que todo lo que recibe ayuda pueda verse? Si hasta la industria del automóvil que ha sido tradicionalmente la INDUSTRIA con mayúsculas, necesita ayudas públicas para subsistir ¿por qué ahora está de moda el discurso de que toda la industria cultural tiene que ser rentable y autosuficiente? ¿Es que los trabajadores de la cultura merecen menos apoyo que los de otros sectores? JOSÉ GUIRAO (Director de La Casa Encendida)


Ni descuentos ni mercadillos

Creo que la cultura siempre es rentable pues proporciona a la sociedad conocimiento y comprensión de la realidad e influye en la calidad de vida. Si de lo que hablamos es de la industria y del comercio cultural, nos encontramos en un momento crítico de cambio que nos obliga a revisar nuestras posiciones y estrategias. Esto es tan interesante como angustioso y requiere dosis de energía y atención difíciles de encontrar en una sociedad tan adormecida como la nuestra. La crisis económica y la modificación de las formas de consumo que produce la sociedad tecnológica están teniendo un efecto devastador sobre los medios habituales de producción cultural. Ello nos obliga a adoptar la vieja fórmula vanguardista de poner en cuestión lo que tenemos para buscar lo que imaginamos, pues detrás de lo que acaba aparecen las señales de lo que viene. Ni descuentos, ni mercadillos de feria pueden dar solución a algo que no tenga valor ni suscite un interés. Promover que esos intereses se encuentren con las propuestas artísticas de una manera crítica puede ser un objetivo de la acción pública. La subvención cultural debería evitar la subsistencia de formas obsoletas de producción. LOLA MORIARTY (Galerista)


Responsabilidad del Estado

Creo que los países se hacen grandes gracias a su dimensión cultural. Es fundamental saber que la cultura no se puede considerar rentable en parámetros solamente económicos. La cultura es la savia de los pueblos y hace falta invertir mucho dinero para hacerla lo más fuerte posible. Sólo así el país podrá desarrollarse en plenitud. Otra cosa es que se consiga que la sociedad civil participe de la manera más intensa posible en todo el desarrollo cultural. Pero, al final, es responsabilidad directa del estado potenciar al máximo sus distintos proyectos culturales.En último término eso es lo que diferencia a un país grande de otro que no lo es. En época de crisis económica, como la actual, los estados tienen que hacer un esfuerzo por apoyar la cultura de forma irrenunciable.Valoro positivamente el esfuerzo habitual del gobierno Zapatero, pero el objetivo sería tender a igualarnos a los presupuestos culturales de países sólidos como Francia y Alemania. XAVIER GÜELL (Director artístico de Musicadhoy y Operadhoy)


Las pequeñas redes, en peligro

La cultura nunca fue rentable y no tiene por qué serlo. Es un bien social del que los gobiernos no pueden desentenderse. Lo que hay que intentar es mantener un equilibrio presupuestario, en el que las instituciones aporten dinero, otra parte salga de la taquilla y conseguir que las empresas privadas se involucren y se conviertan en patrocinadores. Para facilitarlo, las empresas deberían poder beneficiarse de deducciones y desgravaciones fiscales. Si un teatro tiene que vivir exclusivamente de la taquilla, es imposible que se mantenga, y tendría que hacer siempre cosas de bajo nivel y de alta acogida. O disparar el precio de las entradas a favor de un público exquisito, renunciando a una programación equilibrada. El problema de la reducción presupuestaria para la Cultura afecta, sobre todo, a las pequeñas redes culturales. Los teatros con un presupuesto grande tendrán que apretarse el cinturón, pero sobrevivirán. En cambio, ponen en peligro redes e iniciativas culturales que han costado muchísimo trabajo y la energía de muchas personas. Por tener subvenciones públicas no se debería pagar ningún precio. Sería maquiavelismo político que un gobierno se metiese a decidir la programación o fijase que se contrate a determinados profesionales o se programasen determinadas obras. La cultura es libre. Las instituciones deben subvencionar la cultura y los directores de los centros culturales programarla. Así deben funcionar también los patrocinadores. Lo contrario sería una inmoralidad. EMILIO SAGI (Director artístico del Teatro Arriaga de Bilbao)


