11.3.10

Entrevista inédita e insólita a Eduardo Caballero Calderón

En 1966, el autor de esta nota envió un cuestionario al gran escritor cuyo centenario natal se celebra este mes. Caballero lo respondió, pero había permanecido engavetado hasta ahora
fOTO: Obra de Luis Caballero.fUENTE:Credencial

En aquel tiempo -mediados de los años sesenta- quien esto escribe (QEE) era consagrado lector y admirador de la obra de Eduardo Caballero Calderón (ECC). Aún lo soy, pero ocurre que aquel tiempo era la década dorada de ECC y ahora, en cambio, estamos celebrando el centenario de su nacimiento el 6 de marzo. En 1962 había publicado Manuel Pacho, un relato que contó con el definitivo aval de la censura del rector del colegio donde yo estudiaba y donde había estudiado ECC medio siglo antes (el rector era tío del novelista, por si acaso); en 1964 habían salido a la luz sus deliciosas Memorias infantiles; y en 1965 había ganado el Premio Nadal con El Buen Salvaje, una historia de picaresca posmoderna escrita en primera persona -como corresponde al género- que recoge las tribulaciones parisinas de un estudiante colombiano siempre a punto de convertirse en escritor.

Estos tres libros publicados en aquel tiempo se sumaban a algunas de las mejores prosas escritas en Colombia, mezcla de ensayo, crónica y memorias -Ancha es Castilla, Tipacoque y Diario de Tipacoque- y a dos obras fundamentales en el género nacional de la Novela de Violencia Partidista y Germen del Conflicto Social: El cristo de espaldas (1952) y Siervo sin tierra (1954).

QEE empezaba en aquel tiempo a trabajar como reportero de El Tiempo y se empecinó en buscar una entrevista con Caballero Calderón. A raíz del éxito de El Buen Salvaje a ECC lo habían entrevistado repetidamente en los últimos meses, pero QEE estaba interesado en una entrevista distinta, mezcla de preguntas ligeras e inesperadas que exploraran el reconocido ingenio del personaje, preguntas que propusieran un tema para explayarse y preguntas de mayor calado que explotaran su vena de ensayista. Eso, al menos, era lo que pretendía QEE, dispuesto a revolucionar el periodismo. Imbuido del espíritu tenaz y ambicioso del pichón de reportero, conseguí la dirección de ECC, que en aquel tiempo era diplomático colombiano ante una agencia internacional, y le envié a la dirección pertinente (49, Rue de Courcelles, París, VIII, Francia) un cuestionario cincelado con primor de relojero suizo.

Corría marzo de 1966, y por fin, al cabo de un mes y pico, llegó el sobre de París cuyo origen postal era la Delegación de Colombia ante la Unesco. Tardé menos en desilusionarme que en abrirlo. En apenas una página y 326 palabras (cinco Padrenuestros y medio), ECC salía de mi cuestionario con una mezcla de desdén, soberbia y mala leche que fueron para QEE su primer nocáut como periodista. Con el curso de los años, uno aprende en esta profesión a desencantarse, a perseverar, a besar la lona, a levantarse y a calzar los guantes de nuevo. Pero aquella entrevista era el primer costalazo y dolió mucho.

Releída después de 44 años, la cosa no parece tan grave, el cuestionario no parece tan malo, las respuestas no parecen tan groseras (algunas eran francamente interesantes) y la entrevista merece publicarse por lo que revelaba sin proponérselo, más que por lo que ECC contestaba. Pero el espejo se había roto y QEE decidió, erguido en su orgullo de los veinte años, que si el personaje que tanto admiraba lo trataba a patadas en sus respuestas, él aún podía ejercer el pequeño poder de no publicarlas nunca. Que se jodiera ECC.

Así fue como guardé durante casi medio siglo mis veintiuna preguntas a ECC y sus veintiuna respuestas. Pero al cumplirse el centenario de su nacimiento, QEE quiso hacer un homenaje a uno de los autores que mejores ratos le ha ofrecido con sus libros y entonces rebuscó la entrevista entre sus archivos y la ofrece aquí, tal como la respondió ECC el 18 de abril de 1966 antes de firmarla con el autógrafo que aparece transcrito. Y sin la mínima cortesía de despedirse.

QEE- ¿Cuál es el libro que más ha influido en usted?

ECC- Los libros que han influido en mí de acuerdo con las distintas épocas: de niño, el Pinocchio de Collodi, que fue el primero que leí de un tirón; poco más tarde, los cuentos de Perrault; de adolescente, Julio Verne; en los años finales del colegio, el Quijote; en mi primera juventud, A la recherche du temps perdus, de Proust. Después, otros muchos han tenido influencia sobre mí, a veces una influencia perdurable, como Tolstoi y Dostoievsky, las hermanas Brönte, etc.

QEE- ¿Cuál es el libro suyo que más le gusta?

ECC- Manuel Pacho.

QEE- ¿Qué opina sobre El Buen Salvaje?

ECC- Me parece, con su perdón, inoportuna la pregunta sobre un libro que acabo de escribir.

QEE- Si fuera Presidente de Colombia, ¿qué cargo le daría a Gonzalo Arango (con quien en aquel tiempo sostenía una polémica)?