Descalabro sin precedentes

Es difícil que la mayor parte de las manifestaciones culturales sean económicamente rentables. En materia de espectáculos y exposiciones, el precio de venta de las entradas debería elevarse tanto para cubrir los gastos que su disfrute pasaría a ser un privilegio social. Hay que concebir la rentabilidad en otros términos: educativos, formativos, ciudadanos. Incluso políticos, de prestigio. Las cuestiones de fondo son: ¿qué importancia otorgamos a las artes en esta sociedad? y ¿se puede cuestionar que el acceso a la cultura es un derecho de los ciudadanos y es responsabilidad de las administraciones públicas? Claro que éstas deben financiar las actividades culturales. Y deben hacerlo no persiguiendo el menor gasto sino la mayor calidad. Para que haya un gran nivel cultural en un país debe existir un tejido de base fuerte. Eso significa que hay que ayudar a los creadores, a las escuelas, a los centros de producción, a las pequeñas y medianas empresas culturales... Estaremos subvencionando producciones que no siempre son excelentes pero estaremos asegurando el futuro. Los recortes actuales van a significar, para las artes plásticas, un descalabro sin precedentes. En los países anglosajones existen desde hace años grupos o asociaciones que desarrollan campañas de lo que se conoce como “Arts Advocacy”. Es triste que haya que abogar por las artes, pero ha llegado el momento en que los amantes de unas y otras manifestaciones culturales, y somos muchísimos, vamos a tener que hacernos oír. ELENA VOZMEDIANO (Presidenta del Instituto de Arte Contemporáneo y crítica de arte)


Estricto control del erario público

El auténtico debate sería a la inversa, esto es: ¿es rentable invertir en cultura? Y a esa pregunta respondo de forma absolutamente afirmativa, sería lo mismo que poner en duda si es rentable invertir en educación o en sanidad. La cultura necesita inversiones públicas para que pueda existir. Sin estas aportaciones que han de cubrir aquellas necesidades que la actividad privada no puede asumir el panorama cultural de un país se empobrecería enormemente de forma general y en muchas de sus facetas desaparecería por completo. Por ello mi apuesta es por un fuerte apoyo institucional hacia las diferentes manifestaciones culturales pero, eso sí, con un estricto control sobre las aportaciones económicas que proceden del erario público, esto es, de todos los ciudadanos. ENRIQUE GONZÁLEZ MACHO (Distribuidor, productor y exhibidor)


Siempre hay un precio que pagar

Si simplificamos mucho, veremos que hay un modelo de financiación anglosajón, donde son las empresas y donaciones de particulares más los ingresos por venta de entradas los que sostienen el grueso de la actividad cultural de instituciones públicas y privadas, y un modelo de financiación europeo o latino en el que es el Estado quien se encarga de financiar casi el 100% de las instituciones públicas y un gran número de iniciativas privadas. Lo ideal es un sistema a medio camino, pero es muy complejo implantarlo porque hay que establecer criterios no sólo cuantitativos sino cualitativos, de rentabilidad y pertinencia.

Si te pagan, siempre hay un precio a pagar…. ¿o no? ¿Alguien puede demostrar que es más independiente una producción pagada con dinero público que con dinero privado ? Se pueden mirar iniciativas como el UBS Long Weekend de la Tate (la Tate es privada, y UBS un banco…), con programaciones impecables que cualquier centro cultural público del mundo quisiera reclamar para sí…? En un mundo ideal los patrocinadores públicos y privados estarían dispuestos a pagar por asociar su marca a una programación tan interesante. Otro concepto que se ha perdido en nuestro ámbito es el de pagar por la cultura. La culpa es NUESTRA, de la gente de la cultura. O ponemos en valor lo que hacemos, o empezamos a hablar del dinero y el empleo que esto genera, o va a dejar de generarlo. Hay una cultura muy extendida de “Tú me pagas y yo te pongo el logo”. Hay que acabar con eso. La escuela que más admiro es la del Arts and Business británico. No digo que haya que hacer lo mismo, pero tenemos un futuro brillante en patrocinio cultural y marketing, si nos ponemos. IMMA TURBAU (Directora de Casa de América


La sobriedad es buena amiga

Las reducciones de presupuesto, las vacas flacas, los tiempos de inflexión hacen temblar a quienes carecen de talento. Sin embargo, las épocas de escasez nunca han sido las peores para desarrollar la imaginación entre artistas verdaderos. El problema surge normalmente en épocas de vacas gordas: ahí es dónde se enmascaran las deficiencias a golpe de talón, son momentos de grandes despliegues de inanidades que apabullan a los públicos menos exigentes. De esto hemos aprendido mucho estos últimos años. En cultura la sobriedad es buena amiga. No es asunto de desproteger o de mirar a otro lado, sino de medir y aprender a elegir proyectos, a comprar calidad y, sobre todo, a aprender a gastarse el dinero. Propongo que ese 11 % menos a Cultura sea aprovechado para aumentar el presupuesto de Educación, concretamente para que el Ministerio lo dedique a la formación de espectadores. Ahí está la piedra de toque, y no en el lamento continuo de que falta presupuesto para cultura. FERNANDO PALACIOS (Director de Radio Clásica)


Buenas cosas para cuantos más, mejor

La crisis es una pesadez. Se ha convertido en un argumento, una coartada... sirve para todo. En La Fábrica llevamos 15 años poniendo en marcha proyectos culturales. Y desde el principio lo hemos hecho defendiendo que, además de dinero público hay que movilizar dinero privado para la cultura. Creemos en la colaboración entre lo público y lo privado y llevamos ya bastante tiempo comprobando que no sólo es posible, sino que es necesario y funciona.

La cultura no se puede medir por su rentabilidad económica; es mucho más. Forma parte de nuestro proyecto y de nuestra realidad de país. Nos une, nos hace mejores. Es un bien social. Por eso tiene sentido que el Estado, las comunidades, los ayuntamientos, pero también las fundaciones , las empresas, los mecenas... se impliquen en la cultura.

Los gestores tienen la obligación de hacer llegar la cultura al ciudadano ; de despertar su interés. Pero también, de tener una filosofía, un proyecto, creer en determinadas cosas y luchar por ellas. El éxito de la cultura no se puede medir con los mismos ratios que los programas de televisión: el prime time, la sal gorda, el escándalo... Nada de eso. Estamos en contra de las tonterías.

En La Fábrica trabajamos con la obsesión de que los proyectos de calidad -los festivales, las exposiciones, los libros...- lleguen al público. ésa es nuestra obligación. Pero no creemos que para conseguirlo haya que hacer proyectos de mala calidad o hacerlos mal. Al contrario: la fórmula es hacer muy buenas cosas para cuantos más, mejor. Eso es lo que nos anima a trabajar.

El presupuesto de La Fábrica en 2009 es de 8.5 millones de euros. Este año, las 60 personas de nuestro equipo han trabajado mucho para seguir haciendo cosas. El resultado es que en un año muy difícil, vamos a bajar la facturación únicamente un 7.2 por ciento de nuestro presupuesto. Naturalmente, la sangría ha sido enorme para la cuenta de resultados. Pero nuestro principal objetivo era mantener bien las actividades. 2010 parece el fin del mundo, pero creo que tenemos que intentar que no lo sea, y nuestro presupuesto (que todavía no tenemos cerrado) intentará acercarse al de este año. En cuanto al porcentaje de inversión pública que tenemos en nuestro presupuesto, no llega al 20 por ciento. ALBERTO ANAUT (Director de LA FÁBRICA)


Un proceso de prueba y error

Buscarle una rentabilidad determinada a la cultura no es muy cultural. Esto es un proceso de prueba y error, y, a veces, sencillamente los resultados no valen para nada, son un fracaso. Ni tan poco vale el éxito. Pero Creonte tiene que gobernar, y tomar decisiones y hacer rentable la inversión. (Cada vez que gobierna un filósofo la cosa termina en desastre) Así que bajamos en picado y, muy a ras de suelo, contestamos que no se trata tanto de cuánto baja o sube un presupuesto anual (hay inversiones, como los espacios públicos, que son a largo plazo) sino cómo se aplica la asignación de recursos. Por ejemplo, el presupuesto anual del Fondo de Cinematografía equivale al presupuesto anual del Museo Reina Sofía. Lo primero suele ser muy criticado, lo segundo ni siquiera se debate en los medios. Se acepta mejor el gasto si se aplica al patrimonio, si se emplea en crearlo, se acepta menos. Picasso y Buñuel tuvieron que hacer sus obras fuera de España. Hoy ya son patrimonio y se celebran sus centenarios con gran pompa y regocijo de sus herederos. MANUEL GUTIÉRREZ ARAGÓN (Director de cine y escritor)