ECC- No me interesa la pregunta.

QEE- ¿Cree que existe una Novela colombiana?

ECC- ¿Usted no cree? Yo me limito a escribirlas, como muchos compatriotas míos.

QEE- El día que se decrete destruir todas las obras musicales del mundo excepto una, ¿cuál salvaría usted?

ECC- Es una pregunta para revista de modas.

QEE- ¿Qué prefiere entre un libro de Rafael Pombo y una corrida de toros?

ECC- Es una pregunta para revista de peluquería.

QEE- Entre el ensayo y la novela, ¿cuál es su favorito?

ECC- El ensayo.

QEE- ¿Por qué no ha escrito poesía?

ECC- Porque no soy poeta.

QEE- ¿Cuál era su actividad preferida cuando niño?

ECC- Leer; ahora, escribir.

QEE- ¿Qué fue de Siervo Joya?

ECC- Ahora anda caminando en ruso por tierras comunistas, y a fin de este año comenzará a caminar en Francia y en francés.

QEE- ¿Qué país prefiere para vivir?

ECC- El mío; y, dentro del mío, Boyacá; y, dentro de Boyacá, Tipacoque.

QEE- ¿Cuál es, a su juicio, el personaje más importante en la historia del mundo?

ECC- Jesucristo.

QEE- ¿Y el que más admira en la historia de Colombia?

ECC- Bolívar.

QEE- ¿Cuál es el gremio que estima menos

ECC- Nunca me he detenido a pensarlo.

QEE- ¿Cuál es el escritor que detesta con mayor cordialidad?


ECC- Hay escritores a quienes leo, otros a quienes todavía no he leído y otros a quienes ni leo, ni he leído, ni me interesaría leer. Eso es todo.

QEE- ¿Sobre qué le gustaría escribir?


ECC- Sobre la mística, que es una tercera forma de conocimiento: un conocimiento que no se basa en el raciocinio, como las matemáticas, ni tampoco en la experiencia, como las ciencias naturales. Me gustaría escribir la autobiografía, no la biografía de Santa Teresa de Jesús, pero no me atrevo.

QEE- ¿Qué está escribiendo actualmente?


ECC- Nada. En los últimos cuatro años he escrito tres libros (Manuel Pacho, Memorias infantiles y El Buen Salvaje) y ahora necesito descansar.

QEE- ¿Qué fue del movimiento revolucionario que fundó hace muchos años con Eduardo Carranza?


ECC- Se acabó por falta de adherentes y no de ideas. En cambio, al ex dictador Rojas Pinilla le sobran los primeros y le faltan las últimas.

QEE- ¿Le gustaría ser el primer terrícola que llegue a la Luna?


ECC- La Luna dejó de interesarme aún como poesía.

QEE- ¿Qué opina de la Academia de la Lengua

ECC- A mí me eligieron académico hace 20 años y me sentí muy honrado. ¿A usted le gustaría que lo eligieran?

EPÍLOGO

Unos años después de esta entrevista frustrada, que yo siempre recordé como una piedra en el zapato y a ECC seguramente se le olvidó cinco minutos después de meter el papel en el sobre, conocí personalmente al personaje. Había regresado de París y se vinculaba de nuevo como columnista de El Tiempo bajo el seudónimo de Swann. QEE había sido promovido al cargo de asistente del director y, como tal, disponía de una pequeña oficina al lado del despacho del inolvidable Roberto García-Peña.

Muchos de los colaboradores del periódico que pasaban a saludar a García-Peña hacían una pequeña escala en mi oficina. Entre ellos estaba ECC. Resultó ser distinto a lo que había mostrado en la entrevista: mucho más cordial, mucho más ocurrente, mucho más gracioso. García-Peña le tenía franco aprecio y lo llamaba irónicamente "el Rápido", porque cojeaba. Nunca QEE le mencionó la famosa (sólo para mí) entrevista. Muchas veces charlé con ECC. Me tomaba el pelo aludiendo a tíos míos que habían sido sus condiscípulos y proveía noticias de su hijo Antonio, mi amigo desde los tiempos escolares. Conservo algunos libros de ECC que me regaló y dedicó. Acudí varias veces a las tardes de salón abierto en su apartamento de Residencias El Nogal, donde se hablaba de literatura y política. Y en 1969, cuando lo nombraron primer alcalde de Tipacoque, me invitó especialmente a la gran ceremonia que iba a celebrarse en aquella hacienda matriculada en los mitos literarios de QEE. Allí compartí cuarto y desvelos con mi maestro, Lucas Caballero Calderón, Klim. Cubrí la noticia para El Tiempo y le hice una larga entrevista a ECC.Ocho años después él y su primo Enrique Caballero Escovar, un estupendo escritor y un cachaco adorable, se retiraron de El Tiempo cuando de sus páginas salió Klim, censurado. Lo vi menos entoncesAl morir ECC, en 1993, QEE ya vivía en una tierra que aprendió a querer, antes que todo, en sus libros. "Porque -decía ECC- lo mejor del mundo es España, y España es Castilla, y ancha es Castilla".

Por Daniel Samper