Ayudas que frenan el desarrollo

Desde un punto de vista económico, no cabe duda de que el sector cultural debería estar en constante renovación aunando esfuerzos para mejorar la oferta y atraer al público gracias a la calidad. Es indispensable para mantener su independencia y para garantizar la calidad por encima de cualquier otro criterio. Respecto a las industrias culturales no creo acertada la dinámica de subvenciones que se ha desarrollado en nuestro país; ayudas que en campos como el arte o la moda han frenado su correcto desarrollo y su competencia en la escena internacional. En el caso de las ferias de Arte Contemporáneo como el caso de ARCOmadrid, rentabilizar este evento cultural propiciando una plataforma de mercado que genere negocio e intercambios, así como apoyar el papel difusor que ejercen las galerías es nuestro principal objetivo. En cuanto a la labor del gobierno y las instituciones, son imprescindibles para el desarrollo competitivo de un país y, muy especialmente, para la democratización de las artes. Su papel de apoyo y promoción debería servir para velar por un patrimonio que nos resume a todos y además para fomentar la iniciativa privada. LOURDES FERNÁNDEZ (Directora de ARCOmadrid)


El público lo crea la propia obra

Tengo la impresión de que la cultura sí es rentable. Aunque probablemente pedirle una rentabilidad inmediata es como pedírselo a la ciencia, a la investigación o a la educación. Tengo la impresión de que el público, en cierta medida, lo crea la propia obra. Hay ciertas posibilidades de que un espectador que escucha a Shakespeare, engulla una buena porción de necedades unas horas más tarde. Hay determinadas obras que tienden a eclipsar todo atisbo de inteligencia y otras que nos desafían. El límite -la responsabilidad- lo pone cada contador de historias. La cultura tiene que ser protegida, mimada, porque el riesgo de convertirnos en un ejército de zombies no es pequeño, y la aventura de un individuo -un artista- explorando la realidad nos preserva en cierta medida de ello. Los riesgos son obvios. A veces, sin duda, podríamos emplear los recursos disponibles con mayor eficacia. ANTONIO ÁLAMO (Escritor y director del teatro Lope de Vega de Sevilla)


¿Por qué ser rentables?

Hay sectores culturales que son muy rentables, por ejemplo, los ingleses han hecho de determinado género teatral un gran éxito, pero no toda la cultura es rentable y, además, por qué tiene que serlo. Yo no creo que esa deba ser la filosofía. Lo que ha ocurrido en estos años atrás es que las instituciones dependientes del Estado no se han preocupado de buscar fondos distintos a los percibidos vía Adminsitraciones, ni siquiera de plantearse una autonomía de gestión. Hoy, se habla de crisis, de reducción bestial de los presupuestos culturales pero yo me pregunto por qué nadie cuestiona las subvenciones que se dan a los clubs de fútbol en crisis, o los miles y miles de millones que se han destinado al Plan E. Esto ¿cómo se come? Para nosotros, los del teatro, la crisis nos afecta directamente, por la dependencia que tenemos de los ayuntamientos. Qué van a hacer los municipios con las miles y miles de instalaciones que tienen a su cargo, pero sin dinero para mantenerlas. Pienso que deberían plantearse un contrataque, porque los artistas somos demasiado ácratas para hacerlo. ANDREA D'ODORICO (Escenógrafo y productor de teatro)
fuente:elcultural.es

19.11.09

Rescate de un Perec olvidado

NOVEDAD DEL AUTOR DE ‘LA VIDA INSTRUCCIONES DE USO’

Una editorial segoviana, La Uña Rota, publica un inédito del escritor francés cuya existencia descubrió en el 2007 y que había pasado desapercibida para Hachette, dueña de los derechos

Nadie discutirá que es un hecho insólito que una pequeña editorial independiente de Segovia, La Uña Rota, descubra un texto inédito de Georges Perec (1936-1982) que había pasado desapercibido incluso a la propietaria de los derechos de la obra del escritor parisino, la poderosa editorial francesa Hachette. Pero así ocurrió en septiembre del 2007, cuando el traductor y experto perequiano Pablo Moíño halló pistas de la existencia de El arte de abordar a su jefe de servicio para pedirle un aumento, un texto de Perec que solo había visto la luz una vez, en 1968, en el número 4 de la prácticamente desconocida revista L’Enseignement programmé, y que el próximo día 23 llegará por primera vez a las librerías españolas en un volumen junto a otra obra de Perec inédita en España, El aumento.
Esta pequeña joya de extenso título es «un larguísimo ejercicio de estilo», escribe Moíño en un documentado posfacio, donde el lector «corre el peligro de quedarse sin aliento», ya que está escrito en una sola frase sin signos de puntuación y el original ocupaba 22 páginas, a dos columnas a letra pequeña. Es una muestra del aprovechamiento de las posibilidades del lenguaje que experimentaba el grupo literario de Perec, el Oulipo, que Raymond Queneau fundó en 1960.
«Tenemos que agradecer a Carlos Rodríguez [editor de La Uña Rota] que nos orientara hacia un texto que todo el mundo había olvidado», expresa desde París Virginie Rouxel, responsable de los derechos extranjeros de Hachette. La historia de la recuperación de El arte de abordar a... empezó «cuando buscábamos material para enriquecer la edición de la obra de teatro El aumento, que íbamos a publicar traducida por Moíño», recuerda Rodríguez. Este texto, pese a haber sido llevado a escena en catalán por Sergi Belbel en los años 80, y después en castellano, no se había publicado aún en España.
«Consultando unos libros de conferencias de Perec comprados en París –prosigue Moíño– encontré una referencia a que El aumento tenía su origen en un texto en prosa publicado en una revista pedagógica cuya búsqueda en bibliotecas españolas y francesas acabó sin éxito». Hachette la había coeditado pero ni ellos la tenían en sus archivos. Al final pidieron a un amigo que viajaba a París que se acercara a la Association Perec (que solo abre los jueves de 13 a 16 horas y a la que se accede por un lateral de la Bibliothèque de l’Arsenal) y comprobara si estaba allí. El resultado fue positivo.
Rodríguez pidió a Hachette los derechos y eso alertó a Rouxel, que acudió a la misma asociación. «Allí descubrí un texto increíble y divertido y la casualidad hizo que fuera justo a los 40 años de su publicación –explica Rouxel–. Enseguida vi que teníamos que publicarlo en forma de libro pero antes hubo que convencer a la anciana heredera, una prima de Perec muy respetuosa con su obra, que desde su muerte se ha negado a publicar ningún escrito nuevo. Solo lo autorizó porque ya se había publicado, aunque fuera en una revista».
Como no podía ser de otra forma Hachette publicó el libro primero. Salió hace justo un año en Francia, y llevan vendidos 30.000 ejemplares. «Para nosotros fue un evento, la prensa hizo un seguimiento impresionante ya que no se había editado ningún texto de Perec tras su muerte. Hemos vendido los derechos a 15 países, a grandes editoriales, pero por supuesto para España accedimos a que lo publicara La Uña Rota, aunque fuera una editorial pequeña. Son los únicos que lo sacarán en un volumen junto con el texto de teatro», asegura Rouxel.
Original juego literario
En El arte de..., Perec, como contaba él mismo en una carta a su amigo Maurice Nadeau, desarrolla «linealmente un organigrama», reproducido en el libro, en el que va agotando todas las «hipótesis, alternativas y decisiones» posibles con que se encuentra un empleado que quiere pedir un aumento de sueldo. Así, el empleado puede encontrar o no al sr. X en su despacho, esperarlo o volver mañana... Según Rouxel, «es un juego literario tratado con mucho humor y originalidad. Aunque es un tema escrito en los 60, no envejece. La prueba es que El aumento, la versión teatral, sigue representándose hoy».
Y también se continúan reeditando obras suyas. Por ejemplo, en los últimos meses, Impedimenta ha publicado Un hombre que duerme y Lo infraordinario y Alpha Decay, ¿Qué pequeño ciclomotor de manillar cromado en el fondo del patio?
fuente: elperiodico.com

La pelea de Millás con las palabras

El autor de El mundo desgrana sus traumas lingüísticos en la Biblioteca Nacional de España

Juan José Millás, fotografiado ayer ante la Biblioteca Nacional.- CRISTÓBAL MANUEL
Uno dice Millás y ve un tipo friolero, embotado en un abrigo de cuero negro encima de una americana gris, con gafas metálicas, cubierto también de parsimonia y retranca que probablemente se pregunte a menudo: "¿Por qué si soy un hombre hecho y derecho no me llamo Millós?". La relación de un escritor con las palabras no es sana. Es, por definición, conflictiva, cuando no traumática o directamente de diván, como es el caso de Millás. Así lo percibió el público -más de 200 personas- que abarrotaba y se desternillaba ayer en el salón de actos de la Biblioteca Nacional, donde el autor de El mundo dio rienda suelta a su terror y su perplejidad ante el lenguaje, dentro de un ciclo dedicado a los Premios Nacionales.

El amigo Millás sale a escena como en un monólogo y dicta una lección de comedia a lo Woody Allen, con gotas de Groucho Marx y aires de diccionario secreto en plan José Luis Coll o de greguería de Ramón Gómez de la Serna. De hecho, está trabajando con Juan Diego en una adaptación teatral de lo que leyó ayer. Con complejo de Edipo y sexo incluidos. "Las palabras nos hacen y nos deshacen. Tienen un significado dentro de ti y otro fuera", afirmaba Millás. "Los diccionarios se refieren al término 'vagina' como un conducto de paredes membranosas que en las hembras de los mamíferos se extiende desde la vulva hasta el útero. Pero si la vagina no fuese más que eso: qué interés, por Dios, íbamos a tener los hombres en meternos en ellas y con la desesperación que lo hacemos, como si nos fuera la vida en ello".

Su desconcierto viene de lejos. La suya fue una infancia complicada, que aterraba a su madre por las rarezas del angelito. Ya lo ha narrado en esa joya autobiográfica que es El mundo. Ayer se extendió. "De pequeño no comprendía por qué mis hermanas, siendo chicas, comían garbanzos y no garbanzas y por qué a los chicos nos daban remolacha en lugar de remolacho. De hecho había colegios de chicos y de chicas pero los de ellas no se llamaban colegias". Así comenzó el conflicto. También el pavor de su madre al conocer sus curiosidades y su preocupación: "No le digas nada a nadie que ya lo arreglo yo", le contestó.

Según fue creciendo comprobó que todo seguía patas arriba en ese aspecto. Que el hecho de que existieran personas sin personalidad podría implicar que también se dieran casos de mesas sin mesalidad o sartenes sin sartenidad. Lo primero es la definición de amorfo que le dio su padre: "Una persona sin personalidad". Cuando el chaval le planteó su duda con otros objetos, el hombre le contestó: "¿Tú eres idiota o qué?".

Con todo, y a la vista de que no encuentra respuestas en los diccionarios, ni en la lógica implantada por las cosas, Millás ha comenzado a definir el suyo propio. Va por la "a". De Avemaría, por ejemplo: "Una oración con la que nos castigaban por masturbarnos sin advertir que al darle ese uso punitivo (maravillosa expresión) la contaminaban de nuestra impureza. Muchos de mi generación no pueden hoy masturbarse sin rezar ni rezar sin masturbarse".

Las palabras encierran muchísimos peligros, según Millás. "Una vez mi hijo me preguntó qué quería decir 'efímero", relató ayer el escritor. "¿De dónde has sacado esa palabra?", le preguntó en tono un tanto amenazante su padre. "No me lo quería decir. Le presioné. 'De un libro', dijo al fin. '¿Qué clase de libro?', insistí. No me gustaba que fuera recogiendo palabras por ahí, de cualquier sitio. Las palabras están llenas de infecciones. Una vez contagiado, caen sobre ti las enfermedades oportunistas (las frases oportunistas, cabe decir) y estás perdido. '¿La vida es efímera?', preguntó entonces y comprendí que había sacado la palabra de donde no debía".

Las palabras definen un mundo que no puede ser consensuado. Cuando un escritor sabe esto, comprende el conflicto que llevan preñado en su seno, está condenado a desentrañar el misterio. Millás lo supo pronto. Como también comprendió que los vocablos no sólo contienen definiciones: "Que tienen sabor, textura, volumen, que las hay imposibles de tragar, como el aceite de ricino y las que entran sin sentir, como un licor dulce. Las que curaban y las que hacían daño, las que dormían y las que despertaban. Las que proporcionaban inquietud y paz. Había palabras, incluso, que mataban".

fuente: elpais.com